Protestas en Hong Kong

Otro Tiananmen

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Xi Jinping, el más poderoso jerarca de la República Popular China desde la era de Mao Tze Dhong, enfrenta un difícil dilema. Desde el 9 de junio, Hong Kong está sumido en el caos. Todo comenzó cuando Pekín quiso imponer, a través de su testaferra Carrie Lam, un nuevo proyecto de ley de extradición a China. El gobierno central alegaba que hay una “laguna legal” existente. Los ciudadanos de Hong Kong interpretaron este hecho como lo que realmente era, el principio del fin del acuerdo de un país, dos sistemas. Ante la amenaza, formaron un Frente Civil de los Derechos Humanos. Lograron montar una manifestación de 1.03 millones de personas. Lam rectificó y anunció que retrasaba indefinidamente el proyecto de ley. La medida no ha sido suficiente. El 16 de junio se logró constituir una mayor manifestación. Y el 1 de julio, al celebrarse el 22 aniversario de la reversión de Hong Kong a China, los manifestantes asaltaron el Parlamento de la excolonia británica. Los disturbios se sucedieron a diario. El 5 de agosto se realizó la primera huelga general en 50 años. Los manifestantes, mayoritariamente jóvenes, están bien organizados. Traen suministros, levantan estaciones médicas y gozan de las ventajas que les dan las redes sociales que antes no existían. Se visten de negro y usan cascos y guantes. Han logrado ocupar el aeropuerto, el octavo en importancia del mundo, por cuatro días consecutivos, causando la suspensión de centenares de vuelos y la consabida molestia de los pasajeros.

Las protestas se han radicalizado. Y para muchos expertos, evocan las que se dieron del 15 de abril al 4 de junio de 1989 en la plaza Tiananmen, en Pekín. En realidad, surgen semejanzas y discrepancias. Las de 1989 fueron organizadas por estudiantes que habían crecido en la “generación del desierto” y habían vivido bajo el dominio comunista. Los ciudadanos de Hong Kong nacieron en libertad, siempre amparados por las leyes liberales y democráticas del imperio británico. En ese entonces Deng Xiaoping, temiendo una anarquía generalizada que amenazara las reformas económicas que proponía, trajo tropas de infantería del interior del país, y utilizando tanques, atacó la plaza Tiananmen, poniendo fin al movimiento. Según recientes cables desclasificados que enviara el embajador del Reino Unido en China en ese momento histórico, fueron mas de 10 mil los muertos. Actualmente hay 6 mil tropas en Hong Kong. Además, se encuentran numerosos efectivos de la Policía Popular Armada (PAPF) en Shenzhen, ciudad que hace frontera con Hong Kong.

Si invade, Xi Jinping tiene mucho que perder. Primero, destruiría la imagen de China como país tolerante que ya es la segunda potencia económica mundial. Segundo, destruiría la independencia financiera de Hong Kong, clave en la captación de inversión extranjera, y joya de la corona del dragón chino. Además, está su política de un nuevo camino de la seda, con centenas de miles de millones de dólares invertidos en proyectos de infraestructura y desarrollo en los cinco continentes, incluido nuestro país.

Pekín ya ha enviado sobradas advertencias. Ha asegurado ver en los recientes disturbios “señales de terrorismo” y “violencia extrema”. Ha advertido que “el que juega con fuego se quema”. Ha invocado el artículo 14, que promulga: “el Gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong, cuando sea necesario, podrá pedir al Gobierno Central del Pueblo, asistencia para el mantenimiento del orden público, y la asistencia a los desastres”. Además, la República Popular comprende otras regiones que pueden sentirse tentadas a emular el ejemplo de Hong Kong, como lo son Tíbet, la región musulmana de Xinjiang, y sobre todo Taiwán, a la que nunca ha renunciado y continúa llamando “provincia rebelde”. Xi se encuentra enfrascado en una competencia militar con Estados Unidos por la supremacía en el Pacífico sur, y enfrascado en una guerra de aranceles con el gobierno de Donald Trump.

El 1 de octubre se cumple el aniversario 70 de la fundación de la República Popular China. Es por ello que en este ajedrez político me atrevo a vaticinar que, si las protestas continúan radicalizándose en Hong Kong (y llevan dos meses, casi igual que en el Tiananmen de antaño), a Xi Jinping no le va a quedar otra opción que mostrar la garra.

El autor es empresario

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