NEUROCIENCIA

Sexo y alzhéimer

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La enfermedad de Alzheimer no suele incluirse entre las prioridades en salud de la mujer. Sin embargo, estudios clínicos sugieren que las mujeres corremos más riesgo de padecer alzhéimer que los hombres, aun tomando en cuenta que la esperanza de vida es más larga en mujeres y la incidencia de alzhéimer aumenta exponencialmente después de los 65 años. Las mujeres representan dos de cada tres casos (65%) de alzhéimer. La probabilidad de desarrollar alzhéimer es de uno en seis para mujeres mayores de 65 años (dos veces más que para el cáncer de mama), mientras en hombres es de 1 en 11.

Este mes en el cuadragésimo séptimo congreso de la Sociedad de Neurociencia que tuvo lugar en Washington, cientos de ponencias se centraron en el papel del sexo en el desarrollo y la función del cerebro. En alzhéimer, las investigaciones apuntan a que las diferencias entre sexos se deben a la interacción entre factores específicos del sexo, como los cambios hormonales, y los factores de riesgo y las patologías del alzhéimer.

Estudios en roedores y ensayos celulares indican que el estrógeno promueve el metabolismo energético cerebral. A su vez, hay evidencia de que la menopausia, la reducción natural de estrógeno, está asociada a una reducción en la capacidad del cerebro de producir y utilizar energía eficientemente.

Esta energía, en forma de glucosa, es esencial para el funcionamiento óptimo del cerebro. El cerebro representa solo el 2% del peso corporal pero consume el 20% de la glucosa total, y es el primer órgano afectado en casos de desregulación de la glucosa. Un ejemplo es la diabetes, un trastorno metabólico común y uno de los principales factores de riesgo para el deterioro cognitivo y alzhéimer.

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa de inicio insidioso que se caracteriza por una pérdida severa de memoria y otras funciones cognitivas y de comportamiento. Menos del 5% de los casos son de origen familiar (i.e. de inicio precoz y causado por una alteración genética específica); la mayoría (95%) es esporádica, de inicio tardío (después de los 60 años de edad) y por causas desconocidas. Estudios han encontrado que la expresión del alelo e4 de la apolipoproteína E (APOE4), el mayor factor de riesgo genético de alzhéimer esporádico, confiere mayor riesgo en mujeres.

También hay evidencia de que las mujeres con alzhéimer muestran más atrofia cerebral del hipocampo, un área del cerebro especialmente vulnerable en las primeras etapas de la enfermedad. Esta línea de investigación está apenas en sus inicios y aún falta mucho por aclarar, pero es evidente que las razones por las diferencias entre sexos son complejas y multifactoriales.

Hay otro aspecto igualmente importante en el que el alzhéimer afecta desproporcionadamente a las mujeres: en la carga social. os de cada tres cuidadores informales de adultos mayores son mujeres que generalmente tienen recursos sociales y financieros más limitados. Por esta razón la investigación en salud debe enfocarse no solo en identificar factores de riesgo modificables y tratamientos efectivos para enfermedades, sino también en determinar los tipos de servicios comunitarios e institucionales necesarios para apoyar a las personas afectadas así como a sus familias.

En el Centro de Neurociencias del Indicasat AIP recientemente iniciamos la siguiente fase de un estudio prospectivo enfocado en identificar marcadores biológicos del alzhéimer y deterioro cognitivo en panameños. Más de 350 voluntarios de 60 años y mayores otorgaron su consentimiento para participar, y el 65% son mujeres. la fecha, la mayoría de la investigación médica se ha centrado en un sexo, con el supuesto de que el estudio del otro sexo arrojaría resultados similares. l alzhéimer es un ejemplo de una enfermedad que afecta a hombres y mujeres de manera diferente, tanto en aspectos médicos como sociales. Apenas estamos en los inicios del estudio de cómo se expresan estas diferencias en nuestra población. Aprovecho para agradecer a los participantes de nuestro estudio por su valiosa contribución a la investigación nacional de salud.

La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat AIP

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