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Costa abajo, historia en Navidad

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Los años transcurren vehementemente, lo que ayer se vislumbraba como el futuro, es el hoy. Un hoy que, en cuanto a los movimientos sociales encaminados por una juventud beligerante e inquebrantable, ha llegado cargado de olvido. Un olvido que ha transgredido aquel sustancioso legado histórico de esa juventud idealista, contestaria y revolucionaria del siglo pasado (XX). Otrora, en víspera navideña, costa abajo marcó un hito en la historia del movimiento popular panameño, en 1981.

No cabe duda, que aquellos convulsionados momentos de luchas populares reivindicatorias, exhortaron a los sectores dominantes en gobierno, a implementar mecanismos encaminados a deteriorar la conducta colectiva organizada que les daba forma a dichos movimientos.

En efecto, hoy, se percibe una juventud ideológicamente estéril, individualista e indiferente a la acción colectiva y, por tanto, a las crisis sociales engendradas por el sistema neoliberal imperante.

Lógicamente, costa abajo también ha caído presa del conjuro al olvido que con sutil deliberación los gobiernos en turno han lanzado contra las nuevas generaciones de panameños.

A pesar de ser un escenario geográfico vulnerado por múltiples y acuciosos problemas socioeconómicos, se mantiene en una especie de trance amnésico.

Han olvidado que “ los movimientos sociales surgen, en su mayoría, en respuesta a la injusticia que convertida en problema social y cuya salida ya no es individual, cuando su extensión afecta una parte importante de la comunidad” (Mejía C. y Suárez P. 160:2014).

Así lo entendían los hombres del ayer en costa abajo. Un ejemplar legado de acción colectiva digno de emular por las nuevas generaciones fue el denominado paro cívico de la costa abajo, el puente o paso en la desembocadura de las compuertas del lago Gatún (próximo al Tarpon Club) fue el epicentro en 1981, de un movimiento popular ejemplarizante. Esta acción popular se denominó Navidad sin carretera.

Más allá del conflicto o la crisis, propugnaba la reivindicación o construcción de una sociedad más justa.

La conciencia colectiva era tal que transportistas, campesinos y maestros de la costa abajo no escatimaron en tiempo, sacrificios ni consecuencias.

Desde el estallido de la insatisfacción popular (16 de diciembre, a las 12 de la noche) pernoctaron, montaron ollas comunes y hasta la misa de Nochebuena se celebró, a la medianoche del 24, en el puente, en presencia de los ministros de Obras Públicas y de Vivienda, además de la Guardia Nacional apertrechada en los predios.

El 5 de enero de 1982, el presidente Arístides Royo firmó, en el Tarpon Club, con los dirigentes del movimiento, un acuerdo que aseguraba la reconstrucción de la carretera, hasta entonces, abandonada por la administración pública. Max Salabarría Patiño elogió tal movimiento “ por la seriedad de su planteamiento y desarrollo; por su inteligente y positiva conducción alejada de los gastados métodos que establecen y provocan violencia en las calles…” . (Pág. 149).

En suma, el futuro jamás puede ser excusa para olvidar nuestro pasado histórico. Rescatar los fragmentos de memorias e historia de costa abajo para crear conciencia en las nuevas generaciones y fortalecer su identidad ha de ser nuestro objeto.

El autor es docente

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