Dinámica social

Lo que la JMJ me dejó

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Cuando se habla de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), al simple título y al compás de la frase, nadie esperaría que tuviera alguna relación con religión, fe o espiritualidad. Considero que llamarle Jornada Mundial de Católicos era delimitar mucho el tema; y con el termino juventud, habría que decir que he visto a personas que doblan la edad que abarca la palabra “juventud”. Espero que no se molesten, pero como todo suceso, el título define el contenido.

Y sí, es cierto, Panamá ha recibido la Jornada Mundial de la Juventud; que, al mismo tiempo ha coincidido con la llegada del papa a la ciudad, y es que ser católico, ser joven y ser peregrino son términos muy diferentes que se han mezclado y se han interpretado de la misma manera, he ahí el error.

Se creó un logotipo, se concedieron unos colores - blanco, azul, rojo- se proveyó unos accesos de movilidad a los miles de jóvenes que viajaron a la capital y a los que etiquetamos como peregrinos. En una sociedad actual, orientada por la globalización y la modernidad; nos sentimos más identificados con una religiosidad individual, en la que cada persona elige los preceptos que está dispuesto a integrar a su vida, conformando su propia interpretación y aplicación de estos mismos en su vida cotidiana.

Es por ello que lejos queda la imagen del peregrino como aquél que va en búsqueda de la fe como único objetivo, dando como resultado la manifestación múltiple y diferenciada de la fe, en la que hay espacio para otras esferas personales como son el ocio.

Lo que me dejo la JMJ fue un país paralizado, supermercados patrocinadores de fe, países representados mediante banderas llenando las calles y medios de comunicación enfocados en la retransmisión de los eventos estipulados; cuando el evento estaba en la calle, en el metro, en los centros comerciales, en los buses, en los “aquí esta la juventud del papa”, en las barreras abiertas de las autopistas… En la cotidianidad del día a día que se hizo religión. Porque salió de las cuatro paredes y un techo, porque sin ser Iglesia abarcó todas las esferas de la vida pública y privada, porque como decía Émile Durkheim “la religión no está destinada a desaparecer sino a transformarse”.

La autora es socióloga

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