CELEBRACIÓN

La ciudad y el circo del Séptimo Día

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Para los que siguen mi palabra escrita, conocen que los temas que motivan la palabra de mis entregas de opinión, son aquellos que responden de manera espontánea a un análisis profundo... Van girando de lo general a lo particular, de lo personal y de allí extrapolando a lo social. Tienen por lo general una dimensión territorial, escala que ancla la reflexión de mi propia cotidianidad, donde lo temporal también toma expresión.

Recientemente, el Séptimo Día: no descansaré, fue el espectáculo que presentó la compañía Cirque du Soleil en Panamá. La creativa propuesta llega a Panamá como parte de una gira latinoamericana que rindió tributo a una de las bandas de rock más influyentes y emblemáticas de América Latina. Soda Stereo es un fenómeno cultural que amerita una reflexión en el contexto del imaginario regional y que no hablaré aquí en profundidad, sino como recurso para hilvanar otras ideas.

Séptimo Día: no descansaré, es el espectáculo que construye el Cirque du Soleil utilizando 21 canciones -de la larga trayectoria discográfica de la banda- para llevar al espectador a un viaje por la lírica, la mente y la complejidad del pensamiento de sus intérpretes y compositores. La troupe en magnífico espectáculo de luz, sonido y movimiento nos hizo explotar en alegría y unión entre los acróbatas y el público, en una interactiva experiencia que no olvidaré. Imaginación, fantasía, destreza humana, fuerza, energía es a lo que puedo referir a lo visto y cantado en ese espacio de tiempo, luces y acción.

Cirque du Soleil compañía de circo nace en el aniversario 450 de Canadá. En la dimensión temporal, la ciudad de Panamá, primera ciudad fundada en el Pacífico americano, cumplirá el próximo año 500 años. Albergo la idea y posibilidad remota de que el medio milenio de Panamá ciudad, pudiese haberse celebrado con magia, juego, luces, arte y emoción.

A principios de la década de los 90 tuve el privilegio de estar en Santiago de Chile para celebrar los 400 años de fundación y la caída del régimen de Pinochet. Esa noche los ciudadanos – literalmente fuimos consumidos por el fuego, arrastrados por una vorágine, música, juegos pirotécnicos y por la compañía catalana Comediants, quienes en un explosivo espectáculo, se tomaron la plaza del Mercado Central, usando la estructura de acero de Eiffel para deslizar, colgar y lanzar fuegos artificiales sobre la plaza y las gentes. La experiencia fue inolvidable. Ese mismo grupo festejó en 2004 el centenario del nacimiento del Nobel Pablo Neruda con una cabalgata de 150 actores y bandas de música por el centro de esa capital “atrapada por sus símbolos de invierno”. Las gentes vibraron desde la Moneda hasta el Palacio de Bellas Artes en el Parque Forestal recordando “la vida y la obra del autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. El mar, el viaje y, por supuesto, la palabra, como ejes centrales del espectáculo”.

Reconocida Panamá como evento universal, desde la acometida urbana más importante de las Américas. El territorio y ciudad que unió y ha venido uniendo los mares y lugar de paso y trasvase de más de un tercio del oro y la plata del mundo desde entonces. ¿Por qué no pensar para sus 500 años tirar la casa por la ventana y celebrar con un espectáculo lúdico y artístico de alto nivel para estampar en la memoria de los que nos toca vivir el momento, con una impresión indeleble que perdure en el tiempo y en la memoria?

¿Será demasiado soñar en deslumbrar a propios y extraños con una propuesta de alto nivel artístico, de carácter lúdico, de soporte musical, que haga reconocimiento a los valores universales de esta pequeña ciudad que celebra sus 500 años?

Mientras, seguiré recordando, cantando y escribiendo de los cuentos que me traen los recuerdos. Me conformaré con el sueño y la magia de otros actores contemporáneos pertenecientes a la cultura latinoamericana, que bajo la propuesta de “los de afuera” me dejaron el sabor de haber sido - en el séptimo día- la gran persiana americana, de la que pudo haber sido y no será, la celebración de los 500 años de la ciudad de Panamá.

El autor es ingeniero

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