Orientación sexual

No impide el desarrollo humano

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Los adelantos tecnológicos basados en la inteligencia artificial y la criptografía no se lograron de la noche a la mañana.

Resulta que, para conseguir tal hazaña, estuvo presente la genialidad indiscutible de Alan Turing. El primer hombre que desarrolló un computador automático. Pero sus logros no quedaron allí; paulatinamente fue consagrándose como un pionero en la biología y permitió la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, al descifrar mensajes nazis.

No obstante, su orientación sexual siempre fue la piedra en el zapato y la excusa perfecta de mucha gente que lo juzgó y condenó.

Ante la presión y las críticas constantes, sin querer pertenecer al conocido cuento de Blancanieves y los siete enanitos, el padre de la computación sucumbió. Y en 1954 mordió una manzana envenenada que se llevaría consigo todo el conocimiento y la genialidad que, años más tarde, el empresario Steve Jobs, mediante el logo de Apple, intentaría reivindicar.

En pleno siglo XXI esta historia podría parecer lejana y ajena. Pero, ¿es así?

El actual debate que se genera en redes sociales y en el que opinan algunas figuras públicas de Panamá, tiene en muchas ocasiones matices homofóbicos que nos intentan meter de cabeza en el tanque de la intolerancia.

Empezando por aquellos comunicadores que se proclaman heterosexuales e hijos de heterosexuales en sus cuentas de Twitter, cayendo en una redundancia abismal que busca dividir a la gente.

Por ello, es hora de cuestionarnos: ¿bajo qué criterios se informa la ciudadanía panameña? Es comprensible que no todo el mundo está obligado a aprobar la unión entre una pareja del mismo sexo, pero este es el momento indicado para reflexionar y darnos cuenta de que nada ganamos hostigando y criticando a quienes tienen una orientación sexual diferente.

Porque si nos montamos en el barco de la segregación y el odio, terminaremos lanzando por la borda a grandes seres humanos: peluqueros, reconocidos diseñadores de moda, periodistas, compañeros de trabajo o familiares que se ven obligados a enfrentar una sociedad que a veces intenta decidir por ellas y ellos.

La autora es periodista

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