Literatura

Martín Caparrós: un mirón con licencia

El escritor argentino Martín Caparrós conversa durante Centroamérica Cuenta sobre el proceso de contar historias, más algo de robots y las redes sociales.

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Plantó un limonero, tiene un hijo y ha ganado premios por sus novelas, ensayos y textos periodísticos. Cortesía Centroamérica Cuenta Plantó un limonero, tiene un hijo y ha ganado premios por sus novelas, ensayos y textos periodísticos. Cortesía Centroamérica Cuenta Expandir Imagen
Plantó un limonero, tiene un hijo y ha ganado premios por sus novelas, ensayos y textos periodísticos. Cortesía Centroamérica Cuenta

Martín Caparrós nunca decidió ser periodista. Este argentino quería ser fotógrafo. Por eso, al principio, ejerció el oficio de contar historias reales por pura causalidad.

Tenía 16 años por entonces. Logró una plaza de trabajo en el periódico Noticias, en Buenos Aires, como fotógrafo, y de paso, mensajero y era también quien servía el café cuando era necesario.

Un día, un jefe de una sección andaba desesperado porque andaba corto de personal. Era un sábado en época veraniega en el sur del continente americano y no tenía ayuda a su disposición.

Le preguntó a Caparrós si podía redactarle una nota de ya para ya. El que recién había terminado el bachillerato aceptó el reto. Pensó que lo podía lograr porque escribía poemas como cualquier adolescente que se respete.

No debió hacerlo mal porque le pidieron otras noticias más adelante.

El que después colaboró en la revista Goles hasta 1976, tuvo que alejarse no solo de las salas de redacción, sino también de su propio país por decisión de la dictadura militar de turno.

Fue cuando estudió historia y literatura en Francia. Luego radicó en España hasta 1983 y regresó a esta faena de narrar. Lo hizo tanto desde el pacto con la verdad real (el periodismo) como desde aquella verdad hija de la ficción.

Las dos vías le interesan por igual. “Quiero explorar todas las formas que pueda. Más o menos he publicado la misma cantidad de libros de periodismo como de novelas. Lo que me gusta de la no ficción, es esa patente de corso que te da ser un mirón con licencia. Te puedes meter en cualquier lado, de escuchar y tener una buena excusa para hacerlo”, opina quien participa en Centroamérica Cuenta 2019, que se realiza en el marco de la Feria Internacional del Libro de Costa Rica.

Están los periodistas Martín Caparrós (Argentina), María Montero (Costa Rica), Jaime Abello (Colombia) y Jon Lee Anderson (Estados Unidos). Expandir Imagen
Están los periodistas Martín Caparrós (Argentina), María Montero (Costa Rica), Jaime Abello (Colombia) y Jon Lee Anderson (Estados Unidos). Cortesía Centroamérica Cuenta

Contar el continente

Hace poco comenzó una serie periodística sobre las grandes ciudades de América Latina que le propuso a El País de España. “Intento pintar una ciudad, lo que siempre es un imposible. Para lograrlo tengo que meterme en distintos ámbitos y conocer tipos de gente muy diversos. Eso me permite mirar para todos lados”.

Lee de forma previa sobre su destino para ver qué podría ser interesante para desarrollar. “Luego pido el consejo de amigos y colegas y fotógrafos que me proponen cosas. Después me pongo a dar vueltas para ver qué me encuentro en la calle, siempre eso es rico”.

Busca un eje para cada metrópoli para entenderla mejor. “Ese eje te permite armar el relato a su alrededor, a veces está más explícito y otras veces menos”.

Tiene unos meses pensando el tema de su siguiente libro y es precisamente sobre ciudades de América Latina, por lo que estos artículos (lleva seis publicados) para El País le funcionan para tomarle la temperatura a la región. “Quiero ver qué nos une, qué nos divide y qué nos caracteriza”.

