Redes sociales

Adiós a los grupos de WhatsApp

Temas:

Un adicto no puede tratar de remediar su adicción si primero no la reconoce. Yo me volví adicto al WhastApp. Llegué a estar hasta en 17 grupos de WhatsApp. Cometí el error de abusar de ellos, de discutir necedades a todas horas con adultos con opiniones tan válidas como las mías (por eso se les llama opiniones), de tratar de imponer mi ángulo o punto de vista, de creerme informador reenviando cosas o temas que quizás a otros no les interesa leer, irrespetando el valioso tiempo de los demás.

El amor y cariño hacia un familiar o amistad no debe ser medido por la emisión o falta de un mensaje diario, un buen día, un feliz cumpleaños, pésame, chiste, cápsula positiva o mensaje religioso. Las reuniones eternas son antinaturales. Un apretón de manos sincero, un pésame dado cara a cara mirando a los ojos y sintiendo el corazón, o una sesión de “abrazo-terapia” por una felicitación, o el regocijo de volverse a encontrar con una amistad luego de mucho tiempo, vale más que un simple mensaje de texto, que no es buen reemplazo para la interacción entre humanos.

Qué sabroso es poder escuchar la voz de un padre, madre, abuela, hijo, primo, tío, amigo o vecino, en vez de un frío, aunque bien intencionado, mensaje diario a través de un teléfono celular. Aparte de que la falta de entonación en un mensaje de texto crea muchas veces innecesarios malentendidos y pérdida de tiempo, lo cual le sucede tanto al receptor como al emisor.

Todo en exceso es malo. Es negativo estar poco informado, pero igual de malo es estar hiperinformado. De qué me vale saber medio segundo antes que otro que hubo una catástrofe en un lugar X, si igual me entero después por la radio, TV, periódicos o portales de internet. La información que nos puede llegar a través del celular es un complemento, no un reemplazo, de los medios de comunicación. Hay periodistas serios en todas partes del mundo ganándose su salario, tratando de obtener y corroborar información para mantener debidamente informada a su audiencia.

Las redes sociales deben ser eso, redes de conectividad, no telarañas que desvirtúan y enredan todo. Ya es conocido cómo potencias mundiales rivales y estrategas de campañas electorales manipulan las redes sociales con precisión quirúrgica para beneficio propio. Al igual que la imprenta, el ferrocarril, el automóvil, la radio, la televisión y el avión, la tecnología de los teléfonos celulares y sus aplicaciones de “redes sociales” llegó para quedarse. Pero hay que usar la tecnología a favor, no en contra. Los teléfonos inteligentes son útiles, pero al final del día el que debe ser inteligente soy yo, el usuario, no el celular.

No me ha sido fácil hacerme esta autocrítica, pero la desintoxicación debe comenzar por algún lado. La hermandad humana es noble, pero es más sabrosa cuando se experimenta en persona. A mis amistades y familiares, cuando nos veamos, ¡nos daremos un cariñoso franco abrazo, real, no virtual!

El autor es gerente de ventas internacionales

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

¿Aún no eres suscriptor de La Prensa?

Elija plan de suscripción

Aquí usted podrá elegir uno de nuestros planes de suscripción y disfrutar de los beneficios que le ofrecemos.

Elegir plan