Desarrollo humano

Panamá y la JMJ: reconstruyendo la narrativa

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La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) nos permitió como país crear una narrativa que nos estaba haciendo falta. Su impacto, sin lugar a dudas, trascendió lo religioso y tocó la vena de lo que representa “ser panameño”. Vimos durante una semana eso que podríamos ser siempre, rompiendo el erróneo paradigma del panameño “juega vivo”, xenófobo y poco importa. Por el contrario, demostramos al mundo, y a nosotros mismos, nuestra naturaleza solidaria y hospitalaria, nuestro profundo sentido humano y nuestra capacidad de alcanzar la excelencia cuando hay una razón que nos une y nos hace remar en la misma dirección.

Lo anterior me hizo recordar un post que leí en redes sociales haciendo referencia al posicionamiento positivo de Panamá en el panorama mundial, más allá de su crecimiento económico, dando como ejemplo el haber sido escogidos como el mejor país para retirarse, según International Living; tener la aerolínea más puntual del mundo (Copa Airlines); ser la sede de un festival de jazz de talla mundial y el ser reconocido por múltiples agencias como uno de los mejores destinos turísticos del mundo. Esto se suma a la reciente designación de la exmagistrada Esmeralda de Troitiño como presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la entrada de Mariano Rivera al Salón de la Fama, el muy merecido Grammy a Danilo Pérez y el triunfo de Panamá en la Serie del Caribe de béisbol, por mencionar algunos.

Con frecuencia, estos logros son contrastados con nuestros indicadores sociales, llegando al punto de ponerlos en duda. Si bien no podemos sentirnos satisfechos como país hasta que no hayamos abordado exitosamente los desafíos en materia de desarrollo humano y social, esto no debe impedirnos reconocer aquello que hemos sabido hacer bien. Como ministra de Desarrollo Social, con el deber y el privilegio de estar en contacto con la cara más vulnerable de nuestro país, he sido deliberadamente cautelosa de no celebrar logros mientras todavía existan panameños que no tengan la libertad de elegir la vida que desean vivir. Sin embargo, el no dar a conocer los pasos que vamos dando en la dirección correcta compromete su sostenibilidad y nos priva del aire de esperanza y confianza que transmite el reconocer que sí somos capaces de transformar nuestra realidad para bien.

Los logros recientes demuestran que no es solo desde la perspectiva de crecimiento económico, inversión extranjera y competitividad que Panamá se posiciona a nivel regional. Desde lo social también hay avances que no solo nos benefician internamente como país, sino que nos permiten contribuir con el resto del mundo, entendiendo que, gracias a la Agenda 2030, alcanzar un modelo de desarrollo sostenible es una meta global para la que todos los países debemos trabajar en conjunto.

Tal vez pocos conocen que Panamá desarrolló el primer Índice de Pobreza Multidimensional de Niñez y Adolescencia de todo el continente, siendo esta una herramienta valiosísima para orientar políticas públicas basadas en la evidencia; que fuimos el primer país de todos los que formamos parte de las Naciones Unidas en decretar un mes como el “Mes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, haciendo un llamado a la acción a todos los sectores de la sociedad para lograr un Panamá sostenible e inclusivo al 2030; o que el Plan Estratégico Nacional con Visión de Estado “Panamá 2030”, elaborado por la Concertación Nacional para el Desarrollo como hoja de ruta para el cumplimiento de la Agenda 2030 en Panamá, fue reconocido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) como experiencia destacada en su segundo informe anual sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe,

El hecho de que tengamos importantes y vitales tareas pendientes o en proceso, no significa que no estemos avanzando, ni mucho menos que no tengamos la capacidad de hacer frente a esos desafíos. Los invito a que apreciemos nuestros logros con modestia, y hagamos de ellos un aliciente que alimente la confianza en nosotros mismos y fortalezca el compromiso firme con la construcción del país que anhelamos.

La autora es ministra de Desarrollo Social. 

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