Marco y Saúl

Dos caras de una misma moneda

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Desde el podio de aquel segundo debate oficial, el único colonense entre siete candidatos presidenciales asaltó las puertas de esta elección cuando espetó: “¿cómo mutaste de rata a fumigador de ratas?” Marco Ameglio, conspicuo exdiputado arnulfista y luchador demócrata, encajó la andanada con una sonrisa evocadora. Y las redes explotaron.

Marco y Saúl, luchando contra Noriega, siempre con un pie entre clandestinidad y exilio, ninguno sabía cuándo la guardia recetaría un coctel de perdigones sazonado con carcelazo.

Durante 100 años, heroicidades y temores colisionan en el alma de cada Belisario Porras, Victoriano, Arnulfo, Endara, Blandón y el propio Marco. ¿Acaso sería diferente en la de un colonense?

115 años de historia han visto nacer y desaparecer 135 partidos. Entre ellos, ocho liberales, sapientes maquinarias del timo electoral, pero también de aquel Roberto Francisco Chiari, “presidente de la dignidad”. Con la caída del Liberal Nacional de Joaquín Franco III, 2004 despide 100 años de vigencia de sus partidos. Medio siglo antes partiría la Coalición Patriótica Nacional misma que encaramó a dos presidentes.

Ninguno regresa (tampoco Marco). Los entierra el nepotismo, caciquismo, clientelismo, rebusca, fraude, entreguismo antinacionalista, sumisión a los intereses de cúpulas oligárquicas, todas monedas de curso corriente en las pugnas entre facciones por la teta del Estado.

Ya en 1930, el periodista Jeptha B. Duncan denuncia, “los puestos públicos son regalías reservadas para los (liberales) chiaristas”. Juan Demóstenes Arosemena relata la forma vergonzosa en que cobraban “coimas por servicios”.

En 1984, aprovechando el retorno de las elecciones presidenciales recién consentidas por los militares, tres partidos de izquierda postulan candidatos. Luchando contra el lastre histórico de la atomización y la inexperiencia electoral, resisten apelar a unas “exitosas” técnicas del marketing de la corrupción para seducir el voto. Cuando desaparecen, apenas un puñado de analistas visualiza la tragedia democrática de una estrecha oferta ideológica liberal.

En su inconformidad escogen, Marco, el camino de fumigar partidos, Saúl, el de mejorarlos.

En 2018 conocimos los esfuerzos por reinscribir el Frente Amplio por la Democracia, FAD.

El sindicalista no tardó en hacernos volver la cara cuando reaparece ante cámaras con la denuncia filosa, ahora enfundada en saco y corbata roja. Tan pasado de elegante lució en debates y cabalgatas, que “fashionistas” lo ironizan como “el candidato mejor vestido”. Donde sí derraparon los intentos de domesticar al león fue en una persistente barba de candado y el muy colonense tumbao cuando habla y camina.

El FAD alcanza el galardón de “primer partido que retorna”, a pesar del alarmismo conservador que desde Torrijos acoquina a la centro-izquierda con el ¡viene el comunismo!

Ultraizquierdistas lo descalifican por reformista del sistema y conciliador con el empresario honesto. Llaman a la abstención cuando su imaginado redentor pareció asimilado por un sistema que denuncian como dibujado a imagen y semejanza de los partidos oligárquicos.

Estrategas oficiosos apostaban a que FAD seleccionaría como vice al Dr. Richard Morales y su curioso nombre de presidente. Maribel Gordón se les antojó, demasiado clon de Méndez como para sumar nuevos simpatizantes. Sin embargo, las redes no descalifican a la “profe”- ya eso es bastante- cuando explica aquello de “gente de manos limpias”.

Analistas conspicuos advierten, con la desaparición del torrijismo y la derechización PRD, una oferta electoral terminaba agotada en el neoliberalismo de seis candidatos. Con Saúl, luego de 35 años de monocolor, regresaría el abanico ideológico a la contienda.

Dos combatientes callejeros curtidos en suficientes angustias de lacrimógenas aceptan el llamado de una historia que les mandata asumir dos caras de una misma moneda. Aquella sonrisa espontánea de Marco selló la bienvenida a Saúl a un juego desigual, y que desde posturas antagónicas, ambos coinciden en denunciar con verticalidad.

El autor es analista político

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