Formación de opinión

‘¿Por qué no te callas?’

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Vivimos en un mundo muy cambiante y rápido. La información vuela, literalmente, y puede en muchas ocasiones dejar atrás y confundidas a las personas.

Muchos de los problemas que tenemos se deben a una falta de comprensión de aquello que se transmite, generando noticias menos reales, pues mezclan parte del mensaje original con algo de lo que ha comprendido el público.

Las redes sociales se han convertido en lo que otrora eran las plazas y parques en donde las personas se reunían a dialogar, y a enterarse de las novedades. Ahora no hay que salir, ni estar frente a alguien físicamente para tener una conversación o más comúnmente, una discusión.

Antes, el diálogo era obligatoriamente presencial, con lo que los interlocutores medían el tono que querían darle a la temática tratada, ya fuera por respeto o simplemente por guardar las apariencias con quienes pudieran estar cerca para escuchar.

Por las razones que fuere, la mayoría de las veces no se llegaba a tonos violentos ni ofensivos.

Actualmente, esa cuasi ubicuidad que nos proporcionan las redes sociales permite a quien tenga un teléfono inteligente manejar toneladas de información, generada en cualquier parte del planeta.

“ El que mucho abarca, poco aprieta”, reza el refrán. De esa misma manera, hoy estamos informados de todo lo que sucede en el mundo, pero no comprendemos nada.

Mientras una coalición internacional ataca Siria, una de las Kardashian tiene un bebé, y discute con aquel que lo engendró.

Así de divergente es la información que manejamos, sin priorizar lo que realmente es importante y lo que nos afecta.

Panamá no escapa de esa realidad.

Mientras políticos de rancio olor siguen haciendo lo que han hecho por décadas, enquistados en el sistema robando al erario público, creando leyes absurdas o peor aún, creando leyes que los hagan impunes, los panameños estamos preocupados por cuántos días faltan para que se inicie la Copa Mundial de Fútbol.

Vivimos en un universo distinto al que viven en Nicaragua y Venezuela, pues como aquí aún no hemos pasado hambre, no nos preocupa que pueblos vecinos sí estén sufriendo ese flagelo.

Un dato chocante: aquí también hay panameños que pasan hambre y todo tipo de necesidades, pero elegimos mirar para otro lado, pues “en mi casa no pasa eso”. Amigo lector, le completo la frase, “ no pasa eso aún”.

Si nos mantenemos en el letargo actual, si permitimos que el sopor que nos causan las “noticias”, siempre selectivas, siga dictando la norma en la actitud que vamos a asumir frente a la crisis inminente que existe en Panamá, echemos una mirada al futuro cercano: mirémonos en los espejos de Venezuela y Nicaragua, naciones que estallan en violencia y sufrimiento por haber permitido que su clase política hiciera lo que le vino en gana, hasta el punto de matar el país.

Hace falta gente con criterio y valor para decirles “hasta aquí, basta ya” a quienes han venido tejiendo la maraña de desastres que tienen a la CSS al borde de la quiebra.

Faltó un diputado comprometido y serio que detuviera el balbuceo ininteligible del secretario general de la Asamblea, y pusiera orden en ese recinto. No hubo ni uno solo que lo hiciera.

Esos mismos que hicieron mutis pronto aparecerán dando gritos y voces pidiendo nuestros votos, prometiendo cielo y tierra.

Es el momento de decirles, al mejor estilo de Juan Carlos I, “¿por qué no te callas?”, y buscar mejores alternativas.

No a la reelección de lo mismo.

¡Despertemos!

¡Dios nos ayude!

El autor es ingeniero civil

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