Memorias

El niño del 9 de enero

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Nacido en 1958, un mes después, de la famosa siembra de banderas, de la antigua Zona del Canal. Criado en el histórico barrio de San Felipe, e influenciado por ilustres pensadores y profesionales, de familiares y amistades, siendo así influenciado en su enriquecimiento nacionalista, histórico, de principios sociales y morales.

Hijo de Olga María Carrillo y Alcibiades Picota Pérez.  Ese niño del 9 de enero soy yo, Jesús O. Picota Carrillo. Mis abuelos fueron Antonio Carrillo Vargas, uno de los primeros constituyentes de la República, y Manuel Sebastián Picota Helabert, soldado en la separación de Panamá de Colombia, con el rango de teniente; también ocupó el cargo de alcalde de Chitré.

Hermano del héroe nacional del 9 de enero del 64 Alcibiades Picota Carrillo, y primo del periodista y político José Gabriel Carrillo Roux. Actualmente autor de la música y letra del Himno al Canal de Panamá, con 41 años de servicio en el Canal de Panamá, y 4 nominaciones al premio a La Excelencia.

Era yo entonces un niño de cinco años y seis meses, cuando los sucesos del 9 de enero. Sucesos y eventos que quedaron marcados en mi memoria, que nunca se podrán borrar. En la vecindad donde vivía, avenida B, edificio 13-A-101, apartamento 3, era un edificio que constaba de una planta baja y un piso alto, de una vecindad de gente humilde, pero intelectuales profesionales, donde uno de mis vecinos era el profesor y héroe nacional de la histórica siembra de banderas del año 1958, licenciado Ricardo Ríos, el doctor Pablo González, el magíster economista Manuel González, el doctor Justiniani e ilustres amistades de mi familia, como el licenciado y político kuna Jorge Peña; el licenciado Humberto Brugiati; el periodista, político y primo José Gabriel Carrillo Roux, y el licenciado Monchi Stoute, entre otros.

Recuerdo que por mi casa, como quedaba en avenida principal del Casco Antiguo, pasaban todas las marchas y manifestaciones de protesta.

Pero la que más me impactó, y marcó mi vida, fueron los incidentes del 9 de enero a nivel nacional, ya que mi hermano Alcibiades y otros de sus compañeros estaban involucrados directamente y no les importó dar la vida por la patria. Recuerdo a mi madre llorando por su hijo,y por los inocentes que murieron por las balas asesinas de los invasores gringos.

Mi padre valientemente se fue a la avenida de los Mártires para unírsele a mi hermano y al pueblo por la lucha nacionalista. En ese momento me di cuenta de que en mi casa había dos valientes héroes, y eso me llenaba de orgullo.

Recuerdo que en la avenida B, diagonal a mi edificio, quedaba la armería El Cazador, y pude presenciar desde el zaguán de mi edificio, las turbas del pueblo enfurecido sacar las armas y dirigirse a la avenida de los Mártires para defender la patria.

Mi padre, Alcibiades Picota Pérez, como buen padre protector y patriota, acompañó a mi hermano a la Presidencia, ya que el presidente Rodolfo Chiari hizo un llamado a la ciudadanía para recibir a cualquier ciudadano que tuviera alguna información de los hechos.

El presidente Chiari atendió a mi papá, que trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y mi hermano pudo ser entrevistado para informar sobre los sucesos. El presidente Chiari después de recibir todas las informaciones, se reunió con su Gabinete, y con el intérprete de protocolo, el licenciado Libis Alcedo, se pronunció valientemente, rompiendo relaciones con Estados Unidos de América.

Me acuerdo también de que recién pasados los sucesos llegaron dos enviados de la embajada de Estados Unidos a mi humilde hogar para ofrecerle a mi hermano una beca completa para estudiar en las mejores universidades del norte.

El orgullo y patriotismo de mi hermano hicieron que les respondiera indignado. Y les dijo de esta manera: “Si ustedes mataron a su propio presidente Kennedy, qué se puede esperar de mí, váyanse por donde vinieron, y cómanse su cochina beca”.

Mi hermano Alcibiades escribió los hechos en el histórico periódico El Paladín, que circulaba internamente en el Instituto Nacional. También, como buen artista pintor, hizo un mural en óleo, alusivo a los acontecimientos que él mismo vivió, y lo donó al plantel. Hoy día no se sabe del paradero de esa obra histórica.

El autor es ciudadano

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