BEATIFICACIÓN DE ÓSCAR ARNULFO ROMERO

En su agonía, D'Abuisson lloró, su hermana no sabe si de rabia o de arrepentimiento

María Luisa, hermana de Roberto D'Abuisson, autor intelectual del asesinato del arzobispo de San Salvador, habla, entre retratos, de quien fue llamado la voz de los sin voz por denunciar la injusticia social y la represión militar.

Benedicto promovió beatificación de Oscar Romero

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Salvadoreños alzan un retrato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha durante la guerra civil de la década de 1980. Salvadoreños alzan un retrato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha durante la guerra civil de la década de 1980. Expandir Imagen
Salvadoreños alzan un retrato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la ultraderecha durante la guerra civil de la década de 1980. AP/Esteban Félix,

Cuando mataron al arzobispo Oscar Arnulfo Romero en plena misa el 24 de marzo de 1980, María Luisa sintió el pecho atravesado por un doble dolor: moría su guía y defensor de los salvadoreños oprimidos y el dedo acusador apuntaba a su hermano Roberto D'Abuisson.

Aunque 'Marisa', como la conocen, usa el Martínez de su esposo, Edín, carga el estigma del D'Abuisson.

Una comisión de la ONU señaló en 1993 al mayor del ejército, fallecido de cáncer en 1992, como autor intelectual del magnicidio que conmocionó al mundo y encendió la guerra en El Salvador (1980-1992).

Marisa, de 66 años -cinco menos que Roberto y última de cuatro hermanos de una familia acomodada-, reivindica en la Fundación Romero, junto a su esposo, la memoria del venerado arzobispo, cuya beatificación aprobó el papa Francisco, al reconocerlo el martes como "mártir" de la Iglesia.

En su casa en San Salvador, sencilla como la vida que escogió, habla con AFP entre retratos de quien fue llamado "la voz de los sin voz" por denunciar la injusticia social y la represión militar.

¿Cómo valora la causa de beatificación?

La tenían bloqueada, el papa Francisco la desbloqueó. Todavía sectores poderosos, la misma oligarquía, rechaza a Monseñor, pero ahora deben callar un poco. Nuestro pastor está más vivo que nunca.

¿Cuándo surgió su interés social y admiración por Romero?

Desde niña. Las religiosas del colegio me acercaron a la realidad del país. Me impactó la pobreza y sus causas. Monseñor puso el dedo en la llaga sobre las condiciones de marginalidad y represión. Fue valiente y coherente.

¿Cómo asumía que su hermano fuera militar?

Trabajando en barrios populares supe de la desaparición de jóvenes y angustias de la población, y descubrí que mi hermano estaba en la Guardia represora. Un día lo enfrenté diciéndole que estaban horrorizando al pueblo, me respondió que los militares eran los grandes defensores contra el comunismo.

¿Cómo era su relación con él y el resto de familiares?

Difícil. Traté de guardar distancia. Roberto me decía que era una tonta útil, que mi marido era pluma de la izquierda. De la familia tenía rechazo absoluto. Yo era la oveja negra, todos eran fundadores de ARENA (derechista Alianza Republicana Nacionalista), me reprochaban que no apoyaba a mi hermano, decían que los comunistas me habían lavado la cabeza. Pero seguí trabajando con los marginados.

¿Cuánto le pesa el apellido?

Ya lo manejo mejor, aunque todavía me cuesta. En el tiempo de la guerra me pesó el apellido. Pero la gente pobre y líderes guerrilleros confiaban en mí, pese a saber que era hermana del fundador de los escuadrones de la muerte.

¿Le temía?

Sí. Me daba pánico que desaparecieran a Edín o me detuvieran. Luego pensé que no sería capaz de dañarme. De niños era el hermano con quien me llevaba mejor, nos queríamos muchísimo. Una vez le avisaron que estaba detenida una Marisa en San Miguel (este), ordenó a la Guardia que no le hicieran nada y salió en helicóptero, pensando que era yo. Fue una señal de que si me capturaban no iba a ordenar que me torturaran.

¿Qué siente por él?

Sentimientos encontrados, un día le dije: como hermano te quiero muchísimo, como militar te detesto, te aborrezco. Fue en 1979, la represión era brutal. Cuando enfermó de cáncer lo visité y le pedí que entendiera que estuvo equivocado; que no milité en la guerrilla, aunque colaboraba; que mi compromiso era social; que lo quería y respondió que él también, muchísimo.

¿Qué sintió cuando mataron a Monseñor?

Un doble dolor: su muerte, que aún me afecta profundamente, y escuchar que fue obra de D'Abuisson. Quería esconderme, que no me señalaran. Una vez en 1986 en un pueblo un joven se acercó y me dijo que mi hermano destruyó su vida, mató a su papá, desapareció a su hermano mayor y a su madre. Pero me dio un abrazo que liberó su rabia. Me impactó.

¿Reconoció D'Abuisson en la intimidad familiar responsabilidad en el crimen?

No hablaba de eso. Una día en una reunión familiar mi hermana le contó que oyó a alguien señalarlo de haberlo mandado a matar. Él nos dio la espalda a Edín y a mí y dijo: verán que a quien mató a ese..., dijo una grosería, le van a hacer un monumento en este país.

¿Nunca se arrepintió?

Cuando agonizaba en el hospital, le tomé la mano y le dije: Roberto, deja que tu espíritu salga. Pídele perdón a Monseñor. Ya no hablaba, estaba muy débil. Me tomó del cuello, me acercó, me soltó y lloró. No sé si de rabia o arrepentimiento. Al día siguiente murió.

 

Benedicto promovió beatificación de Oscar Romero

El promotor de la causa del arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, dijo que fue el papa Benedicto XVI y no Francisco quien retiró los últimos obstáculos para la beatificación del prelado centroamericano.

El arzobispo Vincenzo Paglia habló hoy miércoles con periodistas un día después de que el pontífice aprobara la declaración de que Romero fue un mártir, lo que permitirá su beatificación, el primer paso para ser declarado santo.

Paglia dijo que Benedicto XVI desbloqueó su causa el 20 de diciembre de 2012 "más de un mes antes de su dimisión", y expresó su "gratitud a san Juan Pablo II, quien recordó a monseñor Romero en la celebración de los Nuevos Mártires durante el Jubileo del año 2000".

También agradeció al papa Francisco por haber abierto el camino a la beatificación de quien fuera llamado "la voz de los sin voz"."No deja de ser significativo que su beatificación tenga lugar mientras en la silla de Pedro está por primera vez en la historia un papa latinoamericano que quiere una iglesia pobre para los pobres. Hay una coincidencia providencial", dijo monseñor Vincenzo Paglia.

El religioso fue asesinado por un comando de extrema derecha el 24 de marzo de 1980 con un disparo al corazón cuando oficiaba misa.

Paglia señaló que el decreto firmado por el pontífice "es un regalo extraordinario para toda la iglesia de este inicio del milenio ver subir al altar un pastor que dio su vida por su pueblo".

"El martirio de Romero dio sentido y fuerza a muchas familias salvadoreñas que habían perdido a familiares y amigos durante la guerra civil", expresó.El mundo, dijo, "ha cambiado mucho desde aquel lejano 1980, pero el pastor de un pequeño país de América Central habla más fuerte".

Aún no existe fecha para llevar a cabo la ceremonia de beatificación por lo que tampoco se puede adelantar cuando sería la canonización.

 

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