RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Integridad y ética empresarial, y un hombre-ejemplo

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He venido escribiendo sobre la necesidad de una revolución de integridad y ética para convertir la crisis de la justicia en oportunidad para – con la presión ciudadana – lograr una limpieza de nuestros sistemas público y privado.

Como he repetido, la integridad y ética no son descripciones sino una conducta de vida, que se ejerce minuto a minuto, día a día, año tras año, durante toda una vida.

He escrito mucho sobre la necesidad de integridad y ética en nuestros servidores públicos, pero como el tango, para bailarlo se necesitan dos.

No hay corrupción pública que no cuente con un compañero del sector privado en el crimen, así es que hoy hablemos de la necesaria integridad y ética empresarial.

Con mi sobrina Ma. Alejandra Eisenmann estuve entre los primeros que iniciamos el movimiento de la responsabilidad social empresarial (RSE) en Panamá. El movimiento – para bien – pegó, pero en mi concepto ya se queda corto. Más allá de que la empresa tenga un “programa” o “departamento de responsabilidad social empresarial”, debe hacer del concepto algo integral. La empresa entera debe ser “socialmente responsable” en todos y cada uno de sus actos, eso incluye, por supuesto, jamás pagar una coima o un favor especial a un funcionario por cualquier servicio al que – por ley – tiene uno todo el derecho. Si la empresa tiene un programa maravilloso de RSE pero por otra parte paga coimas a diario para lograr permisos o para evitar boletas, o para facilitarse el no hacer filas, es una empresa corrupta y despreciable.

Conozco empresarios que con una cara de concha me dicen: “Bobby, la verdad es que si no pago las coimitas, me sacan del negocio”. ¡Mentira, es una respuesta vergonzosa!

Yo voy a cumplir 50 años de vida empresarial relativamente exitosa, jamás he pagado una coima, y cuando me la han pedido siempre la he denunciado. Pero no hablemos de nuestro caso; hablemos de otro empresario, un hombre que es ejemplar en nuestro país.

Su nombre es Federico Humbert Azcárraga, presidente del grupo del Banco General, el banco más exitoso de nuestra nación, hechura total suya y de su magnífico equipo de gerencia.

Freddy siempre ha sido un hombre de profunda vocación social y de una integridad y ética a toda prueba. Ha trasladado al grupo empresarial que dirige y preside todos sus valores, que forman parte del proceso de decisión de todos los que allí trabajan. Además de las reuniones usuales con los ejecutivos, tiene la costumbre de reunirse constantemente con empleados de todos los niveles para lograr – frente a frente – que le digan cómo ejercen sus funciones, cómo es el trato de sus jefes y, lo más importante, qué opinan sus clientes sobre el servicio que se les presta. Freddy creó la Fundación Buenos Vecinos, que regala millones de balboas anuales a entidades sociales que demuestran eficacia en su labor de llegarle a los más vulnerables de la sociedad, y ahora permite que sus clientes participen en escoger a las entidades beneficiarias de la fundación.

Los empleados del grupo Banco General se sienten privilegiados de trabajar en ese grupo de empresas, y hay muchísimos que quisieran formar parte de él, pues más allá de tener un programa de RSE es ejemplo nacional de lo que es una “empresa socialmente responsable”.

¿Se le puede ocurrir a alguien que este hombre-ejemplo de nuestra nación llamado Freddy Humbert Azcárraga justifique pagar una coima para poder mantener su empresa? ¡Jamás se le ocurriría, y además, el país entero lo sabe!

Entre los privilegios de mi vida está el hecho de haber conocido y haber considerado amigo a Freddy desde sus inicios, cuando comenzaba de cero y ahora verlo convertido en el hombre-ejemplo que es para nuestra Nación.

La vida que vive Federico Humbert Azcárraga es un monumento a la integridad, ética y decencia humana, en nuestro país, donde hay tanta necesidad de más hombres y mujeres como él. ¡Me inclino ante ese monumento, amigo Freddy!

El autor es fundador del diario ‘La Prensa’

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