Educación

Ministerio de Cultura, un paso equivocado

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Sin ánimo de restarle mérito al actual mandatario Laurentino Nito Cortizo, ya que llevo la cuenta sobre algunos aspectos muy positivos de su administración. Cauto como debo ser con base en mi experiencia política, me abstendré, por ahora, de hacer alabanza de lo mismo y aguardar el tiempo necesario a fin de que dichas medidas novedosas den los frutos que la sociedad espera.

Debo ser muy claro en señalar el apresuramiento que ha tenido el poder Ejecutivo, en particular el Ministerio de Educación, al someter la iniciativa de un Ministerio de Cultura.

Hay muchos asuntos prioritarios por hacer a nivel de la educación nacional, comenzando por actualizar los viejos programas en todas las asignaturas. Hay algunos de estos que se encuentran a espaldas de la realidad nacional y la tecnología actual.

Quiero ser claro, la cultura es importante y el liderazgo que el gobierno le dé a este asunto es de primer orden para el futuro del país. Dicho esto, me preocupa que nos desviemos como nación del objetivo fundamental de mejorar la educación, al concentrarnos con dinero y talentos en un masivo Ministerio de Cultura, que se anclará en muchas partes y muchas formas sobre las instalaciones y el personal del Ministerio de Educación.

Se ha olvidado en la actividad educativa oficial el importante papel que desempeñaba la literatura nacional en la formación de la identidad y el orgullo nacional. Recuerdo cómo se introdujeron las lecturas de las obras de Joaquín Beleño, Ramón H. Jurado, Rafael Pernet, Tristán Solarte y otros, que cosieron el tejido de nuestra literatura.

Es triste pensar que las generaciones actuales desconocen la vida de Victoriano Lorenzo, sus proezas y su contribución a esta nación. Gobiernos muy reaccionarios y antipanameños deshojaron la educación, eliminando la enseñanza de asignaturas como relaciones de Panamá con Estados Unidos y cívica, y reduciendo drásticamente la experiencia de los jóvenes con la educación física y el deporte.

Esas carencias las estamos pagando muy caro. No quiero ser ave de mal agüero, pero creo que el nuevo Ministerio de Cultura tendrá éxito y descollará a costa de los tristes resultados del Ministerio de Educación.

Recuerdo con sumo cariño las lecturas de obras como El cabecilla, de José Agustín Cajar Escala, y los cuentos, décimas y novelas de Carlos Francisco Changmarín.

Hoy tenemos miedo a que los jóvenes aprendan a pensar, que necesariamente cuestionen su realidad y comprendan todo su potencial. Quedamos en mora con el Ministerio de Educación, que en el abandono deberá compartir lo suyo para que se nutra el Ministerio de Cultura.

El autor es abogado y periodista 

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