Impunidad

Vivir en Gotham

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El término Gotham fue usado originalmente en Inglaterra para referirse a un sitio donde se criaban cabras (goats, en inglés). En 1807, los autores de una revista popular –Salmagundi– usaron el término para referirse a la Ciudad de Nueva York, parodiando a sus ciudadanos. Desde 1940, el nombre ha sido popularizado por DC Comics en referencia a la ciudad donde vive Bruce Wayne, un multimillonario a quien conocemos como Batman. A la ciudad natal de Bruce Wayne la conocemos en español como “Ciudad Gótica” (que de gótica sólo tiene una traducción accidental). Sabemos que Ciudad Gótica es una alusión a Nueva York, es su “alter ego”: una aberración en la que se convertiría si sus ciudadanos permitieran que el mal prosperara y la justicia durmiera el sueño de los... justos.

De Nueva York, Ciudad Gótica tiene los rascacielos imponentes, y tiene un lado oscuro que no da paso a la luz. En Ciudad Gótica los políticos se codean con mafiosos y participan juntos en negociados millonarios; los jueces esperan diligentes las instrucciones del crimen organizado, acompañadas de incentivos generosos para inclinar sus fallos; los policías patrullan la ciudad por zonas hacia las que son dirigidos, de manera que en otras zonas su ausencia sea cómplice de la criminalidad; los fiscales cometen errores lamentables que anulan evidencia incriminatoria; los pocos justos observan impotentes desde sus esquinas; los soplones son castigados por su falta de lealtad y amanecen muertos o desaparecen. Me atrevo incluso a sugerir que en Ciudad Gótica los grandes contratistas se pisan los talones para cebar las cuentas bancarias de los gobernantes de turno, a cambio de un contrato directo o de un resultado favorable en un acto público.

Ciudad Gótica no sólo está compuesta de villanos. También la habitan ciudadanos comunes: niños que van a la escuela y juegan futbol en las calles; madres que trabajan de día y que de noche preparan la cena; padres que trabajan de día y que de noche apoyan en las labores del hogar. Hay maestros, oficinistas, conductores de bus, empleados públicos, doctores, enfermeras, banqueros, farmaceutas, vendedores y compradores. Pero, ¿dónde está toda esta gente mientras el crimen prospera en su ciudad? ¿Por qué no conocemos sus historias? ¿Acaso no importan? Mi respuesta es sencilla: en efecto, no importan. Los ciudadanos comunes de Ciudad Gótica están ocupados trabajando para pagar sus deudas, para pagar sus clubes y abonar los regalos de navidad, planean pintar su casa en verano, programan el viaje de quinceaños de sus hijas, aseguran el pago de la hipoteca, visitan la próxima feria de autos para comprar el carro que anhelan.

A los ciudadanos de Gotham, con tal que no les afecten sus rutinas, los crímenes que suceden en Ciudad Gótica no les afectan. Si el noticiero anuncia que alguien fue ejecutado a plena luz del día, en algo raro debía estar metido el occiso y seguramente lo merecía. Si alguien admite cometer un crimen y el pago por el crimen se le conmuta en días multa, puede que les indigne, pero no les sorprende y tampoco les afecta. Muchos incluso no escuchan el noticiero, porque está inundado de malas noticias. Ciudad Gótica está llena de ciudadanos prestos a votar en las siguientes elecciones por alguien que robe, porque al final todos roban; pero preferirán que sea alguien que traiga progreso mientras roba.

Los niños en Ciudad Gótica detienen sus juegos de futbol en la calle para observar un auto de lujo pasar. Sueñan conducir uno cuando crezcan, y si nadie les enseña que una vida moral vale más, lo conseguirán a cualquier costo. Algunos inconformes, quizás artistas frustrados, quizás jóvenes idealistas que rehúsan ser parte de un mundo tan corrupto, deciden experimentar con drogas. Otros verán una oportunidad de negocio y suplirán drogas, apuestas clandestinas, sexo prohibido; así lucrarán de la debilidad de los inconformes. Hay quienes se matricularán en un seminario y vestirán una sotana para ocultar sus vicios mientras predican un buen vivir que ni a ellos mismos interesa.

¿Es ofensiva esta descripción? ¿Se asemeja demasiado a la realidad que observamos en nuestro istmo? En la sociedad en que vivimos, el consumismo es venerado mientras los valores se pierden. La justicia juega al escondido junto al mejor postor; los ciudadanos comunes parecemos adormecidos. Recordemos que si bien somos capaces de recrear a la Ciudad Gótica, no hay un Batman esperando que encendamos una luminaria en dirección del cielo para rescatar lo que se pierde. Es hora de dar prioridad a los valores y ponerlos en práctica. Respetemos las reglas, practiquemos el buen vivir, empecemos una campaña para rescatar a nuestra sociedad. En las palabras de John Stuart Mill: “La gente mala no necesita más para lograr sus fines que la mirada indiferente de la gente buena.”

La autora es ingeniera civil con maestría en docencia

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