9 de enero

La nueva lucha

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“Nos dominan más por ignorancia que por la fuerza”, Simón Bolívar. Como joven panameña, la historia me ha sido transmitida algunas veces con vacíos, de manera que me he llegado a sentir parte total de la causa. Conmemorar las manifestaciones del 9 de enero de 1964 es hablar de los primeros movimientos estudiantiles organizados en el país ante la presencia norteamericana en el territorio panameño; es traer a la memoria el tratado de 1903 y sus enmiendas, como también el periodo de crisis política que pasaba el país.

Al estudiar dentro de la formación académica esta fecha histórica y ver la influencia de la opinión pública panameña, aun no perteneciendo a esta época donde se definió nuestra soberanía, son muchas las preguntas que me surgen. ¿Qué hubiese sucedido si los grupos populares no hubiesen reaccionado inmediatamente? ¿Cómo se logró una comunicación efectiva capaz de unir a diferentes grupos del país en un periodo en que la política era presionada a dar todo tipo de concesiones a Estados Unidos? Si bien hay que tener en cuenta la situación interna del país, así como también reconocer el escenario internacional con el fin de las guerras que no implicaban una paz inmediata, sino que daba a entender que el poder se balanceaba únicamente hacia Estados Unidos.

Panamá ocupaba la mejor posición geográfica en América Latina durante la Segunda Guerra Mundial; Estados Unidos ya era consciente de esto desde muchos años antes; su presencia en Panamá era ligada a un tratado con el que empezamos nuestra vida “republicana”, producto del cual en el país ya surgían movimientos antes de 1930, que reclamaban sus derechos y que poco a poco fueron caminando en una misma dirección en recuperación de la soberanía del territorio.

Uno de los pasos significativos que no puedo dejar de mencionar dentro del contexto, fue el tratado de 1936, firmado por Harmodio Arias y Franklin D. Roosevelt, donde se modificaban y derogaban ciertos artículos del tratado de 1903, uno de estos, el más importante y que nos da un impulso a tomar decisiones basadas en la intervención de nuestro país, el artículo X. Con la prohibición a Estados Unidos de América de intervenir unilateralmente en Panamá en asuntos públicos para mantener el orden, una de las cuestiones más observadas ahora sería la defensa del Canal, que el mismo tratado aclaraba que ahora sería compartida entre ambas naciones. Este espacio de tiempo se le conoció como periodo entre guerras.

Estados Unidos ya había mostrado su poder e intervencionismo en Latinoamérica, mediante sus políticas de expansión, pero es en Panamá donde sus intereses estaban remontados hace más de 100 años. Panamá fue parte así de los inicios de la proliferación de bases militares en la región, al igual que en Puerto Rico y bases aéreas en Ecuador, Perú, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua (cabe destacar que después del periodo de guerras, la mayoría de estas bases fueron cerradas, exceptuando La Marina en Puerto Rico y sus intentos de retener 16 bases en el territorio nacional panameño a partir de 1947).

Hoy sabemos que fueron muchos los hechos y acontecimientos que provocaron las manifestaciones del 9 de enero; siendo esta gesta parte del comienzo de la aspirada recuperación de nuestra integridad territorial donde la participación de los grupos de estudiantes panameños es realmente digna de destacar desde mucho antes.

Fue la juventud panameña, capaz de enfrentarse tanto a la imposición de Estados Unidos como a los intereses políticos de quienes controlaban su propio Estado; la que nos deja de lección que la verdadera unidad popular es eficiente cuando se maneja por todos los frentes.

Una vez más, como joven panameña, vuelvo a indagarme, pero esta vez algo preocupada, pues ahora regreso a la época a la que pertenezco, y trato de entender cuál es nuestra lucha actual. Llámela como usted quiera, pero hoy afrontamos una confusa pero consciente crisis en todos los frentes comprometidos al buen manejo de un Estado: educación, justicia, salud y administración política, entre otros, de los cuales seguimos sin unificar ese interés común capaz de enfrentar los problemas que agobian a nuestro país.

Somos una nación joven, tenemos poco más de 100 años de vida republicana, y muchos menos años de administrar soberanamente el Canal, pero pareciera que luego de alcanzar nuestra anhelada soberanía hemos perdido entonces “esa causa” por la cual seguir luchando. La historia nos ha dado el honor de contarla orgullosamente, de tener líderes capaces de encaminarnos a lo que demandábamos de manera heroica; pero hemos dejado de escribirla.

La autora es estudiante de relaciones internacionales en la  Universidad de Panamá

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