[INTOLERANCIA RELIGIOSA ]

Un semanario satírico doblemente amenazado

El semanario ‘Charlie Hebdo’ ha vivido bajo la permanente amenaza de las organizaciones religiosas y grupos radicales por sus caricaturas sobre Mahoma y los yihadistas.

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Un semanario satírico doblemente amenazado

Charlie Hebdo había iniciado 2015 con una oferta especial para aumentar el número de sus suscriptores. Sin renunciar al humor, todavía en la mañana del miércoles, tras el grave atentado que ha costado la vida a 12 personas, la página principal en internet de este famoso semanario proponía una reducción de precios bajo el llamamiento “La tarifa para todos”, en clara alusión a la legalización de las bodas homosexuales, conocida en Francia como “el matrimonio para todos”. El semanario satírico, provocador e irreverente, ha vivido bajo la permanente amenaza de las organizaciones religiosas y grupos radicales por sus caricaturas sobre Mahoma y los yihadistas, pero también de la falta de ingresos publicitarios y la drástica reducción de las ventas de ejemplares de papel.

Las caricaturas más atrevidas y que más polémicas han generado han salido de la pluma, justamente, de tres de los dibujantes-periodistas fallecidos el miércoles en el atentado perpetrado en la sede de la publicación en París. Se trata de Georges Wolinski, de 80 años; Jean Cabut, Cabu, de 76, y Stéphane Charbonnier, Charb, director de la revista, de 47. Este publicaba en el último número una caricatura premonitoria en la que un yihadista, bajo el título “Sin atentados en Francia”, decía: “Esperen a que termine enero”.

El origen de Charlie Hebdo se remonta al año 1969. Nació entonces como un mensual llamado simplemente Charlie. En 1981, dejó de publicarse por falta de ingresos y reapareció en 1992, marcando una nueva etapa. En la publicación ya no solo había viñetas; también periodismo de investigación.

Los problemas de seguridad del semanario empezaron en febrero de 2006, cuando, como gesto solidario, publicó las caricaturas de Mahoma de la revista danesa Jyllands-Posten, cuya redacción sufría amenazas por mofarse del profeta, –más unas cuantas propias–. En la propia Francia no siempre ha sido bien comprendida su línea editorial y, de hecho, ha tenido que afrontar denuncias ante la justicia por supuesta difamación. Las organizaciones musulmanas francesas y el Consejo Francés del Culto Musulmán pidieron la retirada de Charlie Hebdo. Lejos de amilanarse por la polémica suscitada, la revista promovió un manifiesto extremadamente duro contra el “totalitarismo” que, a sus ojos, intenta imponer el islamismo radical.

En 2011, ante la inminente publicación de nuevas caricaturas sobre el islamismo radical y la ley islámica, la revista fue objeto de un ataque con un cóctel Molotov en el que no hubo víctimas, pero que causó un importante incendio en las instalaciones. Ello obligó a sus trabajadores a refugiarse temporalmente en la sede del periódico Libération. Desde entonces, varios miembros de la redacción y, especialmente, su director, Stéphane Charbonnier, contaban con escolta. De hecho, la sede de la revista estaba vigilada, como confirmó el Gobierno francés.

Pero los problemas de Charlie Hebdo, una revista laica e izquierdista que también ha vivido encontronazos con el Frente Nacional, no se limitan a su persecución por razones ideológicas. Con una tirada en los últimos meses inferior a los 50 mil ejemplares y sin ingresos publicitarios, el semanario lanzó en noviembre pasado un llamamiento para recibir donaciones y poder mantener su independencia. “Charlie Hebdo está en peligro”, aseguraba hasta el mediodía del miércoles la revista en su versión digital. Según los datos de la propia publicación, el capital social es de solo 250 euros ($295). No hay accionistas. Tampoco publicidad. El semanario vive únicamente de las suscripciones, de las donaciones y de las ventas al número. Este atentado ha diezmado profundamente a la redacción, formada por un escueto equipo de 22 periodistas y dibujantes, una secretaria y cuatro empleados en la sección administrativa.

El último número volvía al islam, en este caso para criticar al escritor Michel Houellebecq, autor de Sumisión, una novela que imagina a Francia en 2022 gobernada por un musulmán. “Las predicciones de Houellebecq”, señalaba la portada. “En 2015, sin dientes. En 2022, en Ramadán”, añadía. El jueves se habían agotado todos los ejemplares y en la web solo quedaba por la tarde el grito unánime de Francia: “Yo soy Charlie”.

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