opinión

Sábado picante

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Colectivamente, los panameños somos parranderos, alegres, fiesteros, divertidos, joviales. Individualmente, pendencieros, agresivos, provocadores y bocones.

Colectivamente, emprendedores, nacionalistas, orgullosos, simpáticos; individualmente, mediocres, vividores,  congos y mentirosos. Colectivamente, somos conciliadores, listos y negociadores; individualmente, cuenteros, bravucones, comemierdas y profundamente superficiales. (Ajá, profundamente, porque es lo único en lo que somos profundos).

Colectivamente, queremos un país democrático, con justicia e igualdad; individualmente, nos gusta la justicia corrupta; que no es mi problema que los pobres sean pobres y la democracia es elegir un gobierno para que nos de trabajo,  casa, plata, viajes, moda y lujos. Colectivamente, queremos educación para nuestros hijos; individualmente les enseñamos a que el Estado nos tiene que mantener. Colectivamente, trabajamos para el desarrollo del país, ayudar a las minorías, ser solidarios. Individualmente, no nos importa quién sea el perjudicado mientras no sea yo; que la solidaridad es solo conmigo y que la única minoría que existe soy yo.

Colectivamente, nos quejamos de la falta de valores familiares y proclamamos que somos católicos, apostólicos romanos. Individualmente, la educación sirve para tener derecho a la beca universal, que la  familia solo sirve para  proveernos de plata para el celular o para  que insulte a maestros y profesores cuando cumplen su trabajo de orientadores. Y darle gracias a Dios por lo que  tenemos, hacemos y somos es solo un gastado cliché.

Colectivamente, criticamos el juegavivo y declaramos que  la solidaridad es un bien social; individualmente, nos llevamos tres jamones y cuatro pavos –de los que regalan los políticos– aunque mi vecino se quede sin cena de Navidad. Los ladrones reciben la más exquisita justicia; las víctimas, la revictimización al ser la burla de sus victimarios y de sus socios, los juzgadores.

Colectivamente, aborrecemos la corrupción del político, anhelamos comprometidos estadistas. Individualmente, vendemos nuestro voto al corrupto o al amigo o al copartidario de sonrisa grande y de promesa fácil, de obtusas entendederas y de bolsillos sin fondo. Colectivamente, exigimos jueces imparciales; individualmente, buscamos al abogado con “contactos”.

Colectivamente, nos orgullecemos de nuestros paisajes, ríos y playas; individualmente, los llenamos de toneladas de basura. Colectivamente, celebramos lo cosmopolita que es Panamá; individualmente, somos xenofóbicos e intolerantes: el venezolano, a su tierra; el indio, a su comarca, y el negro a su gueto.

Colectivamente, somos Dr. Jekyll; individualmente, Mr. Hyde.

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