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Me siento mal, no quiero ir a clases

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A todos los papás nos pasa. Se acerca la fecha del inicio de clases, y en nuestra mente se disparan las alarmas: ¡Tos! ¡Mocos! ¡Infecciones! ¡Enfermedades! Sin embargo, estas preocupaciones no acaban cuando nuestros hijos finalmente van a clases, ya que sabemos que durante el transcurso del año escolar existe el riesgo de que nuestros pequeños se contagien de otros niños que vayan a la escuela enfermos. Es muy común como padre dudar de cuándo dejar a nuestros hijos en casa y cuándo mandarlos a la escuela. El dilema que compartimos es no querer que pierdan clases, y a veces puede ser difícil determinar cuáles son los síntomas que ameritan que nuestros pequeños se queden en casa. Como padres queremos siempre mantener a nuestros hijos sanos para que crezcan y se desarrollen adecuadamente. Para lograrlo, es muy importante contar con información adecuada referente a las infecciones frecuentes en los niños, y tener recomendaciones acerca de cuándo es mejor dejarlos en casa haciendo reposo en vez de enviarlos al colegio. Por su parte, la fiebre es uno de los síntomas que más preocupa a los papás. La fiebre se define como la temperatura rectal mayor a 38 grados Celsius. A diferencia de lo que la mayoría de las personas creen, la fiebre no es la enfermedad en sí misma, sino un mecanismo fisiológico que tiene efectos beneficiosos en la lucha contra infecciones virales o bacterianas. No hay evidencia de que la fiebre en sí misma empeore el curso de una enfermedad o que cause complicaciones neurológicas a largo plazo. Por lo tanto, el objetivo principal del tratamiento de un niño con fiebre debe ser ayudarlo a sentirse mejor en lugar de centrarse en la normalización de la temperatura corporal. En estos casos, además de darle medicinas para que se sienta mejor, recomiendo no mandarlo al colegio ni a sus actividades extraescolares, al menos hasta 24 horas después del último registro febril, para evitar contagiar a sus compañeros de clase y que el pequeño posiblemente empeore.

Los mocos y la tos también son muy frecuentes en los niños, sobre todo en la temporada lluviosa. Estos pueden ser síntomas de un cuadro infeccioso, o de un proceso alérgico. En líneas generales, cuando se trata de un proceso alérgico, los mocos son transparentes, escasos en cantidad y algunas veces se acompañan de una tos seca esporádica o que predomina en determinado momento del día (por ejemplo, en las mañanas apenas se levanta o justo después de acostarse). Es importante consultar con el pediatra para confirmar el diagnóstico y que el niño reciba un tratamiento adecuado. Si los mocos son abundantes, verdes o multicolores, espesos y se acompañan de tos con flema, decaimiento, fiebre y pocas o nada de ganas de comer, es importante que el niño visite a su pediatra de cabecera para descartar una infección. En este último caso no es recomendable que el niño asista al colegio hasta que el cuadro se resuelva.

La mayoría de los cuadros que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal son de origen viral y suelen ser muy contagiosos. Si el pequeño tiene alguno de estos síntomas, considero que no es una buena idea enviarlo al colegio, puesto que pueden contagiar a sus compañeros de clase.

Otra queja frecuente entre los niños es el dolor abdominal, que puede tener muchas causas desde estreñimiento hasta infecciones virales, bacterianas o por parásitos. Si nuestros hijos se quejan de dolor abdominal fuerte, es mejor observarlos en casa para ver si comienzan con algún síntoma adicional, como diarrea o vómitos. Si el dolor abdominal es frecuente y recurrente, es recomendable consultar con el pediatra para encontrar la causa y poder proporcionar un tratamiento adecuado.

Por último, las lesiones en la piel también son muy frecuentes, y estas pueden deberse a cuadros de alergia o infecciones (virales o bacterianas). Es importante consultar con el pediatra de cabecera sobre la etiología de las lesiones antes de enviar a los niños al colegio, para evitar contagiar a más niños.

En resumen, para evitar la diseminación de enfermedades frecuentes en la niñez, recomiendo no enviar a tu hijo al colegio hasta que sea evaluado por su pediatra de cabecera en los siguientes casos: fiebre, mocos transparentes que duran más de tres días, tos seca que dura más de siete días, mocos verdes, multicolores, abundantes y espesos, tos con flema persistente, diarrea, vómitos, dolor abdominal fuerte o frecuente, lesiones en la piel (diferentes a picaduras de insectos).

Es muy importante saber qué hacer cuando nuestros hijos presentan síntomas de enfermedades o infecciones, pero lo más importante siempre debe ser lo siguiente: cuidar a nuestros hijos cuando están sanos. Esto conlleva cumplir con sus controles periódicos de salud y ponerles todas las vacunas según las recomendaciones de su pediatra. Aunque mucho se habla últimamente de la seguridad y eficacia de las vacunas, es importante recordar que las vacunas protegen a nuestros hijos de enfermedades infecciosas que pueden causar graves complicaciones e incluso la muerte. También hay que reconocer que, como cualquier medicamento, las vacunas pueden tener efectos adversos. Sin embargo, la mayoría de estos efectos son leves y transitorios (duran menos de dos días). Los más frecuentes son: dolor e inflamación en el sitio de la aplicación, malestar y fiebre baja. En su mayoría, estos efectos adversos son pequeñas molestias que valen la pena sobrellevar para asegurar la protección y bienestar de nuestros pequeños.

Así que la próxima vez que tu pequeño se queje de dolor de garganta o de moquitos en la nariz, no te preocupes si pierde esa clase de matemáticas que sabes que le cuesta entender. Mejor pídele las notas a la mamá de una compañera de clase, y deja que tu pequeño descanse para que se sienta mejor y evitar que otros niños se contagien. También puedes acudir a tu pediatra de cabecera para determinar la causa de los síntomas, y así encaminar a tu pequeño a su pronta recuperación.

La autora es pediatra 

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