Aniversario

El Canal grande

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Al amanecer de todos los días del año, desde cualquier ventana de los rascacielos que bordean la bahía, pueden avistarse, junto a la silueta majestuosa del puente de las Américas, envueltos aún en los últimos cendales de niebla, dos o tres docenas de barcos que, como enormes cetáceos dormidos, esperan pacientes su turno para pasar de un océano al otro, acortando tiempos de entrega, abaratando costes y aportando ingentes beneficios al mundo y al pueblo panameño.

Esa hazaña de la construcción civil empleó a 40 mil trabajadores y a cientos de ingenieros y técnicos durante 6 años, volcó 4.5 millones de metros cúbicos de hormigón, fundió 220 mil toneladas de acero, fabricó, trasladó y colocó 16 compuertas de 33 metros de altura y 4 mil 300 toneladas de peso y multiplicó el paso de mercancías por 2, hasta 600 millones de toneladas anuales. El 5% del comercio mundial transita ahora por el Canal, con buques que, tras la construcción del tercer juego de esclusas, pueden alcanzar los 366 metros de eslora, 49 de manga, 15 de calado y transportar hasta 14 mil 500 TEU.

Panamá tomó una decisión estratégica y el consorcio Grupo Unidos por el Canal la llevó a buen fin. A pesar de los problemas que surgieron en el camino, ya las esclusas de Cocolí y de Agua Clara se tienden sobre la selva tropical panameña como dos sendas abiertas por donde cruzan naves gigantescas con destino a los puertos de tres continentes.

El nuevo Canal de Panamá es un alarde de diseño e ingeniería que desafiará el paso del tiempo, como los acueductos romanos o las catedrales góticas. Es un monumento al progreso, tanto por la obra en sí como por su impulso al comercio mundial, favoreciendo los intercambios entre América, Asia y Europa.

Con la visionaria decisión de construir otro Canal, Panamá fortaleció su vocación de centro logístico y estratégico de la economía internacional. El nuevo Canal ha generado una lluvia de ideas y proyectos en torno a su potencial desarrollo económico y se elaboran ya planes sobre la colonización de sus riberas con parques empresariales y nuevas instalaciones portuarias donde las mercancías se procesen y se reubiquen hacia su destino final. La ampliación del Canal ofrece a los países exportadores la posibilidad de generar más ingresos que reviertan en su desarrollo, mientras que para Panamá será un factor fundamental para mantener una economía estable y sostenible en los años venideros.

A tono con el nuevo siglo, Panamá ha consolidado su vocación de unir el mundo, de conectar países, de acrecentar la riqueza de todos y han sido empresas europeas, de demostrada capacidad, quienes han trabajado con una gran cantidad de ingenieros y trabajadores panameños para que el sueño se hiciera realidad.

Cabe recordar que cuatro días antes de la inauguración del Canal ampliado, el New York Times publicaba un largo y aparentemente documentado reportaje sobre la construcción de las nuevas esclusas, cuyo título parecía ya toda una declaración de intenciones: The New Panama Canal: A Risky Bet ( https://www.nytimes.com/ es/2016 / 06/24/el-nuevo-canal-de-panama-lo-barato-sale-caro/).

A lo largo de sus muchas páginas, los articulistas, dos norteamericanos (uno de ellos premio Pulitzer) y una panameña, ponían en cuestión todo el proceso de construcción del Canal, la calidad de la construcción, el concreto utilizado, el tamaño de las esclusas, el agua que iba a faltar, y hasta la propia viabilidad económica del proyecto.

Sorprendentemente, después de sus señalamientos contra el consorcio de empresas europeas que apoyaron a Panamá en la construcción del nuevo Canal, la española Sacyr, la italiana Salini Impregilo, y la belga Jan de Nul, al que se sumó la panameña Cusa, los articulistas cerraban su escrito con este párrafo memorable: “ Es perfectamente posible que el Canal funcione como está previsto: que sí haya agua bastante, que el cemento sea duradero, que lleguen los grandes buques y que los panameños celebren su logro histórico”.

Y eso fue exactamente lo que sucedió. El pueblo celebró un Canal panameño, diseñado y construido junto con tres empresas europeas, que lleva dos años funcionando como un reloj suizo y aportando grandes cantidades a las arcas del Estado.

En el segundo aniversario de la apertura del Canal grande, los representantes de los tres países que creyeron en el sueño panameño, nos unimos en una merecida felicitación al país por este logro histórico. ¡A los europeos también nos gustan los retos!

Los autores son, respectivamente, los embajadores de  España, Italia y Bélgica en Panamá

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