Cuando se pierde el control

Un daño o mal funcionamiento de los mecanismos neuromusculares, algunas enfermedades inflamatorias y trastornos mentales,  pueden causar  la pérdida involuntaria de las heces, con las consecuencias sociales que esta acarrea.

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Los mayores de 50 años son más propensos a las tumoraciones en el canal anal. Hay que prestar atención a los cambios en sus hábitos de defecación. Los mayores de 50 años son más propensos a las tumoraciones en el canal anal. Hay que prestar atención a los cambios en sus  hábitos de defecación. Expandir Imagen
Los mayores de 50 años son más propensos a las tumoraciones en el canal anal. Hay que prestar atención a los cambios en sus hábitos de defecación. Fotolia

Es un tema desagradable, pero para muchos es una realidad que impacta su vida social y a la familia: la incontinencia fecal o intestinal. Este trastorno suele ser más frecuente en mujeres, en parte, porque sufren más de estreñimiento que los hombres, y en aquellas que han tenido varios partos o partos difíciles. Una causa en pacientes pediátricos es la enfermedad de Hirschsprung. 

La enfermedad inflamatoria del colon, un tumor, patología del piso pélvico, demencia y psicosis pueden causar la incapacidad para controlar la liberación del contenido intestinal, que puede ser parcial (líquido o gas) o completa (contenido sólido) y, según sus características, tiene varios grados de clasificación, como: incontinencia completa, manchado e incontinencia de gas, incontinencia de heces líquidas e incontinencia de heces sólidas, explica el doctor Ramón Garríquez, cirujano y especialista en coloproctología. 

La incontinencia puede ocurrir por una debilidad del esfínter (músculo en el ano) cuando hay un daño, ya sea por una cirugía, por accidente o en pacientes obstétricas. También por daños a nervios como el pudendo (que inerva el esfínter del recto), y por la pérdida sensorial causada por daño en la médula espinal o del nervio aferente (como en las neuropatías diabéticas).

Pacientes o adultos mayores encamados pueden tener impactación fecal, es decir, sus heces se acumulan y evacuan heces líquidas, incluso sin darse cuenta.  

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

Ante este problema, es crucial consultar a un gastroenterólogo o a un coloproctólogo, advierte el Dr. Garríquez. El médico hará el diagnóstico con base en la historia clínica, el examen físico o algunos estudios. Algunas enfermedades inflamatorias requieren hacer una colonoscopía.

Debe informarle al médico si ha recibido radioterapia o muchos antibióticos.

Un tumor en el canal anal puede impedir que la persona “apriete” para contener las heces y es causa de incontinencia. Suele verse más en mayores de 50 años, por tanto, aquellos que tengan cambios en sus hábitos de defecación (disminución del diámetro de las heces, tenesmo o pujo, diarreas y falta de control de las heces), deben ir al médico. Garríquez recomienda la colonoscopía y el examen de tacto rectal, incluso en las mujeres, si se sospecha de un tumor.

El especialista añade que hay pruebas más sofisticadas para pacientes con incontinencia fecal crónica, como la rectoscopía, el ultrasonido endoanal, la manometría anal (mide la presión dentro del conducto anal), la latencia motora del nervio pudendo terminal, la electrosensibilidad de la mucosa, la electromiografía del esfínter y del nervio pudendo y la resonancia, pero generalmente el diagnóstico se hace con estudios más sencillos.

El médico puede indicar una dieta, medicamentos, entrenamiento intestinal, ejercicios de esfínter y mejorar la higiene. Algunos casos requieren cirugía para reforzar los músculos anales o para reparar el esfínter o el piso pélvico. También hay operaciones para crear un nuevo esfínter.

En otros países se practica una cirugía para colocar un esfínter intestinal artificial, pero, según el Dr. Garríquez, es costoso y tiene complicaciones. Cuando ya no hay más opciones, se crea un estoma, para derivar el contenido intestinal hacia una bolsa.

Otras técnicas incluyen la estimulación del nervio sacro y la radiofrecuencia, que consiste en aplicar corriente eléctrica a la pared del recto para hacer que el músculo se cierre. La radiofrecuencia aporta un beneficio de entre 35% a 45% de mejora en el control de las evacuaciones, pero a cada paciente hay que estudiarlo bien.

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