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Manglares y cambio climático

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Manglares y cambio climático

Las costas panameñas cuentan con una extensión aproximada de 170 mil hectáreas de manglares (las más pobladas de América Central), las cuales representan el 5.6% de la cobertura boscosa total de la República, este porcentaje está distribuido en 165 mil hectáreas en las costas del Pacífico y 5 mil hectáreas en el Atlántico. Si bien es cierto, los manglares panameños presentan una serie de problemáticas en cuanto a su estabilidad ambiental, evidenciada en diferentes estudios y publicaciones donde se identifica su degradación por proyectos urbanísticos, aguas contaminadas, sedimentación, deforestación y extracción de materiales. Por lo cual, con su destrucción se reducen áreas importantes de captación de dióxido de carbono (CO2) y sumidero de carbón oceánico, reduciendo la contribución ecológica que esta especie realiza en la mitigación de los efectos del cambio climático.

Desde hace más de 3 mil años existen los manglares como se conocen actualmente en las costas panameñas, luego de estabilizarse el nivel del mar durante el óptimo holocénico, esto al final de la última pequeña edad de hielo, aumentando las temperaturas y las precipitaciones. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) evidencia que las variables del clima han cambiado en los últimos 200 años.

Durante el siglo XX la temperatura global aumentó 0.74°C; en los últimos 50 años el CO2 ha aumentado en un 70%, pasando de 21 a 38 gigatoneladas (Gt), y 1.6% en 2017 ( La Prensa, 16 de junio de 2018), mientras que el régimen de precipitación ha variado en todo el planeta. Según proyecciones climáticas puntualizadas en América Central, pronostican una temperatura en incremento y disminución en la precipitación durante las temporadas húmedas. Ahora bien, ¿cómo afecta esto a los manglares? El aumento de la temperatura podría provocar alteraciones en la composición de especies, características fenológicas y posiblemente la expansión de sus fronteras geográficas. En cambio, una negativa variabilidad en las precipitaciones afectaría los regímenes hídricos (hidroperíodo: frecuencia y duración de las inundaciones provocadas por las mareas, los ríos y los escurrimientos de las aguas) de las cuencas que alimentan los manglares, cuyas aguas ricas en sedimentos y materia orgánica aportan nutrientes no solo a los mangles, sino a las diferentes especies que cohabitan en estos.

Mayor temperatura significa mayor evaporación de las aguas oceánicas, mayor salinidad en las zonas tropicales y posibles cambios en las corrientes oceánicas. En sí, los manglares como un componente de los humedales, suelen ser ecosistemas sensibles a afectaciones por el clima y eventos extremos. Entre los eventos más significativos para Panamá está el fenómeno de El Niño, el cual ha de aumentar su intensidad y frecuencia debido al cambio climático, incrementando las sequías severas en las costas del Pacífico y del Caribe. Los manglares como cualquier otra especie sobre el planeta, están sujetos a las consecuencias de los cambios climáticos globales, como el que ha sufrido en su pasado geológico, por lo tanto, las incertidumbres del futuro climático al cual se dirige la sociedad no son nuevas para las especies que han aprendido a evolucionar, pero, ¿lo podrán hacer ahora con la enorme presión humana que existe tras ellos, más la falta de conciencia ambiental? Polémico, ya que con un espacio geográfico confinado, sin capacidad de expansión tierra dentro, más el evidente aumento del nivel del mar, 0.60 metros para finales de este siglo según el IPCC, se traduce como oportunidades y crisis para la futura sostenibilidad y distribución de los manglares.

El estudio y análisis de los manglares no debe solo estar dirigido al manglar como un ecosistema unitario, sino a los otros tipos de vegetación que junto a este conforman un humedal: albinas, marismas, vegetación baja inundable, entre otros. Adicionalmente, se hace imperioso el análisis cartográfico, hidrológico, hidrogeológico, hidroquímico, entre otras características físicas de todas las cuencas que integran o interactúan directamente con los manglares, ya que como un ecosistema abierto, lo que ocurre en zonas externas repercute en el funcionamiento adecuado de los mismos: azolvamiento, cambios en el patrón hidrológico, hipersalinidad, erosión de playas, eutrofización y contaminación por pesticidas. Incluyendo igual los factores internos: desarrollos urbanos, portuarios y turísticos; sin obviar los efectos y consecuencias que enfrentan los manglares de Panamá ante el cambio climático.

El autor es geógrafo, hidrólogo e hidrogeólogo.

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