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Juan José Amado Galindo: ‘Twitter está podrido y se pondrá peor’

Twitter es cada vez más tóxico: argumentos sacados de contexto, descalificaciones, insultos… Juancho Amado se salió de Twitter por lo visceral que se volvió. Hoy, con su peculiar estilo analítico pero sarcástico, cuenta por qué se fue, por qué volvió y por qué deberíamos preocuparnos.

Temas:

Twitter en Panamá es…

Visceral. Imagínate esta noticia: tal entidad se gastó tanto. Si lees, quizá era justificado. La gente ni lee. Solo responde “ratas”. Otro se va con el gusto e Hilde le hace una caricatura y así.

¿Cuántos de los que reciben el calificativo de ratas son ratas?

Yo prefiero ir a la crítica puntual. Y me ahorro la plata del veneno de ratas.

Alguien va a abrir el Twitter panameño. Tu advertencia.

No debatas si no piensas que tu punto puede cambiar. Y ahí la gente no se mide. Es normal ver gente decirle ladrón al otro. Pocos se atreverían a decir eso en la fila de la Arrocha... Pero los que lo reciben sí lo sienten igual que si se los hubieran dicho en persona.

Quizá las redes son el único acceso a los políticos que tiene gran parte de los ciudadanos frustrados, ¿no?

Criticarlos a ellos es criticar nuestro voto: nuestro voto les permitió ganar. Eduquémonos para votar mejor.

¿Qué se comparte más rápido, las noticias positivas o las negativas?

Las negativas. Así están cableados nuestros circuitos. Y como los que estudian eso lo saben, le sacan provecho.

Luego decimos que los medios exaltan lo negativo, pero está en redes también, y ahí la información la controlan los usuarios.

Sí, pero tú sabes que un tuit que genera rabia va a tener más likes que uno que sea informativo. Twitter es un jueguito en el que haces cosas para sentir que ganas. Y por eso nos comportamos como si estuviéramos jugando.

¿Qué pasaría si no existieran ‘likes’?

Lo que escribiéramos y compartiéramos fuera más genuino, sin persuasión. Pondríamos lo que queremos, no lo que queremos que nos validen.

En las elecciones pasadas ya Twitter era tóxico. ¿Por qué ahora es peor?

Porque cada vez más la gente, como en WhatsApp, piensa que es un éxito compartir cosas que ni verifican. Es el síndrome de la primicia. Te llega algo y quieres ser el primero en compartirlo.

Funcionarios que usan bien Twitter.

Dirk Janssen, un titán de lo positivo; Isabel de Saint Malo y José Donderis.

Tres cuentas de civiles no nocivas.

Eddy Vásquez, Felipe Chapman y Alex Newman.

El papá del ‘hate’.

Esa paternidad necesita prueba de ADN.

Los padres de los ‘fake news’.

Uno vive alarmado y el otro tiene las piernas de trapo.

¿Y cuál de los dos pide disculpas cuando se equivoca?

El que no pierde por Knockout.

En general, ¿cuántos tuiteros piden disculpas después de equivocarse?

Muy pocos. Y ahí pasa otra vaina: la gente le tiene una alergia terrible a equivocarse. No está mal… no es el cirujano que te va a operar el corazón.

¿El panameño se informa bien o le hace caso a los ‘fake news’?

No hay cultura de discernir. La gente se deja llevar por lo que lo emociona.

Cosas buenas que impulsa Twitter.

El “no a la reelección”, no como la solución a todos los males, sino como el despertar de la conciencia ciudadana en política y en muchos derechos… Y parar leyes y proyectos perjudiciales.

¿El partido que más defensores tiene a la hora que escribes un tuit?

La Iglesia: los que más se autodefienden. Y el presidente de turno siempre tiene sus defensores.

¿En quién piensas? Tuits pagados.

Juan Carlos Navarro. Y se va amarrando del tema del día, con opiniones diametralmente opuestas.

Autobombo.

José Blandón. No pone su nombre en obras, pero sigue vendiendo como que las obras son por su gestión personal.

