Cultura laboral

Trabajadores improductivos

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Este es un problema mundial, especialmente en América Latina, donde existe una cultura de “hasta aquí hago yo”,  “no me pagan para eso” y, total, ¿para qué me mato? Lo que importa al final del día para una parte significativa de los trabajadores asalariados es parecer ocupado. Andan de escritorio en escritorio, fingen que leen cosas en el computador, y en realidad están dando tiempo para que por fin llegue la hora de marcar la tarjeta de salida.

Ayer, en un banco estatal en la ciudad de Río de Janeiro esperé por casi dos horas para ser atendida, a pesar de que en Brasil existe una ley que estipula como tiempo máximo de espera en los bancos 15 minutos en las filas y 30 minutos en los días pico. Lo peor fue que llegué a las 11:00 de la mañana, y con la proximidad de la hora de almuerzo ningún funcionario estaba interesado en cumplir con sus obligaciones en el menor tiempo posible. Son los minutos previos al almuerzo en los que se ve el rostro de apatía de los funcionarios que no quieren atender casos complejos.

Al final, todos tienen una carga horaria a cumplir; más de eso no lo esperen. El efecto colateral es el surgimiento de procesos inútiles y controles innecesarios. Burocracia creada para justificar la existencia de las estructuras corporativas y no para optimizar los resultados esperados.

Esto se refleja en una falsa sensación de seguridad y estabilidad. Genera alojamiento, ya que el simple hecho de cumplir una carga horaria predefinida garantiza la contrapartida. Así, millones de trabajadores se contentan con pasar la vida realizando tareas sin sentido y que no generan valor alguno para la sociedad. 

Según un estudio realizado en Estados Unidos, tan solo el 7% de los trabajadores entrevistados dijo sentirse productivo durante su jornada laboral. Otros dijeron que salir de la oficina no era una opción. Ese mismo estudio detectó que solo el 33% de los trabajadores está significativamente implicado en el trabajo, mientras que otros se sienten “desconectados”, lo cual hace que destruyan lo que los trabajadores más comprometidos construyen.

Por otra parte, los trabajadores necesitan buenos líderes motivadores, que participen de los éxitos y los fracasos de sus empleados, que entiendan cuando un empleado está eufórico y cuando un empleado está abatido por cualquier problema personal o profesional.

Los empleados quieren sentirse participativos, parte del proyecto, quieren sentirse una pieza importante, aunque simplemente se trate de un funcionario recién llegado a la empresa. Lamentablemente, muchas organizaciones todavía tienen líderes con mentalidades antiguas, centradas en la cultura del presencialismo.

En el plano individual, pasar la vida haciendo actividades desprovistas de sentido a cambio de un salario fijo puede tener costos significativos para la salud física y mental de aquellos que se someten a tales circunstancias. 

Ya conviví y trabajé con cientos de personas en esa situación. Lo más triste es ver tanta gente talentosa creer que no hay otra opción.

La autora es periodista y escritora

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