Política

¡Mi presidente Varela!, despedida

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Después de lo ocurrido con las finanzas públicas en el gobierno pasado, decidí abandonar el único partido al que he pertenecido. Escribí artículos, grité, usé las redes sociales, para hacerle entender a la decencia de Cambio Democrático que iban por mal camino. Un capitalismo salvaje y depredador, que solo funcionaría a corto plazo para beneficio exclusivo de su cúpula, y para alimentar la ilusión del poder. Su estilo fue desastroso para su clase pensante y para el grupo de panameños que le dio el triunfo esperando el cambio que nunca se dio. No fue lo que soñamos, pero nos demostraron que el poder absoluto corrompe absolutamente.

Escribí acerca de la importancia de que los líderes den el ejemplo, acerca del descalabro que sería postular a la esposa del presidente. Mi primer artículo después de ver lo que sucedía lo titulé, El Primer Traidor. Pero de acuerdo a sus gurús, volveríamos a ganar. Estábamos too hot para ver lo que hasta un ciego ve. En un país de “lamebotas”, no es bueno decirle al rey que está desnudo. En Panamá, ser lambón es oficio bien remunerado. Ser lambón (mediocre) es mejor visto que ser pastor de una iglesia dirigida por la pastora Soraya. Y, créanme, esta troglodita tiene 120 mil seguidores. ¡No tenemos salvación!

¿Qué segmento de CD no veía que nuestro país a la larga sería despedazado económica y moralmente? ¡Solo importaba el partido, no la patria! Algo anda mal en el país de los congos; no nos importa la mediocridad partidista. Los cambios prometidos en la justicia fueron una entelequia; para los líderes de CD, eso no fue ni es importante. Un engaño descarado y más viejo que el xenón 124. Desgraciadamente, el resto de Panamá aún seguirá dando su vida por mantener la subjetividad partidista. Sin el partido y la teta del Estado, no hay paraíso, no hay viajes, ¡ni champán! Nada tengo en contra de los partidos, ni critico a quienes confían en ellos. Pertenecer es gratificante. Lo que me molesta es que defiendan a sus líderes sin importar el grado de corrupción existente.

Por ejemplo, ¡soy Molirena y me vale…! Pero es un partido cuyo sinónimo es “aprovechadores políticos”. Exprimen el sistema partidista y saben caer parados. Sus miembros pertenecen a un grupo al que ni por residuo, ni por medio cociente. Pobre Billy Ford, aun en su tumba sigue sangrando. Es difícil entender que no aprendamos; difícil es aprender que el resto votara por lo mismo. El negocio de aprender y pensar, es el que menos paga en nuestra república. No juzgo; sueño solo con tener justicia. A ningún partido le interesa. Los jueces siguen haciéndose millonarios. La corrupción paga demasiado bien.

El culto al juega vivo es real y tóxico para quien busca un adecentamiento de la justicia. Calculo que somos 400 mil los que pensamos en esta patria. Más o menos, este grupo le dio la victoria a Cambio Democrático, y luego a Varela. Nos engañaron vilmente, pero siempre rectificamos esperanzados. Todo ha sido inútil, aún se huele la pólvora y los gritos de otra generación gritando, ¡Justicia! ¡Justicia!

Pienso en los logros que un hombre decente y brillante hubiese hecho en la administración de Varela. Pero, ¡nada! También él juró por un cambio en la justicia. Se me revuelca el estómago de ver el grado de mediocridad de sus ministros. ¿Y el presidente? Tranquilo, inmutable. Por ejemplo, si no funcionas, ¿por qué permaneces en tu puesto? ¿Por qué no los despidió? ¿Lealtad del hacendado hacia al partido? Mediocridad es la respuesta.

Se puede ser político, y seguir siendo un gran profesional. Si eres ministro del Ambiente, entonces planta un millón de árboles. Pero no te creas genial porque construiste un aparato en Albrook para limpiar el aire, después de haber permitido la devastación de Darién. ¡Hey, mogo, basta con que no permitas que corten los árboles! El turismo desapareció; tenemos ingenieros que son veterinarios y administradores delincuentes. Miremos a Pandeportes o a cualquier municipio, y comprobaremos el saqueo existente. ¡Genios de la mediocridad partidista!

El autor es práctico del Canal de Panamá.

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