Bienestar

La Salud Mental

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Mejor el ciego que orina por la ventana que el bromista que le dijo que era un urinal. ¿Sabes quién es el bromista? Son todos”. El Guasón desde el cine este mes debate sobre salud mental. Con 14% de la morbilidad mundial atribuida a trastornos mentales, nos centramos en la lucha contra el estigma, en la prevención y acceso equitativo a servicios, que aún no logramos ofrecer.

Mientras corremos con la urgencia de estas injusticias, aprendimos también que la salud está en lo cotidiano. En la cotidianidad donde nuestra cultura construye significados para lo sano y enfermo, lo aceptable e inaceptable; y donde los esfuerzos comunales y las inversiones estatales resultan más eficientes.

La salud mental es lo que nos permite “utilizar nuestras capacidades, afrontar tensiones, ser productivos y contribuir a la comunidad”. Se apoya, entre otros, en las habilidades socioemocionales, que nos posibilitan “ entender y regular nuestras emociones, sentir y mostrar empatía, establecer relaciones sanas, y tomar decisiones asertivas”. Ellas determinan nuestros procesos de aprendizaje y contribuyen a nuestro desempeño en democracia.

El desarrollo y cohesión social recaen sobre la habilidad de los ciudadanos para adaptarse y reconocer responsabilidades colectivas. La creatividad, la imaginación y el pensamiento crítico requieren seguridad y confianza mayores que el miedo al error y al rechazo. La colaboración requiere empatía y cooperación.

Los retos del siglo precisan aproximaciones interculturales y transdisciplinarias de personas capaces de trabajar con “el otro”, con lo desconocido y lo que nos amenaza. La evidencia se acumula de que la infraestructura social es más determinante para la resiliencia social que la infraestructura física. Invertir en las habilidades socioemocionales de la población fomenta la equidad, la mobilidad social y el bienestar general.

De nuestra salud mental depende que podamos reconocer la situación de las poblaciones vulnerables, dilucidar las prioridades del país, idear soluciones y colaborar en ellas. Así, la región ha empezado a trabajar en legislación pertinente. Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Colombia y México cuentan con iniciativas civiles o leyes de educación emocional ya en vigencia.

Aprovechemos el reto de la reforma educativa para mejorar el bienestar de los panameños desde su formación en habilidades socioemocionales. No solo para garantizar tranquilidad individual en cada contexto político y socioeconómico, sino también para encarar esos contextos como problemas complejos y desconocidos. Para vivir plenamente en un siglo en el que la salud mental propia, como la paz, depende de la del otro.

La autora es médico y miembro de Ciencia en Panamá

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