AMLO se acerca a los evangélicos y desafía la férrea tradición laica mexicana

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Andrés Manuel López Obrador. Andrés Manuel López Obrador. Expandir Imagen
Andrés Manuel López Obrador. AFP

Los asuntos religiosos en la política mexicana estaban históricamente bajo las sombras hasta que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo sin ambages ser "seguidor de Jesucristo" y lo citó diciendo "bienaventurados los pobres...".  

Esa fue una señal del desafío que ha hecho el mandatario izquierdista a la férrea tradición laica mexicana.  

La última −el acercamiento con las Iglesias evangélicas del país− ha generado dudas sobre la separación entre la religión y el Estado durante su gobierno.  

El presidente ya había abierto ese camino al aliarse en las elecciones de 2018 con el Partido Encuentro Social (PES), una organización de corte religioso y ultraconservador, y ahora ha permitido que las iglesias evangélicas trabajen con su gobierno.  

Acordó que las iglesias repartan la llamada "cartilla moral", una guía de buenas costumbres con la que su gobierno busca también disminuir los índices de violencia de México. 

Para ello, se alió con Arturo Farela, un ministro evangélico que dirige una organización denominada Confraternice, que agrupa a unas 7 mil iglesias cristianas, y quien anunció que en esos templos se repartirían 10 mil ejemplares de la "cartilla moral". 

"Tengo amistad con el presidente y derivado de ello, en lo que va de su gobierno me he reunido en ocho ocasiones, en algunas de esas ocasiones hemos orado juntos", dice Farela a la AFP. 

A diferencia de otros países de América Latina como Brasil o Perú, donde la participación de la Iglesia es común en la vida pública, en México era un tema casi vedado, aunque algunos gobernantes se permitían acercamientos esporádicos con autoridades religiosas.  

La ley impide a las Iglesias, incluida la predominante Iglesia católica, tener concesiones de radio o televisión y sus ministros no pueden ser elegidos a puestos de elección popular ni asociarse con fines políticos.  

El origen de esas prohibiciones está en dos conflictos armados del siglo XIX entre liberales y conservadores mexicanos donde la religión jugó un papel fundamental: la Guerra de Reforma y la intervención francesa.  

La separación también está basada en las llamadas leyes de Reforma, que impulsó el entonces presidente Benito Juárez, de quien López Obrador se declara admirador.

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