Desinformar

La desinformación es moneda de uso desde hace tiempo. ¿Con los nuevos medios tecnológicos se ha puesto peor? “Hay más formas de desinformar y más formas de desmentirlas. Hay más vías para las noticias falsas, pero hay formas de enterarse cuando te miente. Hace poco tiempo los canales de información eran bastante limitados: un par de diarios, algunas radios y de televisión, y hasta allí. Ahora puedes hacer búsquedas exhaustivas. Lo que pasa, es que a la mayor parte de la gente no le interesa hacerlo. No ven la necesidad y hay quienes se aprovechan de ese desinterés. Los Estados entonces se aprovechan de sus ciudadanos”.

Esto despierta nuevos retos para los periodistas. En un pasado reciente al periodismo le bastaba dar la última noticia, ahora quien la transmite es cualquiera que tenga un teléfono celular.

Los periódicos venden ejemplares y la televisoras aumentan sus niveles de audiencia, “cuando encuentran funciones que reemplacen la inmediatez que hemos perdido. Debemos saber contar de maneras distintas, averiguando más y analizándola de una manera distinta, preguntándose el por qué de los fenómenos que ocurren. ¿Qué puedo contar yo que un ciudadano con un teléfono no puede hacer?”.

Sus obras más recientes son la novela 'La Historia', el ensayo 'El Hambre' y los textos de 'La crónica'.Daniel Domínguez Z. Expandir Imagen
Sus obras más recientes son la novela 'La Historia', el ensayo 'El Hambre' y los textos de 'La crónica'.Daniel Domínguez Z.

Mecanismos

No le molesta que un periódico como el Washington Post y una agencia de noticias como la AP utilicen robots para armar noticias sobre resultados deportivos. “Mejor, así nosotros no perdemos tiempo en eso”.

La ampliación de la influencia de las máquinas lo ve más como trama de una novela de ciencia ficción que algo sobre lo cual se deba preocupar demasiado el ser humano. “Es como si estuvieras en contra de usar tractores para labrar el campo, en vez de hacerlo una persona con un par de bueyes”.

El dilema es cuando la presencia del tractor afecta la labor de un individuo. “Esto ocurre, no porque se produzca menos, sino porque hay alguien que se apropia de todo el mecanismo de producción. El problema es quién se queda con el resultado de usar tractores”.

El reto verdadero es la parte económica y social y cómo resolverlo es obligación del Estado, comenta. “Para que el señor que antes usaba bueyes tenga acceso también a las riquezas que producen el uso de tractores. Es un problema político, no tecnológico”.

“Hay gente inteligente que está preocupada porque pueden existir máquinas que hagan máquinas, hasta que tengan una inteligencia infinitamente superior a la nuestra. ¿Somos capaces de manejarlo? Espero. Debemos encontrar la manera de manejar esos aparatos. Esto forma parte de las grandes intrigas de la historia”.

Redes sociales

La única red social que lo mueve es Twitter. “Las demás me aburren, porque creo que tengo suficientes amigos y no tengo ganas de probar suerte con esa chica que no me hizo caso cuando estaba en la escuela”.

A Twitter llegó sin expectativas. “Era una novedad que me interesaba. Abrí una cuenta. No le hacía mucho caso. No tenía muchos seguidores”.

Lo usa por dos motivos. Una para difundir sus textos (“uno escribe porque tiene ganas de que lo lean”) y para enterarse de lo que ocurre a través de los tuits de otros. “Suele resultar útil para ambas. Lo que me aburre de Twitter es la pelieta de barrio cuando hay discrepancias”.

Resultó que poco después, una revista para la cual colaboraba en Argentina sacó de su página web una columna de Caparrós “que era un poco ofensiva para el gobierno de mi país. Si no hubiera tenido Twitter lo hubiera comentado con cinco amigos y ya está”.

Fue cuando decidió escribir un tuit: “no quiero pensar que fue censura” y se armó la grande. “A las dos horas se hizo un revuelo increíble. Hubo gente que recuperó la nota eliminada y la publicaron en varios lugares. El dueño de la revista tuvo que darme explicaciones. Entonces me dije: ‘coño, esto sirve para algo”.

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