El ‘ustedes’, el que no se incluye.

Los panameñistas. Cuando se excluyen del gobierno CD y cuando hacen ver que los que se quejan de que la vaina ta’ dura no entienden.

Campañas de desinformación.

Pro Familia, los anti Lgbti y los antieducación sexual. Traumados con el sexo, básicamente. Pueden pasar días discutiendo con argumentos falsos.

El que vive en un mundo paralelo.

Dulcidio en el tema económico; Martinelli, que miente con una frecuencia y alcance demasiado amplios.

¿Qué candidato o precandidato usa correctamente sus redes?

Lombana, Ana Matilde y Nito. Proponen más de lo que atacan. Pero ninguno me ha respondido mi cuestionario, y que también hice en 2013, a los candidatos. No me lo tienen que responder a mí, pero sería cool que se lo respondieran a la ciudadanía.

Tú en enero de 2018 te fuiste por tres meses de las redes. ¿Por qué?

El ambiente estaba bastante tóxico y quería experimentar otras vías para expresarme, tener diálogo y generar discusión sin estar guiado por esa avalancha que genera la noticia del día. Es como un pánico y todo gira hacia allá.

¿Cómo fue ese tiempo?

Divino. Tuve tiempo de pensar más en cómo organizar mi aporte en redes para tener un efecto más positivo. Y empecé a hacer micropodcasts.

¿Por qué volviste?

Extrañaba la interacción, ja, ja. Pensé que me había replanteado a mí mismo cómo escribir. Como versión 2.0.

¿Y fue así?

Más o menos. Estoy como en versión 1.1. La fuerza de gravedad es grande.

¿Qué cambios hiciste?

Trato de tuitear cosas ilustrativas. Trato de razonar lo que leo. No interactúo con cuentas anónimas. Y tengo la cuenta bien depurada.

¿Sientes Twitter menos tóxico que cuando te fuiste?

No. Está podrido. Y se pondrá peor.

¿Qué cambio le harías a Twitter?

La depuración de cuentas anónimas y falsas. Hoy cualquiera abre cinco cuentas en calzoncillos desde su casa.

¿Cómo detectas una cuenta falsa si no es por el pocotón de números?

Yo tengo todo que perder: pongo mi nombre y foto. Me da alergia cualquiera que no responda por lo que escribe.

¿Aquí la gente capta el sarcasmo?

Pocos. Hay mucho bruto. Mucha gente con sentido del humor estítico.

Retuits, ¿‘pienso lo mismo’, ‘miren, está bestializado…?

“Entérense de esto”.

Tres temas que es mejor no tocar en Twitter. ¿O ninguno?

Cualquier tema debería ser válido, pero uno se da cuenta rápido si el tema no va a llegar a nada.

Las tres cosas que más te indignan.

Cuando hablan mal de alguien sin dar mention. Cuando alguien se mete en una discusión, no quiere que le discutan más y cierra con el lapidario “buenas noches”. Que Twitter me muestre los tuits de gente que no sigo: no los sigo adrede. Los que dan instrucciones: ¿quién chu… se creen pa’ mandar a otros? Y los que para validar su argumento menosprecian a su país, como banana republic o congolandia.

¿Los periodistas deben poder tener su cuenta en redes o no?

Cómo no. La libertad de expresión es triqui, porque la gente piensa que hay un límite. El límite es que puedes desprestigiarte o ganar prestigio por lo que escribes. Tú puedes mentir todo el día, pero debes saber que al final serás visto como un mentiroso.

¿Cuándo bloqueas y cuándo dejas de seguir a alguien?

Bloqueo a los que repetidamente insultan o descalifican. Unfollow a los que no escriben o escriben necedades misceláneas. Es como la dieta. Comes lo que piensas que te va a hacer bien.

¿Qué le contestas a quienes dicen que salgamos de la comodidad del teclado y vayamos a la calle?

Hacer una manifestación en la calle no es más ni menos válido que mandar tuits. El trabajo es hacerlo continuo.

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