Convergencia

Panamá, la Alianza del Pacífico y Mercosur

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Hace unas semanas celebramos una nueva Cumbre de la Alianza del Pacífico, esta vez fue en Lima y con ella se cumplen ocho años desde su creación. Chile vuelve a asumir su presidencia pro tempore.

La Alianza del Pacífico se trata del esfuerzo integrador más eficaz y pragmático de los últimos años que ha superado otros tantos proyectos regionales que han sucumbido ante la ideología, el proteccionismo o la mera burocracia en su funcionamiento.

Representando cerca del 40% del PIB mundial y el 50% del comercio total de América Latina, la Alianza del Pacífico, fundada por Chile, Perú, Colombia y México, debe seguir modernizándose y creciendo.

Para lo primero es esencial potenciar un “comercio 3.0”, ese que involucra bienes pero también servicios, integración financiera y tecnología. También una convergencia regulatoria que ponga su foco en los “nudos de botella” de las inversiones extranjeras, facilitando su aterrizaje inteligente a través de marcos legales robustos y transparentes que aseguren la libre competencia de actores en mercados competitivos.

En lo segundo, será clave la incorporación de nuevos países miembros. En la actualidad ya han ingresado como Estados asociados Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Singapur.

También será relevante intensificar agendas complementarias con otros bloques regionales como APEC y Mercosur. Recordemos que hace solo unos días se acaba de cerrar un histórico acuerdo de asociación estratégica entre este último bloque y la Unión Europea. Chile lo hizo en 2005 bajo el liderazgo preclaro de Ricardo Lagos quien, además, y en paralelo, rechazaba con su voto en el Consejo de Seguridad una invasión en Irak y suscribía nuestro TLC con Estados Unidos. Como suele decirse en política, la mejor forma de inspirar respeto es desafiar con dignidad y argumentos algo que Chile ha aprendido en su sufrido recorrido en convertirse en el país más competitivo y de mayor libertad económica en Latinoamérica.

Pero volvamos a la Alianza del Pacífico para llegar a Panamá. Soy de la opinión de que la presencia del istmo es crítica para globalizarla y afianzar una zona de libre comercio en donde Panamá sea el eslabón vertebral de América del Sur con el Norte a través de la plataforma que ofrece su Canal y zonas adyacentes.

Panamá podría ampliar su influencia atrayendo nuevos negocios de países que, sin tener tránsitos intensos por el Canal, deslocalicen parte de su capacidad exportadora y productiva en el mismo, permitiendo que esa carga, en tránsito u origen, salga con valor agregado local a sus mercados finales.

¿Por qué hacerlo desde Panamá? Porque la certeza y el tiempo tienen su valor en el mercado y el Canal puede ofrecer ambos intangibles a precios competitivos al exhibir una envidiable integración vertical entre activo fijo, terminales, líneas y rutas interoceánicas, amén de su posición geográfica.

Panamá sería así el articulador lógico de los países de ambos océanos anticipando esa convergencia entre Alianza del Pacífico y Mercosur que juntos suman un mercado cercano a los 480 millones de personas, lo que representa el 6% de la población mundial y el 90% de su PIB.

Pero además de esa evidente conveniencia, está la vocación originaria de Panamá con Chile en la llamada “Ruta del Pacífico”. Todos los países de la Alianza son potencias exportadoras que impulsan su comercio desde un Chile insular hasta México que se empina en el norte. Panamá podría ser “la cinta transportadora central” de ese tráfico, articulando y consolidando desde el Canal stock y flujos, disminuyendo costos transnacionales de exportación a los mercados de origen y aprovechando capacidades ociosas que dejan contenedores y zonas de respaldo.

Además, frente a la tensión comercial que acecha entre occidente y oriente, y que todos anhelamos se diluya, Panamá también puede jugar un rol, al ser el Canal el vector estratégico para articular nuevos mercados, términos de intercambio y proveedores entre industrias y regiones.

¿La razón? En comercio internacional los efectos no llegan solo con un bloqueo o una barrera, basta el justo temor de verse expuesto a alzas de tarifas o cambios de aranceles para que el mercado active una búsqueda inconsciente de nuevas y mejores oportunidades. Y es aquí donde Panamá puede ser una “llave maestra” para mitigar esa amenaza latente, llave maestra que debe abrir un diálogo sostenido e incremental con nuevos actores por el Mercosur y la Alianza del Pacífico, con economías altamente expuestas a la exportación.

El autor es exembajador de Chile y abogado.

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