Derechos humanos

La gran tragedia inmigratoria

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El 23 de septiembre de 2014, tuve el privilegio de que La Prensa publicara mi columna “Efectos de la avalancha inmigratoria”, donde expuse algunos de los aspectos y conceptos que recogí en mis investigaciones sobre el caso concreto de la inmigración a Panamá. Es un tema que desgarra y hay que verlo con mucha objetividad. Los migrantes, o inmigrantes han llegado a América desde hace siglos, esto es suficientemente conocido, no solo por la historia sino por los descendientes de los mismos, de los cuales hacemos parte millones de americanos pobladores de este maravilloso, subyugado, agredido y saqueado continente.

Escribidores y tratadistas, algunos tratando de mostrar erudición caen en el envanecimiento, la arrogancia y la subjetividad. Las inmigraciones -que no invasiones colonialistas – han sido y son valiosas y hasta necesarias, pero, en cada tiempo, momento y lugar pienso deben valorarse y evaluarse las necesidades y posibilidades de cada país. En el siglo XXI, poder dar acogida a esos millones de “extranjeros” que emigran de sus países es difícil, sobre todo para países pequeños con muchas falencias para sus nacionales y nacionalizados en materia laboral, de salud y educación cuyos sistemas están saturados. Cada país latinoamericano, en los momentos de crisis provocadas que vive el mundo de hoy (2019), tiene limitaciones. Sociólogos y expertos señalan que se puede recibir cierta cantidad de inmigrantes que cumplan con los requisitos y necesidades del presente hacia el futuro, no considerarlo así sería irresponsable y podría causar daños en lugar de beneficios y así la solidaridad no funciona, pues aumenta la desatención, que puede generar caos. No hay que ser temerarios.

Recibir inmigrantes sin los controles adecuados de sus conductas sociales y salud sería irresponsable y contraproducente para los propios inmigrantes. No basta hablar el mismo idioma, hay otros factores socioculturales que inciden en el comportamiento que se vive en otros países. No se trata de pretextos, no se trata de exclusión, no se trata de xenofobia – craso error –, estos casos de inmigraciones masivas deben ser tratadas con criterios científicos y sociales y no solo como factor humanitario obligatorio que también debe atender a los propios. La inmigración incontrolada permite abusos, juega vivo y hasta enriquecimiento indebido desde el proceso de ingreso al país y luego con la explotación laboral.

Un factor muy importante es investigar y analizar cuáles son las causas reales y de fondo que causan estas migraciones internacionales y los países que las causan. Allí está el meollo que se aprovecha económica y políticamente, internacionalmente, para doblegar y dominar. ¿Por qué huyen de sus países, desde hace décadas, los mejicanos, colombianos, peruanos, dominicanos y centroamericanos? Esta pesadilla no es nueva, pero algunos criollos, “inversionistas” y agentes interesados no muestran las causas reales, pues se benefician de ellas. Hay que invertir en cooperación y equidad internacional en lugar de guerras, toma de países y supremacías degradantes. ¿Cuándo será esto posible? Tal vez cuando Jesús vuelva a salvar a los pobres, mientras en Colombia van más de 600 mil muertos, en Argentina hay 30 mil desaparecidos y otros miles, todos pobres, son asesinados cada día en toda América Latina. La tragedia criminal no acaba… no alcanzaron a emigrar.

El autor es periodista y analista internacional

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