Narcotráfico

Confesiones de un informante de la DEA

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Confesiones de un informante de la DEA

El poder del perro se sigue fortaleciendo. Según la Oficina de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas, la producción de cocaína alcanzó una cifra récord en 2017. Se produjeron mil 976 toneladas, un 25% más que el año previo, y se logró doblar la producción de 2014. En Estados Unidos el precio al por menor, por gramo, ha caído por tercer año consecutivo, y su grado de pureza ha aumentado. La mayoría de la producción de cocaína se da en Colombia. Irónicamente, al firmarse los tratados de paz con las FARC, menos áreas son patrulladas, lo que facilita su cultivo. También se da lo que ha sido llamado la “uberización” en su distribución. Hay hasta call centers en los que el consumidor puede solicitar que se la manden. La tecnología también juega ahora un papel importante en el tráfico, ya que por medio de plataformas, criptomonedas y mensajes encriptados, se hace mucho más fácil su intercambio. Semanas atrás, las noticias resaltan hasta cómo, a un sargento de la Fuerza Aérea Brasileña que acompañaba al presidente Bolsonaro en su viaje a Japón, para asistir a la cumbre de los G-20, se le incautó en Sevilla una maleta con 39 kilos de cocaína.

Pero lo mas ilustrativo es una entrevista que publicó Bloomberg, obtenida por el periodista Zeke Faux, a un informante estrella de la DEA en los años 90, el fotógrafo de la moda colombiano llamado Baruch Vega. Faux lo titula como el “rey de los soplones, fotógrafo de moda, que engañó a los jefes de los carteles y a la DEA”. Inicialmente reclutado en sus periplos universitarios por la CIA, Vega conoce a David Tinsley y le convence de montar una operación encubierta para penetrar el Cartel del Norte colombiano. Primero logra montar un rancho que le sirva como cover para vender caballos “paso fino”, sementales muy apreciados por los lores de la droga. Luego, siempre como un talentoso fotógrafo de moda, adquiere un lujoso penthouse en Miami Beach. En sus confesiones, declara cómo una vez le entrego dinero al general Noriega. Con el brillante agente de la DEA Tinsley, elabora una ingeniosa estrategia. En resumidas cuentas, esta se basa en “cultivar informantes usando la amenaza de una extradición a Estados Unidos”. Vega le convenció que lo dejaran viajar a Colombia. Por medio de sobornos que pagarían los capos de la droga, la DEA les prometería una sustancial reducción de sentencia. La única condición era que tenían que reunirse con un agente y firmar un documento de cooperación. Ni siquiera tenían que “sapear”. Bastaba con colocar una porción de droga en los botes de los traficantes, para que después los agentes emprendieran una redada.

El 13 de octubre de 1999, se emprendió la operación Millennium en toda Colombia. Pero antes de que esta se llevara a cabo, se le informó a Baruch que advirtiera a sus contactos. La redada, que logró la captura de 32 jefes de los carteles, le dio más credibilidad a los servicios que promovía Vega. Su fama creció tanto que se le ocurrió hacer una convención que, increíblemente, reuniera tanto a agentes como a narcotraficantes. Para ello escogió nada menos que la “neutral” ciudad de Panamá. Para trasladar a sus clientes de Colombia compró un jet Hawker. Alquiló todo un piso en el hotel Inter-Continental Miramar. Vega narra hasta cómo uno de los lores, llamado Carlos Ramón Zapata, apodado “el médico”, aceptó pagar 42 millones de dólares, con un adelanto de 7 millones. El éxito de la convención fue tanto, que en diciembre del mismo año logró montar otra. En esta logró atraer a Luis Hernando Gómez, apodado “Rasguño”, uno de los principales jefes del Cartel del Norte del Valle.

A todo esto, la DEA comenzó a dudar en dónde residía en realidad la lealtad de su superinformante. Tal vez el doble agente se había convertido en triple. En el año 2000 Vega fue arrestado en Miami. Pero para entonces la trama era tan enredada y controvertida, que solo fue acusado por evadir impuestos. ¿Qué dice Baruch a todo esto? Que “toda historia tiene tres lados, tu lado, mi lado y la verdad. Y ninguno esta mintiendo”. Hasta ahora, Vega tiene sus defensores. El Wall Street Journal lo tituló como nuestra arma principal contra los carteles de la droga en Colombia. La revista Gatopardo lo llamo “el encantador de serpientes”. En realidad, después de ese golpe, el Cartel del Norte del Valle nunca se recuperó. Vega logró estafar al cartel en más de $50 millones de dólares.

Con un final digno de una novela de John Le Carre, actualmente reside discretamente frente a la playa en Maui. Medita si debe escribir sus memorias.

El autor es empresario

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