PASO 3:

Hay que entender la corrupción

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De acuerdo con un informe de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), entre el 2009 y 2014 el partido panameñista recibió $10.7 millones por parte de Odebrecht. Nuestro presidente asegura que no fueron coimas sino donaciones. El presidente también defiende las donaciones al decir que Odebrecht no era cuestionada por corrupción al momento de efectuar las donaciones. Esta situación nos pone a pensar a varios. Si esas donaciones no cuentan como corrupción, entonces ¿qué es corrupción? Y si no sabemos qué es corrupción, ¿cómo podemos medirla y controlarla?

Ni siquiera los llamados expertos en temas de corrupción están de acuerdo con la definición de corrupción. Un sinnúmero de publicaciones académicas y de organismos internacionales han intentado definir el concepto y, sin embargo, aún no existe un consenso global. La discusión sobre qué cuenta como corrupción es vtan vieja como la civilización y la religión. Para el cristianismo, las almas se dividen entre puras y corruptas. Varios historiadores concluyen que la palabra latina corruptio, que significa corrupción, tiene raíces bíblicas y es clave en la interpretación de la Biblia. ¿Fue Adán corrupto al comerse la manzana en el jardín de Edén?

En la antigua Roma, el concepto de corrupción pasó a ser aplicado más específicamente en el ámbito público, en donde un funcionario era calificado como corrupto si no hacía lo justo. En el islamismo, el concepto de corrupción fue introducido a sus leyes por sus autoridades en el siglo XI, al estipular diferentes modalidades de corrupción. Sin embargo, las autoridades islámicas entendían el gran daño que le hacía la corrupción al Estado y las limitaciones que existe al apegarse a la definición legal de corrupción. Para ellos, lo que verdaderamente importaba era la intención del acto. El concepto de corrupción ha continuado evolucionando a través de la historia e, inclusive, ha sido un tema central para pensadores un poco más contemporáneos, como Maquiavelo, Montesquieu y Rousseau, quienes veían la corrupción como el peor mal del Estado.

La definición de corrupción por parte de Transparencia Internacional, la cual es la más comúnmente utilizada actualmente, es “el abuso del poder público para beneficio personal”. El problema con esta definición es que lo que cuenta como “abuso” y “beneficio personal” no está especificado. En 2011, Valter Lavítola, quien era intermediario entre Finmeccanica y el Gobierno de Panamá, por contratos de $250 millones, pagó unas vacaciones a Ricardo Martinelli, Riccardo Francolini y demás comitiva en un lujoso hotel en la isla de Cerdeña (Italia). Dicho viaje le costó a Lavítola $86 mil, e incluía bebidas alcohólicas, manjares, tabaco, habitaciones lujosas y hasta un yate. ¿Debería contar este viaje como abuso de poder y beneficio personal? ¿O se debe considerar una misión oficial? Ni en Italia ni en Panamá hay un caso por corrupción por este viaje.

Otra de las formas más comunes de definir corrupción es de acuerdo a lo que establece la ley. La definición legal de corrupción generalmente está enfocada en coimas, malversación, apropiación, enriquecimiento injustificado y tráfico de influencias. Estas son algunas de las modalidades de delitos contra la administración pública contemplados en nuestro Código Penal. Los problemas con apegarse a la definición legal son varios, pero fundamentalmente radican en que no todos los actos corruptos son ilegales. La definición legal de corrupción en Panamá excluye otras conductas consideradas incorrectas y corruptas por la población. Por ejemplo, favoritismo, nepotismo, patronazgo, clientelismo, parcialidad en un trámite y la donación a campañas electorales amarradas a promesas para realizar un acto en particular de ser elegido.

Lo interesante de la hazaña de definir el concepto de corrupción es que hay mucha sabiduría en el pueblo. En países donde hay mucha corrupción como, por ejemplo, Uganda, India y Filipinas, la población define corrupción y la condena de la misma forma como la define y condena la población de países con bajos niveles de corrupción, como Dinamarca, Finlandia y Suecia. Evidencia de muchas encuestas en los últimos años revelan que la población en general ve el problema de corrupción como uno de integridad pública e imparcialidad, en vez de uno de violación a lo establecido en el Código Penal.

Para poder luchar contra la corrupción, primero hay que entenderla. Para entenderla hay que definirla y medirla, saber qué funciona y qué no. Una de las razones principales por las cuales varias políticas públicas de anticorrupción no han funcionado es porque están elaboradas bajo un entendimiento erróneo de lo que es corrupción.

La corrupción, en lo más profundo de su análisis, nos lleva a lo que ya muy sabiamente ha concluido la población. Un gobierno corrupto es uno que no nos trata por igual y que se toman decisiones considerando los antecedentes o características de una persona. Corrupción es parcialidad y favoritismo.

El autor es ciudadano

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