Medio Oriente

Gaza y Jerusalén

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Las imágenes son pavorosas, pero no muestran el contexto. Es como si uno llegara a una casa y encontrara a un tipo sangrando en el piso, al que le dieron una soberana paliza. La primera reacción es compadecerse del hombre y preguntarse quién fue el desalmado que hizo esto. Minutos después uno se entera que el susodicho había abusado de la niña residente en el inmueble y que la paliza se la propinó el padre de la criatura. El contexto todo lo cambia.

Algo similar ocurre en Gaza desde hace años. Las fotos son truculentas, pero no se pueden entender sin conocer el contexto, muy simple además. En 2005 Israel se retiró completamente de la franja y entregó su control a la Autoridad Palestina, en cabeza de Mahmud Abbas.

Dos años después, el movimiento islamista Hamás expulsó por la fuerza al gobierno legítimo y asumió el control de Gaza en una operación relámpago que dejó un saldo de dos centeneras de miembros de las fuerzas de seguridad palestinas muertos y centenares expulsados a Cisjordania. Se iniciaba de esta manera el reino del terror en Gaza bajo una organización cuya ideología radical no difiere de la de otras similares como Al Qaeda, Isis y Hezbollah. No en vano Hamás ha sido declarada “organización terrorista” por Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos y la mayoría de países occidentales.

Años antes, tras la firma de los acuerdos de Oslo en 1993, la administración de Gaza fue entregada a la Autoridad Palestina presidida por Yaser Arafat, la cual recibió millones en ayudas foráneas que sin embargo no redundaron en mejora alguna para la población de Gaza sino engrosaron las cuentas de los líderes de Fatah en paraísos fiscales.

La retirada de Israel ofrecía la oportunidad a los palestinos de comenzar a construir su sueño nacional, su Estado propio, primero en Gaza para continuar posteriormente en Cisjordania.

Sin embargo, tras el golpe de Hamás la situación de Gaza empeoró sustancialmente. La ayuda externa fue desviada hacia la construcción de infraestructura bélica, cohetes, túneles y búnkeres en colegios y hospitales. El sueño se tornó en pesadilla tanto para la atribulada población de Gaza como para el Estado judío.

Hamás ha provocado tres guerras con Israel pues esa es su razón de ser. Cada muerto es un trofeo de guerra, entre más, mejor, así demuestra su vigencia a pesar del fracaso que ha sido su gobierno en la franja. Entre peor la situación de la población más justifica su discurso de odio e incitación. Antes de 2006 no existía el bloqueo que Israel y Egipto impusieron a la franja para prevenir la importación de material bélico.

Este es el contexto, lo que ocurre en Gaza, lo que no se ve, lo que no muestran; una población rehén de los designios de Hamás y usada como carne de cañón por esta organización cuyo objetivo ha sido y sigue siendo la destrucción del Estado judío.

¿Qué tiene que ver Jerusalén con lo que ocurre en Gaza? Pues nada, solo que esta vez sirvió de excusa para más de lo mismo. Mañana habrá otras y así la población de Gaza seguirá sufriendo, mientras esté gobernada por terroristas.

¿Cuánto le ha costado al pueblo palestino la mera existencia de Hamás?

Y como siempre, aparece la jauría que huele la “sangre de la chiva” que proporciona cualquier tema que implique a Israel y con la sola foto saca conclusiones, profiere condenas y acusaciones, derrama adjetivos y se da golpes de pecho. El contexto es convenientemente ignorado.

El autor es director ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia

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