Efectos en Panamá

El ocaso de John F. Kennedy

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Hace unas semanas se conmemoró otro aniversario del asesinato del presidente John F. Kennedy (JFK) en Dallas, Texas. A la fecha, Estados Unidos ha tenido 45 presidentes. Diez de ellos han sufrido atentados contra sus vidas y cuatro de ellos murieron. Hay un alud de especulaciones de conspiración y gran parte ha quedado en un continuo debate.

Lo que es irrefutable es que quedaron muchas de sus obras locales y extranjeras incompletas. Lamentablemente para nosotros, sus genuinos esfuerzos de mejorar las relaciones Estados Unidos-Panamá también. Estas quedaron en el tintero debido al melé dentro de la Casa Blanca con el cambio de presidente y de sus respectivas ópticas.

JFK, abogado de 43 años, fue el presidente más joven en la historia norteamericana. Venía de un hogar muy afluente e influyente de Boston. Fue educado en los mejores liceos de este y luego en Harvard. Su padre, un ambicioso político, reinventa sus grandes planes luego de la muerte del primogénito en la Segunda Guerra. El insaciable viejo se enfoca en cultivar a JFK como senador para luego la presidencia. ¡Viejo de ñieqs!

El entonces presidente Roberto F. Chiari y JFK acordaron un tratado en 1963 que entraba en efecto en menos de dos meses después del asesinato. Se pactaron más libertades sociales y económicas para los panameños dentro de la Zona del Canal, al igual que la bandera sería izada junto a la estadounidense en las áreas civiles. Aunado a eso, allanan el camino para el Tratado Robles-Johnson (“Tres en Uno” de 1967) cuyo norte era eclipsar el conflictivo tratado de 1903.

Con el súbito ascenso a la presidencia del vicepresidente Lyndon B. Johnson hubo mucha dinámica en su cabeza y deslices en sus mandos medios. Entre estos el del gobernador de la Zona del Canal de no acatar tal mandato y diluirlo vía no izar ninguna de las dos banderas.

Nueve días después de tal incumplimiento, estudiantes del Instituto Nacional marchan a Balboa; lo demás es historia muy conocida. Al gobernador Robert J. Fleming, un héroe de guerra egresado de West Point y del Massachusetts Institute of Technology (MIT) no se le hubiera ocurrido desobedecer a un Kennedy vivo, pero a Johnson sí.

Luego de ser JFK senador, llega a la presidencia vía Partido Demócrata. Con solo mil días en la presidencia, inicia su campaña reelectoral y anuncia su visita a Texas. Allí, a plena luz del día, en el centro de Dallas, Lee Harvey Oswald (24) le corta la vida con dos atinados disparos a menos de 100 metros. Oswald es asesinado a quemarropa por Jack Ruby, 48 horas después.

Kennedy iba muy bien en las encuestas con más de 58% de aceptación. Su porcentaje, muy por encima que el otros presidentes reelegidos como Reagan, Clinton, Nixon y Bush. Sin embargo, de haber ganado las elecciones de 1964 muy probablemente hubiera sido encausado penalmente.

JFK reincidía en infidelidades y padecía de mala salud. El FBI ya lo estaba investigando debido a su imprudentes aventuras con una espía alemana de la Stasi (la CIA de Alemania comunista). También padecía de serios problemas de la espalda y de Addison (deficiencia endocrina). Muy probablemente hubiera muerto en la presidencia.

En fin, ¿hubo conspiración? No, para mí fue la ineptitud interinstitucional por parte de las agencias federales norteamericanas pertinentes y se protegieron nublando las investigaciones de rigor en un magnicidio. La falta de fluidez de inteligencia entre ellas allanó el camino para que un demente pudiese matar al presidente. Oswald, al igual que media humanidad, ya sabían de la ruta y que el carro era descapotable. Johnson toma posesión y lo pactado entre los señores Roberto F. Chiari y Kennedy pasan a un segundo plano.

Las negociaciones con la administración de Marco Robles traslucen algo desventajosas para Panamá. En 1968, Robles le pasa el tamal al siempre conflictivo Arnulfo Arias. A la semana, este recibe su tercer coup; todos siempre con los gringos tras bambalinas.

El coloso rápidamente reconoce a la junta militar para luego apoyar a Omar Torrijos un año después en un fallido golpe castrense en su contra. Washington considera a Torrijos más maleable que Robles o Arnulfo, y se genera un tratado igual de inequitativo para Panamá en 1977.

Se habla de que las modificaciones empeoraron el acuerdo “Tres en Uno” de Robles y que los resultados del referéndum del Canal fueron alterados. La deuda pública se dispara exponencialmente y una nueva casta de nuevos ricos emerge. Lo demás ya es una historia muy conocida por todos.

El autor es ingeniero en sistemas y telecomunicaciones

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