LEGADO DE LA DIPLOMACIA PREVENTIVA

Tratados Torrijos Carter

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Consenso y racionalidad negociadora de la diplomacia preventiva permitieron instituir el título del Canal en la Constitución Política y dotarle de una Ley Orgánica a la Autoridad del Canal de Panamá, para que asegurara el eficiente y rentable funcionamiento de una empresa pública que se ha constituido en pilar del desarrollo humano y socioeconómico del país.

Los pueblos que desconocen u olvidan su historia pierden su identidad, y por tanto rememorar este acontecimiento es fortalecer la conciencia crítica de nuestras juventudes frente al complejo proceso de negociación que culminó con la firma de los tratados el 7 de septiembre de 1977. Un escenario en que la determinación y la tenacidad diplomática, inspirada en la lucha de los mártires de 1964 y de generaciones de patriotas que dieron su cuota por la reivindicación de la jurisdicción nacional y del Canal, crearon las condiciones histórico-políticas que forjaron un sentimiento de unidad y pertenencia entre los panameños.

El diseño de una administración estatal de un Canal indispensable en el desarrollo del comercio marítimo internacional y la reversión en beneficios sociales de la actividad interoceánica hacia su legítimo dueño, el pueblo panameño, se constituyeron en desafíos de la visión estratégica del general Omar Torrijos, y se logró no solo la derogación del Tratado de 1903 y su ignominiosa cláusula de perpetuidad, sino que estableció el término de la presencia militar estadounidense.

Un momento histórico vivimos hoy con la eficiente administración por los panameños, un escenario en que se superaron los mitos y miedos infundados, y de lo equivocados que estaban los detractores del Tratado, que en el Congreso de Estados Unidos señalaban que “Panamá no tenía capacidad para administrarlo y que la corrupción endémica arruinaría su administración”.

A pesar de injustos prejuicios, superado el trauma de una invasión, no solo los panameños hemos ampliado el Canal, sino que la experiencia administrativa de los últimos 17 años ha revelado una capacidad de gestión que supera las expectativas de los usuarios. Incluso pese a problemas crónicos de violencia en un país fronterizo, los panameños, recurriendo a la diplomacia preventiva, hemos sabido mantener una neutralidad sustentada en una sociedad estable que es nuestro principal activo.

Sin embargo, nos encontramos ante el umbral de acontecimientos que pueden poner en cuestionamiento la neutralidad de la vía interoceánica, precisamente cuando el liderazgo estadounidense en forma recurrente invoca tradicionales esquemas de seguridad hemisférica, presagiando aventuras guerreristas de la diplomacia de las cañoneras que se creían superadas en la región. Mientras, se trastocan compromisos mundiales para mitigar los cambios climáticos y se alienta retóricamente la amenaza de una conflagración nuclear en la península coreana.

Inminente peligro exponencial e innecesario ligar al país a la continuidad de un pasado ignominioso, como único aliado latinoamericano en la coalición contra ISIS, tal como se vanagloriara el vicepresidente Michael Pence. Lecciones aprendidas, los atentados terroristas en Europa responden a políticas subordinadas de algunos gobiernos, ello aconseja prudencia diplomática, rechazar contubernios en alianzas militares que comprometen al país como blanco de represalias a la estabilidad política y vulnerabilidad del Canal.

Cuatro décadas transcurridas desde la firma de los Tratados Torrijos-Carter confirman la dimensión histórica del general Omar Torrijos y su equipo negociador. Cumplidos los derroteros y consignas, es necesario renovar el compromiso colectivo para edificar un futuro con prosperidad. Alerta temprana, los recursos provenientes de peajes y demás actividades del Canal, por más delicada que sea la función de los prácticos, no pueden ser consumidos en ajustes exorbitantes.

Crear más condiciones privilegiadas en la burocracia canalera lastimaría el sentimiento nacional y puede generar un caldo de cultivo que amenazaría la estabilidad social del país. Resulta imperativo poner en marcha políticas distributivas que satisfagan las demandas populares para que sean sostenibles y socialmente más incluyentes.

Sin mezquindades políticas definidas en el alpinismo generacional, después de 40 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter, nos encontramos en el umbral de acontecimientos trascendentales, hemos ampliado la vía interoceánica, un escenario que invita a recurrentes preguntas sobre ¿Dónde estamos? ¿Cuánto hemos avanzado en el afianzamiento de la identidad nacional? ¿Qué aspiramos en un mundo competitivo en el ámbito comercial? y ¿Hacia dónde nos dirigimos en el desarrollo armonioso de un país neutral?

Las implicaciones del Tratado de Neutralidad en su defensa unilateral aconsejan privilegiar soluciones negociadas, tomando distancias de ecuaciones geopolíticas que comprometan nuestra estabilidad política y el progreso social.

El autor es abogado - analista internacional

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