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Las tradiciones urbanas le dan colorido y sabor a las ciudades. Años atrás teníamos al famoso personaje “Pelúa”, que conocía a todo el mundo y aparecía en todas partes y en los momentos menos esperados. Yo lo recuerdo en Bella Vista en el área de la iglesia Cristo Rey, pero estoy seguro de que los que leen este artículo lo recordarán en alguna otra parte de nuestra ciudad.

También recuerdo al famoso “Maní Campeón”, que anunciaba la venta de sus productos en los juegos de béisbol en el estadio Juan Demóstenes Arosemena. Todo mundo sabía quién era “Maní Campeón”.

Recuerdo también a los Bee -Bops que vendían víveres y comestibles provenientes de los comisariatos y Px de la antigua Zona del Canal. Caminaban con su mercancía al hombro y cuando alguien los llamaba ponían sus bolsas y cartuchos a un lado y comenzaban a mostrar los distintos comestibles. No siempre vendían a un precio inferior al que se podía conseguir en Panamá, pero la idea de comprarles en la calle o en tu propia casa representaba un ahorro de tiempo y esfuerzo.

Cuando era niño y vivía en Bella Vista la muchachada del barrio disfrutaba cuando una o dos reses se escapaban del potrero después de nadar desde la embarcación que las transportaba. Las reses que se escapaban huían asustadas por las calles de Bella Vista hasta que los vaqueros las capturaban. Y la muchachada iba detrás de las reses y los vaqueros con gran entusiasmo.

Bañarse en el aguacero era una de las actividades preferidas de los niños. Nadie estaba preocupado por la temperatura del agua de lluvia ni por secarse después, sino que la idea era disfrutar al máximo posible.

A las 12:00 del día se oía el cacho que provenía del cuartel de bomberos. Así los habitantes de la ciudad sabían que terminaba la mañana y empezaba la tarde.

Por las distintas calles de la ciudad de Panamá transitaban los carretilleros con sus deterioradas carretillas. Vendían mangos y otras frutas e intercambiaban estas frutas por botellas vacías. Hay muchas anécdotas de algunos de estos carretilleros que a veces para soportar el duro trabajo acudían a la pachita de seco.

Los vendedores de periódicos eran generalmente niños y transitaban por las calles anunciando los periódicos. Por eso recibieron el calificativo de “canillitas”. Hoy en día la mayoría de los periódicos son distribuidos a los suscriptores en sus casas u oficinas. Los vendedores ambulantes se ubican en las intersecciones y semáforos pero no recorren la ciudad como lo hacían los canillitas. Hay que recordar que en la ciudad de Panamá se vendía periódicos al mediodía, así que leerlos era una actividad que no se circunscribía a las primeras horas de la mañana.

Todas estas tradiciones fueron desapareciendo con el desarrollo de la ciudad de Panamá, pero quedaron grabadas en la memoria de los que las vivimos y disfrutamos en su época.

La única forma de saber cuáles eran las costumbres y características de la época es dejando constancia escrita. Por eso la literatura costumbrista es tan importante. En nuestro país se cultiva este tipo de literatura vernacular pero no así la literatura costumbrista urbana. Cómo me gustaría leer los incidentes y anécdotas de los años 40 del siglo pasado cuando la soldadesca norteamericana circulaba y era parte del quehacer cotidiano en Panamá y Colón. He escuchado varias anécdotas, pero es importante dejar constancia escrita de la época, ya que de lo contrario las generaciones futuras no sabrán cómo se vivía durante esos años.

¿Cuáles son las tradiciones urbanas actuales? Me gustaría escuchar a personas jóvenes que las pudieran identificar. Aunque me temo que muchas de ellas estén asociadas con asuntos tecnológicos y no tienen el ingrediente mágico de la convivencia e interacción con otras personas.

Espero poder cultivar este género literario en el futuro porque pienso que llenará un vacío en la historia de nuestra ciudad.

El autor es abogado

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