Salud

Las medicinas genéricas

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Si Usted, como yo, acostumbra tomar medicinas genéricas, mejor no continúe leyendo este breve artículo. En sendos escritos publicados la semana pasada tanto en Bloomberg como en The New York Times, periodistas alertan a la población sobre los controles de calidad y deficiencias en la producción de estas drogas. El 40% de estas medicinas son fabricadas en la India; el otro país que destaca es China. Alkem Laboratories Ltd., radicada en India, produce Valsartan, que se usa para evitar la presión alta. En una inspección inesperada a sus instalaciones se encontraron fallas en los controles de calidad, y se descubrió que intencionalmente la compañía destruyó pruebas que demostraban que las drogas contenían defectos; las condiciones higiénicas de la plantas y equipo eran pésimas y los inspectores se encontraron con insectos y roedores. Zhejiang Huahai Pharmaceutical Co. también produce Valsartan. En noviembre pasado, se descubrió que los productos contenían noma, un carcinógeno. Hay que señalar que todos estos laboratorios cuentan con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). No hay que tener mucha imaginación para destacar que si todo esto ocurre en Estados Unidos, una potencia del primer mundo, que nos espera en nuestros lares.

Podemos relatar las peripecias de Peter Baker, un inspector de sanidad, y lo que vivió haciendo inspecciones no anunciadas a compañías farmacéuticas en China e India. No anunciadas, porque como el mismo descubrió, estos laboratorios se preparaban días antes, cuando se anunciaba la visita de un inspector, para destruir o construir evidencias. Por ejemplo, tomemos el ejemplo de Wockhart, un consorcio indio que fabrica 110 drogas genéricas. Peter vio como un empleado disponía de documentos en una bolsa de basura. Descubrió que mercadeaban insulina que contenía fragmentos metálicos. Estas provenían de una dañada máquina esterilizadora. Para resumir, el señor Baker encontró fraude y practicas engañosas en cuatro de cada cinco plantas que inspeccionaba. La FDA de Estados Unidos proclama: “los americanos pueden sentirse confiados de los productos que la FDA aprueba”.

Están las memorias de otra inspectora, a la que podemos llamar Katherine. Viajó a cuatro continentes y entrevistó a 240 personas. Durante su estadía de 27 meses en India, descubrió prácticas fraudulentas en 29 de las 38 fábricas que inspeccionó. Muchas veces se encontró con que el laboratorio que debía efectuar los controles de calidad, eran una estafa o no existían. Se presentaban infectaciones de pájaros e insectos. El baño que se encontraba cerca de lo que debía ser un área estéril, se había inundado. En febrero del 2015 se mudó a China. No le fue mejor: 38 de las 48 plantas que inspeccionó mostraban marcadas deficiencias. Escribió: “si supieran cómo estas medicinas son manufacturadas, no las tomarían”.

Sin embargo, hay que considerar la necesidad de muchos pacientes de proveerse de drogas genéricas. Simplemente no pueden costearse las originales. El proceso para desarrollar un nuevo medicamento es costoso y largo. A esto hay que agregarle las ganancias corporativas que los accionistas exigen de su inversión, y los acuerdos entre las compañías farmacéuticas, las farmacias y las compañías de seguros. En Estados Unidos, nueve de cada 10 prescripciones contienen medicinas genéricas.

¿Qué hacer? Se puede empezar exigiendo que cada medicamento genérico muestre el país y el laboratorio donde está fabricado. Estar vigilantes a los exámenes y controles de calidad que nuestras autoridades de salud asuman al importar estas medicinas. Y rezar.

El autor es  empresario.

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