Rogelio Herrera

Me esfuerzo por ser justa

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Nunca y siempre, palabras absolutas que leemos a diario y escuchamos en noticieros. En un reciente reporte ofrecido por BBC News Mundo, sugiere que “usar palabras como ‘siempre’, ‘ nunca’ y ‘absolutamente’ puede ser un indicio de depresión”. Sería preocupante si todo lo que vemos, escuchamos y leemos nos llevan a la conclusión de que nada se puede hacer para mejorar.

Traigo a la memoria a mi esposo, quien era profesor de historia y filosofía, además de periodista, explicaba que las palabras absolutas no se pueden cumplir, sino en lo etéreo porque trasciende más allá de la vida que conocemos.

Decir que todos los abogados son corruptos o que todos los médicos son negociadores de la vida por dinero, no sería ni meridianamente justo para estos profesionales. No podemos decir que el país está en franca decadencia por las malas acciones de algunos.

La característica principal que definió a mi esposo, profesor Rogelio Herrera, era que no cambiaba su manera vertical de pensar y actuar. En los momentos más recalcitrantes de la dictadura militar alzó su voz sin miedo. Fue socio fundador del diario La Prensa, en los tiempos cuando la democracia solo era una palabra al viento.

Buscado y sacado de la emisora que dirigía para ser detenido y llevado al Cuartel de la Policía en Chitré, por denunciar los atropellos contra los panameños, detenciones que se repitieron una y otra vez. Llevado junto con siete personas más, en calidad de preso político, para la invasión a Panamá. Sin alimentos, encerrados en un bus que era el parachoques si los norteamericanos atacaban a las Fuerzas de Defensa en Chitré.

No figuró entre los ministros del nuevo gobierno porque consideraba que los partidos políticos se apartan de las verdaderas luchas sociales. Nunca se dejó comprar, no se dejó intimidar, no se dejaba manipular, mantuvo hasta el final de sus días sus ideales erguidos.

Yo lo conocí en 1991, después de esos eventos que no mitigaron su lucha por una verdadera democracia; su vida siguió siendo la voz para aquellos que no eran escuchados. No lograron callarlo ni cuando me pasaron la factura por esa vida de lucha, nada lo detuvo.

Hace más de dos años el Señor lo llamó a su presencia, contra su mandato solo nos queda aceptar, el Juez Supremo es quien decide y ejecuta.

Retomo dos cosas importantes, dentro de las más importantes, el “siempre” y el “nunca” como términos absolutos y el derecho que nos asiste a los que no somos ni corruptos, ni comprables y que merecemos respeto.

Decir: “Siempre gana la corrupción” o “Nunca tendremos verdadera democracia”, está sumiendo a nuestra sociedad en un estado de insatisfacción extrema que puede degenerar en actos violento como hacer justicia por su mano; hasta podría rayar en apología del delito.

“En un análisis de más de 6,400 personas, palabras como ‘siempre’ y ‘nunca’, acompañadas de otras palabras consideradas como absolutas, son usadas por personas deprimidas, ansiosas y en general en personas altamente propensas al suicidio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 300 millones de personas sufren depresión en el mundo. En el peor de los casos puede llevar al suicidio, que es la segunda causa de muerte en personas entre 15 y 29 años." ( BBC News Mundo)

Traigo este estudio a colación porque como actores de la sociedad, cada uno de nosotros debemos aportar, en democracia, sin violentar las leyes y con suma responsabilidad, los aportes positivos para cambiar el paradigma. ¿Cuál es la solución? ¿Si a un médico se le muere un paciente en la Caja de Seguro Social por, comprobada mala praxis, la mejor decisión sería destituir a todos los médicos de esa institución?

La fiebre no está en las sábanas, la fiebre está en la persona que la tiene. Evitar la fiebre debe ser el fin. Realizar un trabajo de conciencia social, me refiero a los valores positivos, que inicia en el hogar como la sociedad en miniatura, continúa en los salones de clases, persiste en las universidades y finalmente en el profesional probo que necesita la patria. Si hay corrupción, investíguese, señálese a los individuos y respétense los derechos que les asisten. No hay que temer al respeto a los derechos humanos como si habláramos de una patente de corso que inmuniza al corrupto.

A mi esposo: Me esfuerzo por ser feliz, busco lo positivo en medio de lobos rapaces, me esfuerzo por ser justa, creo en la humanidad, a pesar de las adversidades. Quiero que sepas que tu paso por esta vida nunca será echado al olvido. Admiro ese sentido de equidad, lucha y perseverancia y gracias por haberme hecho feliz. Me pediste que sea feliz y lo procuraré hasta el último día de mi vida. Hasta siempre…

La autora es abogada y docente universitaria

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