Torrijos y los tratados

La bayoneta y la cruz

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De acuerdo al respetado historiador Carlos Guevara Mann en artículo publicado el 22 de agosto en La Prensa, la génesis de la corrupción actual radica en el gobierno militar (1968-1989). Mann también afirma que ninguna ideología o patriotismo inspiró el golpe militar. Asegura que el motivo fue, simple y sencillamente, defender las coimas e ingresos de la Guardia Nacional, prebendas que Arnulfo Arias amenazaba cortarle a la Guardia Nacional. Fue de acuerdo a Mann, pura avaricia.

Su mensaje más categórico fue cuando sugirió “estudiar con seriedad nuestra historia en este periodo”. Aquí es donde todo historiador, intelectual, o pichón universitario, comienza a llorar, a gritar, a olvidarse del respeto académico por aquellos que debiesen estar enseñando en la Universidad de Panamá. ¿Estudiar qué? Los historiadores debiesen estar buscando verdades para enseñarnos nuestro glorioso, o tenebroso, pasado.

¿Cuál es nuestra verdadera historia? ¿La que escribe Mann? Con la cual no estoy de acuerdo parcialmente. O la del club de momias del Partido Revolucionario Democrático (PRD), que tienden a sacrificar la historia por glorificar al dictador. El club de estudiosos de la historia panameña, que reclama Mann ya desapareció de la vida estudiantil. ¡El proyecto de hacernos imbéciles, ha triunfado!

Hoy en la víspera del 7 de septiembre que celebra en nuestro calendario el aniversario 41 de los tratados Torrijos-Carter. Y las preguntas de rigor son, ¿Qué significan para el panameño de hoy esos tratados? ¿Quién fue el dictador Torrijos? ¿Quién fue el presidente Jimmy Carter? ¿Cuál fue su precio? Las interrogantes, son inmensas. El presidente Carter fue condecorado el 14 de enero de 2016, en Atlanta Georgia, por el presidente Varela, con la máxima condecoración panameña, la Manuel Amador Guerrero.

Basado en hechos históricos, considero que fue una condecoración harto merecida. No soy partidario de reconocimientos de políticos a otros políticos, ya que normalmente son moralmente objetos del mal, que perpetúan el mal. Pero esta condecoración fue más que merecida. Esos tratados le costaron la presidencia. Su costo político fue enorme; fue un desastre para el partido Demócrata. Los zonians y los republicanos jamás se lo perdonaron. Ni se lo perdonarán nunca.

Con un sentido de integridad, convicción moral intachable y amparándose en el principio cristiano “practica lo que predicas”, Carter actuó a pesar de que sabía que pagaría con su muerte política. Estadista incuestionable, según sus propias palabras, hizo “justo lo que tenía que hacer”. Y fue premiado con el Nobel de la Paz en 2002. Su defensa de los derechos humanos y su ejemplo como caballero distan mucho del carácter de muchos de los zánganos que acompañaron al presidente Varela en un acto que debiese ser un hito en nuestra historia.

¡El triunfo de un héroe! Eso es lo que Carter es para mí; un héroe que nos defendió cuando lo necesitábamos. Dudo mucho que ningún historiador si es que todavía existirán a futuro, refute el homenaje que en esta fecha le brindamos.

Torrijos tiene sus fanáticos y sus detractores. Y tiene sus bayonetas cubiertas con sangre debajo de las alfombras de los viejos cuarteles. Existen documentos de torturas y muertes algunas presenciadas por mí estando detenido en el G2. Torrijos no fue un estadista. Y la Guardia Nacional estaba plagada de cobardes a quienes gustaba golpear a su pueblo.

Discrepo de cualquier historiador que pretenda elevar su importancia más allá del contexto histórico. Torrijos era radical, y carismático, respetado y admirado por muchos, especialmente por el pueblo. Es sin lugar a dudas, parte integral de la celebración de mañana. Su tesón para que los tratados fuesen firmados, es incuestionable. Pero su historia es la de una cruz y una bayoneta.

Pagamos un precio alto por este día. Tan alto que molesta que unos burócratas universitarios estimulados por mercantilistas de pacotilla, quieran eliminar esta asignatura en la Universidad de Panamá. La vergüenza es total: siete demandas para que la Corte las elimine de su currículo, incluyendo historia de las relaciones Panamá-EU; siete demandas contra el derecho a recordar. El derecho a hacernos preguntas que de poderlas responder, completarían el cuadro de imbecilidad en que quieren sumergirnos. Un pueblo sin historia, sin alma, es un pueblo dócil, comentaban los perros en sus mansiones.

El autor es práctico del Canal de Panamá

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