Mercado laboral

La formación profesional

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La ingente cantidad de análisis y debates nacionales sobre la necesidad de alineación entre la oferta de formación profesional y la demanda de los puestos de trabajo es lo suficientemente amplia como para identificar las acciones a priorizar en cuanto a la conexión de la oferta y la demanda del empleo. Organizaciones internacionales como OIT, CAF, BID y otras asociaciones y gremios nacionales han apuntalado diagnósticos y propuestas que resaltan el valor y la relevancia de la formación profesional como opción efectiva para atacar el desempleo que afecta, principalmente, grupos vulnerables como los jóvenes y mujeres.

El panorama actual de la formación profesional es un reto complejo. Por un lado, la diversidad en estudiantes e instituciones, y por otro lado, los programas con enfoques o énfasis en ofertas que no se ajustan a las demandas del mercado, fundamentalmente en lo concerniente a las competencias. No obstante, el tema de pertinencia es solo una de las aristas de la complejidad del sistema de formación profesional.

Lo anterior cobra sentido ante las cifras alarmantes que se divulgan sobre la deserción escolar. Se tienen registros de que unos 24 mil niños y jóvenes trabajan en lugar de asistir a la escuela, además de que más de la mitad de los jóvenes que ingresan a la universidad desertan en el primer año. Sin duda alguna, las repercusiones del abandono escolar se reflejan en la probabilidad de conseguir empleo, además de los efectos en el nivel de ingreso y la formalidad del empleo.

Estudios regionales y nacionales indican que 5 de los 10 puestos más difíciles de cubrir son de nivel técnico (secretarias, ventas, trabajadores calificados, conductores). Mientras que 36% de los empleadores indican tener dificultades para cubrir sus vacantes. Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el informe Panorama Laboral 2017, reporta para Panamá en promedio de los años 2013 a 2017 una tasa global de ocupación del 61.04, lo que indica que, en promedio, el 38.96% de la población no está vinculada laboralmente. En la población de 15 a 24 años esta tasa de jóvenes que no está vinculada laboralmente representa el 60.7% para el mismo período indicado.

Se amerita con urgencia enfoques programáticos de las iniciativas nacionales y regionales que conecten con las realidades sectoriales y vocación productiva de los territorios, en donde la formación profesional sirva de puente hacia una economía diversificada, sobre todo cuando el impacto potencial de la innovación tecnológica le abre las puertas al futuro del empleo. Ya se tienen estudios sobre las estimaciones del número de puestos de trabajo que se crearán y que se destruirán, lo que supone como reto la necesidad de introducir innovaciones al proceso mismo de la formación técnica profesional que haga posible la conexión de la oferta formativa a las nuevas condiciones para las inversiones productivas y aumentos de la productividad.

Para afianzar la conexión entre los puntos señalados como nuevas demandas de formación se amerita de un modelo de formación inteligente, es decir, un detallado estudio que defina, considerando el contexto tecnológico futuro, las habilidades que ganarán, mantendrán o perderán importancia o relevancia en las distintas ocupaciones, además de las habilidades blandas que son parte de la formación integral, como son: las habilidades de comunicación, creatividad, análisis crítico y solución de problemas, entre otras. Es importante reconocer la claridad y consenso de los sectores productivos en cuanto a la necesidad de un centro de investigación educativa que produzca información relevante para tomar decisiones y evaluar el proceso formativo. Pasar del modelo de materias a competencias para el siglo XXI.

En definitiva, el cierre de la brecha de productividad del recurso humano y la generación de empleos de calidad requiere de la adecuada alineación de las políticas educativas y laborales. Para ello es imprescindible desarrollar capacidades y competencias institucionales y organizacionales, dimensionar la pertinencia e impacto de los programas formativos y promover la activa colaboración de todos los actores involucrados empleadores y trabajadores.

El autor es consultor estratégico y catedrático.

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