Corrupción

El conflicto moral del ayer y del hoy

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Hace pocos días me enteré que en la ciudad de Santiago de Veraguas habían unas alcancías de la Campaña Arquidiosesana lanzadas en un matorral, lo que fue motivo de asombro en esa comunidad creyente dentro del catolicismo y, además, influida por su cultura ancestral.

Mueve a meditación el hallazgo de dichas alcancías ya que, a mi juicio, en el fondo del hecho inédito se vislumbra un descontento de nuestra sociedad, la más azotada por los incontables problemas económicos de los cuales, naturalmente, se deriva una miseria moral que en lo político se traduce en constantes engaños y promesas innumerables de los opositores para llegar al poder, y en cada turno cometer actos de corrupción para el fortalecimiento de su potentado económico, es decir, el atraco al erario público.

Digo entonces que el ayer y el hoy, en la política de los dueños del actual sistema que vivimos, mientras no se supere la conciencia de nuestro pueblo, el círculo vicioso del poder será el mismo en que los tribunales de justicia siempre dejarán libre sin pagar un día de cárcel a los corruptos de cuello blanco.

En un país como el nuestro en que la inseguridad de toda índole es notoria, y los crímenes que se producen casi nunca son esclarecidos, las autoridades se contentan con decirle a los medios de comunicación que son problemas del “pandillerismo”. Cuando hay desaparecidos y son localizados, darán excusas baladíes sobre los asesinados y el público informado quedará en la nebulosa.

Todo este panorama de crisis en nuestro país debe llamar a la reflexión a nuestra población, para que con mayor conciencia moral pueda lograr por los medios pacíficos que consiente la Constitución y demás leyes, incluyendo las electorales, para darle el adiós definitivo a los políticos corruptos atrincherados en los partidos tradicionales. Los conservadores y liberales, que se repartieron desde la independencia el poder económico y político.

El reciente gobierno que feneció se distinguió por sus rezadores que llevaban en la mochila los principios que habían aprendido del Opus Dei que surgió durante el tiempo del dictador Franco en España. Su creador, un obispo amparado por el sanguinario tirano, tuvo el privilegio de ser canonizado al pasar en la fila, de la cola, por encima de otros, a la cabeza. No creo que esté en la gloria del Señor, y podemos imaginar el sitio destinado por Dios a todos los dictadores que la historia registra en tiempos pasados, presentes y futuros. De esa mala fibra moral, no podemos tener los ejemplos que el país necesita para salir de la crisis.

El autor es abogado y periodista 

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