Historia

El nacimiento de una nueva República

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La participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial repercutió en Panamá. Antes de su ingreso en esa conflagración, Washington tomó medidas para prepararse frente a lo que el presidente Franklin D. Roosevelt juzgaba un evento inevitable: el enfrentamiento entre el coloso del norte y las potencias del eje.

En 1941, Estados Unidos solicitó que se permitiera a los buques de bandera panameña armarse de artillería, a lo cual se negó el gobierno panameño, considerando que dicha solicitud reñía con la neutralidad declarada por Panamá en la contienda euroasiática. Ante otra solicitud —la de crear un número significativo de sitios de defensa fuera de los límites de la Zona del Canal —la administración de Arnulfo Arias objetó la duración del convenio propuesto por Estados Unidos (999 años).

Tras el derrocamiento del Dr. Arias (9 de octubre de 1941), el gobierno panameño alineó su política mucho más estrechamente con la de Estados Unidos. El 18 de mayo de 1942, Washington finalmente obtuvo el Convenio sobre arrendamiento de sitios de defensa, el cual legalizó la ocupación estadounidense de 134 puntos a lo largo y ancho de nuestro territorio.

Dicho convenio fue asumido por la ciudadanía istmeña como un aporte a la lucha contra el nazifascismo, que adquirió proporciones globales tras el ataque japonés a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941) y la sucesiva declaración de guerra de Estados Unidos a Japón, Alemania e Italia. El movimiento patriótico panameño, sin embargo, confiaba que la ocupación estadounidense terminaría puntualmente, de acuerdo con lo indicado en el artículo 1° del acuerdo, el cual estipulaba la evacuación de dichas áreas “un año después de la fecha en que haya entrado en vigor el Convenio definitivo de paz que haya hecho cesar el conflicto bélico ahora existente”.

Luego de la rendición de Japón (2 de septiembre de 1945), la expectativa ciudadana era que las fuerzas estadounidenses abandonarían los sitios de defensa, conforme al artículo 1° ya citado. Sin embargo, el mismo artículo indicaba que “no obstante el cese de hostilidades”, si persistiese un “estado de inseguridad internacional” que hiciera “de imperiosa necesidad la continuación de cualesquiera de dichas bases o áreas de defensa mencionadas”, podría celebrarse un nuevo acuerdo a tales efectos.

A esta disposición recurrió Washington para proponer un nuevo convenio, firmado el 10 de diciembre de 1947, el cual prolongaba la presencia estadounidense en al menos 36 de las 134 áreas de defensa. Sometido a la consideración de la Asamblea Nacional, el acuerdo—conocido en Panamá como “Filós-Hines” en honor a sus firmantes—encendió los ánimos patrióticos de una manera sin precedentes desde la fundación de la República en 1903.

El 12 de diciembre de 1947—71 años atrás en esta fecha—comenzó una jornada histórica que culminó 10 días más tarde con el rechazo del acuerdo. Ese 12 de diciembre, jóvenes panameños agrupados en la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) y la Unión de Estudiantes Universitarios—ambas lideradas por Carlos Iván Zúñiga—caminaron hasta la Asamblea Nacional para protestar contra el convenio.

La Policía Nacional los reprimió con bombas lacrimógenas, inicialmente y, luego, a punta de bala. Muchos jóvenes fueron heridos, entre ellos, Sebastián Tapia, quien quedó parapléjico como consecuencia de los disparos recibidos.

La represión envalentonó a la ciudadanía. Las protestas continuaron en los días siguientes; en una de ellas, una multitud de mujeres salió a las calles. A todo el país dio lecciones de civismo una juventud valerosa y henchida de patriotismo, a diferencia de tantos milénicos que ahora desperdician su tiempo en banalidades.

El 22 de diciembre, una gran manifestación celebró el rechazo unánime del convenio por la Asamblea Nacional. En la plaza de Santa Ana, clásico escenario de actividades políticas, Carlos Iván Zúñiga declaró: “Hoy ha nacido una nueva República.”

El 12 de diciembre de 1947 le abrió el paso al 9 de enero de 1964. La jornada que hoy se conmemora tuvo como propósitos recuperar nuestra jurisdicción en la Zona del Canal y moralizar la vida pública, como lo destaca el historiador Celestino Andrés Araúz en su más reciente libro, Carlos Iván Zúñiga y la generación del 47. Estos objetivos aún tienen vigencia, en momentos de profunda degradación de lo público y riesgos de dominación por intereses extranjeros.

El autor es politólogo e historiador y director de la Maestría en Relaciones Internacionales en Florida State University, Panamá.

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