Política

Voto independiente: ¿es la solución?

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“La democracia es el peor sistema de gobierno, excepto por todos los otros sistemas que han sido probados”. El pensamiento se le atribuye a Churchill, aunque el mismo Churchill en su momento se lo atribuyó a otra persona. Sin embargo, el punto sigue siendo válido: la democracia es un sistema humano, imperfecto y plagado de problemas.

En este sentido, el principal problema que estamos enfrentando actualmente en nuestra democracia tropical es un total desencanto de los votantes con los partidos políticos, así como con los activistas políticos de carrera o “tradicionales”. Este desencanto está plenamente justificado, ante la abundancia de personajes que buscan únicamente su propio beneficio, sumada a la aparente carencia de verdaderos estadistas, como los que alguna vez tuvimos. La mayoría de los votantes parece coincidir en que todos los políticos son corruptos y todos los partidos políticos están conformados únicamente por personas corruptas.

Esta justificada frustración de la ciudadanía se ha venido cociendo como en una olla a presión durante muchos años. Yo mismo simpatizo con el desencanto general y tal vez por esa razón nunca he estado inscrito en un partido. Sin embargo, me preocupa la conclusión a la cual parecen estar llegando muchos votantes.

Desde las elecciones de 2014 viene ganando fuerza el voto antisistema. Este no es un voto a favor de nada; es un voto en contra. Según vengo escuchando últimamente, la mejor oferta que puede hacer un candidato a cualquier puesto en estas próximas elecciones es no pertenecer a ningún partido y no haber participado nunca en política. La etiqueta de “independiente” se está convirtiendo en la más codiciada.

De igual forma han ganado fuerza diversos movimientos y agrupaciones que se autocalifican de “independientes”, pero cuyo propósito claro es influir en la política y en el gobierno. No conozco personalmente a todas estas personas y no tengo por qué dudar de sus intenciones; sin embargo, los invito a todos a analizar si estas campañas antisistema le convienen a nuestro país, pensando en el mediano y largo plazo, o si por el contrario equivalen a “patear el tablero” buscando provocar un cambio, sin considerar que dicho remedio puede fácilmente terminar siendo peor que la enfermedad.

Nuestro problema con los partidos políticos en Panamá no se inició hace 5 ni 10 años: los tres partidos políticos con más miembros hoy nacieron como proyectos personales, y por ende son fuertemente caudillistas. Esto ha ocasionado una tergiversación del verdadero concepto del partido político entre nuestra ciudadanía. Sin embargo, lo cierto es que los partidos políticos surgieron en el mundo para promover y facilitar la participación ciudadana en la vida democrática.

Todos los miembros de un partido político deben compartir ciertos objetivos específicos, valores determinados, principios e ideología. Hasta cierto punto, un verdadero partido político se constituye en una protección contra el caudillismo y contra muchos otros peligros de la democracia. El partido político es el medio legítimo e ideal a través del cual se llega al poder en una democracia representativa.

En mi opinión, una persona o agrupación interesada en participar en política para mejorar el futuro de nuestro país tiene dos opciones: si existe un partido político con cuya ideología simpatiza, debe ingresar en él y trabajar desde adentro para mejorarlo y limpiarlo. Si no existe ese partido, debe lanzarse valientemente al ruedo político para fundar ese movimiento, planteando claramente sus objetivos y su ideología. Ambos serían proyectos difíciles y de largo plazo, como debe ser un verdadero proyecto político bien intencionado. Y ambos serían proyectos que van más allá de una persona, de un caudillo salvador que puede decir hoy una cosa y mañana otra.

Estamos todos frustrados y hartos del sistema; pero por el bien de Panamá debemos entender que ser político no equivale a ser ladrón, ni “partido político” equivale a agrupación corrupta, porque si es así, entonces ya es muy tarde y no hay nada que rescatar.

El autor es empresario 

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