Escuela

Eslabón con la sociedad

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Una de las funciones que posee la escuela es precisamente ser intermediario de capacitación entre la familia y la sociedad. En el hogar existen reglas y obligaciones que se supone deben acatar los hijos que están en un proceso de crecimiento y formación ciudadana.

En la escuela, el código de reglas y exigencias tiende a ser más estricto que las existentes en el hogar. La familia en primera instancia y luego la escuela deben ser garantes de la formación de los estudiantes para su desenvolvimiento en la sociedad. Un adolescente que no cumple con los deberes asignados por sus padres, tratará de hacer lo mismo en la escuela y por tanto su proceso de adaptación se tornará más conflictivo.

Un estudiante que no siente respeto por sus padres, generalmente tratará de irrespetar a sus profesores y hará lo posible por no acatar las normas escolares. En el salón de clases, un docente se percata de los alumnos que reciben formación en sus hogares y de los que se encuentran huérfanos de la misma. La escuela es un reforzador de la conducta y aprendizaje de los alumnos, pero si la familia no lo realiza en primera instancia, la labor de la enseñanza se torna más difícil.

Los padres de familia pueden llegar a ser muy tolerantes con sus hijos, pero en la escuela no se puede pasar por alto lo que podría convertirse a largo plazo en una transgresión a las normas sociales. En todas las sociedades existen las normas que cumplen la función de apoyo a la organización social. Muchas de estas normas pueden ser cuestionadas porque no se ajustan a las demandas sociales o sencillamente dejaron de tener vigencia. Sin embargo, la inexistencia de normas justas o injustas nos pueden conducir a un desequilibrio social o estado de anarquía.

Cada vez son más los estudiantes que tratan de imponer sus propias reglas dentro del recinto escolar. Por ello, se requiere que los docentes en alianza con los padres de familia y otros miembros de la comunidad educativa puedan explicar de forma racional la razón y el por qué de estas normas.

Si los estudiantes no encuentran un significado de las reglas impuestas por la escuela, simplemente tratarán de pasar por encima de ellas. También existe un número plural de padres de familia que se consideran con autoridad para cuestionar a la escuela y sus directivos. Muchas veces sienten que por el nivel de estatus y poder adquisitivo que ostentan pueden pasar por sobre las reglas, y lejos de apoyar la labor docente lo que hacen es desautorizarla. No se han percatado de que la familia y la escuela son agentes de socialización como bien señalara el sociólogo francés Emile Durkheim. Si la escuela y la familia no cumplen con su rol de socialización, entonces otras instancias lo harían de manera más coercitiva (policía, juzgados, corregiduría, etc…).

La actitud permisiva de algunos padres de familia es perjudicial para la formación del adolescente y lo que hace es reforzar algunos antivalores como el irrespeto y el “juega vivo”. Existen padres de familia que cuentan anécdotas deformantes en su paso por la secundaria, como por ejemplo, cuando robaron un examen o se fugaron de alguna clase. Hacen gala de estas historias como si fuera una gracia o para intentar ganar la confianza de sus acudidos, lo que repercute en corto plazo a la desacreditación de sus padres: “ Si tú lo hiciste, yo también puedo”.

Madres jóvenes, en su mayoría solteras, se enfrentan a las maestras y profesores por algún castigo, reprobación o nota baja que consideran injusta. Prefieren creer más en la palabra de sus hijos que la del adulto, lo que trastoca la formación del niño o adolescente. Los padres divorciados, por su parte, y que comparten una nueva relación delegan la función de supervisión a sus exparejas. Si van de visita por la escuela, no prestan mucha atención a los informes de los docentes sobre sus acudidos. Tratan de resolver su ausencia del hogar con dinero u obsequiando caprichos caros.

Los niños que son fruto de estas efímeras relaciones maritales constituyen el blanco de verdaderas batallas y agresiones que incluso se prolongan hasta la etapa universitaria. Se conocen a los hijos de estos padres separados porque presentan dos tipos de sintomatología. O son muy distraídos hasta el punto de perder casi todo el interés por la escuela o se tornan agresivos incluso con sus propios compañeros. Los padres de familia deben entender que la escuela es un espacio de comunicación y orientación hacia sus hijos. Muchas veces un docente sabe más de la vida y sufrimiento de los estudiantes que los mismos acudientes.

También es importante que la escuela haga respetar su reglamento interno sin fueros ni privilegios. Si no lo hace estaría patrocinando el mismo rol deformante que algunos hogares. El que un docente establezca normas distintas a la de sus colegas y la propia escuela también crea confusión en el estudiante y contribuye a que se pierda la perspectiva del colegio como un todo.

En el hogar y en la escuela el que ama educa y educar no es sinónimo de tolerancia extrema ni proteccionismo castrante.

El autor es sociólogo y docente.

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