Institucionalidad

Reingeniería electoral

Temas:

Extraña noción tiene el Tribunal Electoral sobre transparencia y rendición de cuentas. Una hora y media esperé en el teléfono, el viernes 24 de mayo, a que funcionarios de ese organismo suministraran la adjudicación oficial de escaños por partido en la Asamblea Nacional, a partir de las proclamaciones realizadas días atrás por el propio tribunal.

Este y otros datos no están en el portal electrónico de la entidad, desorganizado e incompleto. Pareciera haber sido diseñado para que no pueda accederse a información a la que tiene derecho la ciudadanía. Con su presupuesto multimillonario, el tribunal bien podría contratar un equipo idóneo para su portal, capaz de poner a disposición del público datos electorales completos, veraces y fácilmente accesibles.

Los funcionarios del tribunal actúan como si fuesen ellos —y no los ciudadanos— los dueños de las elecciones, los votos emitidos y los procesos electorales. Apelando a explicaciones absurdas —como que no todos los informes de gastos han sido recibidos, o que hay impugnaciones en proceso— el Tribunal Electoral niega a la ciudadanía su derecho a saber a quiénes ha proclamado oficialmente como diputados electos y a conocer con certeza cómo estaría configurada la próxima Asamblea Nacional sobre la base de lo que el propio tribunal ya ha dispuesto preliminarmente.

A pesar de esta y otras actuaciones deplorables, ese organismo cómplice de la corrupción que es Antai sigue gratificando al Tribunal Electoral con altos puntajes por “transparencia en los sitios web” ( https://www.antai.gob.pa/informe-de-evaluacion-de-monitoreo-enero-2019/). Asinus asinum fricat.

Antai, entre otras organizaciones del Estado panameño, pretende seguir promoviendo el mito de la supuesta integridad, imparcialidad e idoneidad de una entidad que constituye el mayor obstáculo a la democratización del país y el principal baluarte de la partidocracia que nos desgobierna desde que se derrumbó la dictadura militar.

La renuencia a divulgar información pública es solo una de las razones que sustentan lo afirmado. En el más reciente proceso electoral, el Tribunal Electoral ha tenido actuaciones que atentan contra la institucionalidad democrática. Sus decretos antidemocráticos, sus exigencias infundadas y su arbitrariedad terminaron de desvirtuar la carrera independiente, válvula de escape de la ciudadanía ante un sistema asfixiante por su corrupción y su negación del derecho a la participación política.

Mientras que redujeron esa carrera a una rebatiña por firmas, a los partidos y sus candidatos les permitieron practicar todas las malas artes—como las llamaría James Madison—que estos, desde tiempo inmemorial, aplican a las campañas. El clientelismo, la compra de votos y los abusos de toda magnitud estuvieron tan a la orden del día como los mejores tiempos del noriegato.

Tal cual lo observó el sociólogo Olmedo Beluche, en las votaciones para diputados, alcaldes y representantes se evidenció “toda clase de malos manejos, manipulaciones hasta violencia en torno a los centros de votación y juntas circuitales. Desde días antes hubo denuncias de clientelismo con ‘regalos’ de dinero, bolsas de comida y materiales de construcción, que son tradicionales en la política panameña” (Rebelión, 18 de mayo, https://www.rebelion.org/noticia.php?id=256109).

El cómputo de los votos y la definición de vencedores, particularmente en los comicios para diputados en circuitos plurinominales, han sido más burdos que nunca. Algunos triunfadores han sido proclamados con base en cálculos erróneos y en una mala aplicación de las disposiciones concernientes al “residuo” (de por sí, mal codificado en la ley electoral).

De esa manera, elementos nefastos, de pésima trayectoria y ejecutorias delincuenciales, se han metido a la Asamblea por la puerta trasera. Ante las justificadas quejas ciudadanas, que al menos en Bocas del Toro generaron una movilización popular, el Tribunal Electoral responde que el conteo de los votos corresponde a las juntas de escrutinio, no a la entidad. Pero, ¿quién designa las juntas de escrutinio?

Si algo han dejado en claro los comicios de este año es la urgente, apremiante e inaplazable necesidad de una reingeniería electoral. No es aceptable que a partir de una inadecuada legislación electoral, una mala conformación del organismo a cargo de las elecciones y una controvertida actuación del Tribunal Electoral, nuestro derecho básico, fundamental y esencial a gobernarnos a través de representantes legítimamente escogidos por la ciudadanía, se vea comprometido de una manera tan tosca y chabacana. Manos a la obra.

El autor es politólogo e historiador y dirige la Maestría en Relaciones Internacionales en Florida State University, Panamá

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

¿Aún no eres suscriptor de La Prensa?

Elija plan de suscripción

Aquí usted podrá elegir uno de nuestros planes de suscripción y disfrutar de los beneficios que le ofrecemos.

Elegir plan