Arnulfo Arias y la Guardia

Un golpe

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Después de cincuenta años del golpe de Estado, y luego de cuarenta y nueve años del asesinato de Floyd Britton y del mal llamado día de la lealtad, no se ha dicho toda la verdad histórica. Lo que sí se incubó fue una campaña propagandística como la desarrollada por Joseph Goebbels en la Alemania nazi, cuando señalaba: “Si una mentira se repite mil veces se convierte en verdad”. En el golpe de Estado se alude que el Dr. Arias violó un pacto con los militares, pero hay que recordar que las constituciones de 1904, 1941, 1946 eran claras al señalar la existencia de tres poderes que trabajarían en armónica colaboración, el Ejecutivo, Legislativo y el Judicial; en ningún momento se mencionaba un cuarto poder, localizado en la comandancia de la Guardia Nacional. El jefe supremo de la misma era el presidente electo. Era la persona señalada para hacer las rotaciones a los jefes de cuarteles.

Una vez tomado posesión del cargo, al doctor Arnulfo Arias se le atribuyeron muchos excesos, como el de haber despojado de la curul a varios diputados. Pero los que esgrimen ese hecho no dicen que uno de esos diputados el día de las elecciones se había dedicado a robar urnas, y una de las personas que ofreció resistencia a sus fechorías fue una enfermera, la cual fue atacada brutalmente a patadas. De ese mismo candidato, muchas personas recuerdan que a él y a sus compinches por casi lo linchan en el Boulevard Balboa. Lo salvó la Guardia Nacional. ¿Por qué días después del golpe disfrutó de un alto cargo gubernamental? Ante los desmanes de este político, ¿qué hizo la Guardia Nacional? No hizo nada. Nunca fue castigado. Al otro candidato, supuestamente despojado de la curul, se le descubrió en la Imprenta Nacional, (Imprenta de la Nación) que se le estaban confeccionando afiches para promover su candidatura. ¿No es eso peculado de uso? Tampoco fue castigado. Años después, esa persona fue embajador en Argentina, ¿por qué no siguió como embajador en ese país? ¿Qué ocurrió? En resumidas cuentas, el dueño de la corrupción era el doctor Arnulfo Arias y no el presidente saliente Marcos Robles.

En 1968, el presidente electo era una piedra en las botas de los militares que los incomodaba en su caminar; estos oficiales de la Guardia Nacional no eran ningunos ángeles guardianes del orden constitucional. ¿Cuál era el temor? ¿Que se abriera la caja de Pandora? ¿Había corrupción en el Instituto Armado? ¿Algunas vez hubo algún informe de los ingresos obtenidos en el penal de Coiba? ¿Había contrabando de armas? Además de otras cosas, ¿quiénes se beneficiaban? El escalafón no fue violado por el doctor Arias, el mismo era violado por los propios comandantes desde que se pasó de Policía Nacional a Guardia Nacional, en 1953. En una entrevista realizada por este periódico al coronel Boris Martínez y publicada el domingo 10 de octubre de 1980, se señalaba: “El plan fue concebido en la Guardia Nacional mucho antes, como una respuesta a una posible escalada comunista para tomarse el gobierno”, quiénes eran esos comunistas imaginarios. Boris Martínez era un ferviente seguidor de la política de seguridad nacional, esgrimida por el Departamento de Estado de Estados Unidos, de marxista-leninista no tenía nada, los odiaba. ¿Quién fue uno de los primeros dirigentes estudiantiles encarcelados y luego asesinado? Floyd Britton. Otros de los argumentos era que el doctor Arias había designado como jefe de la Guardia Presidencial a su edecán Luis Carlos Díaz Duque, entonces es saludable preguntar por qué la noche del 11 de octubre el oficial de turno que estaba en la presidencia no se sumó a la asonada golpista.

El mismo Boris Martínez siempre ha declarado que el golpe de Estado estaba programado para realizarse en el mes de marzo, además de decir que el día once ellos no contaban con una figura para colocar en el Palacio de las Garzas, no tiene sentido; esa noche por la comandancia desfilaron muchas prestantes figuras que rápidamente fueron desechadas, colocando a dos selectas marionetas. El coronel Martínez nunca quiso decir que dentro de la oficialidad no hubo homogeneidad en ese levantamiento militar, muchos oficiales y suboficiales no lo apoyaron por ser constitucionalistas. ¿A qué oficial de la Guardia Nacional realmente le correspondía ser comandante? No era a Torrijos, no era a Martínez ni mucho menos a ninguno de los sublevados. ¿Por qué nunca se ha querido mencionar su nombre? Por el contrario, fue encarcelado y deportado del país.

Si ellos eran los salvadores de la patria por qué hubo encarcelamientos, deportaciones, muertos y desaparecidos, a qué se debió la persecución a tantos agricultores en las tierras altas chiricanas.

Al coronel Boris Martínez lo traicionó su propio amigo. La declaración de este coronel salvó a Torrijos de ser dado de baja en la Guardia Nacional, y muchos no recuerdan que meses después de estar radicado en Miami, en la estación de gasolina donde laboraba, un anciano se le acercó y le dijo: “Jovencito Martínez, nadie sabe para quién trabaja”.

El autor es ciudadano

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