La restauración histórica hecha arte

De cómo un canadiense, Howard Walker, se enamora de una panameña, Mariela de la Ossa. Se conocieron en 2005 cuando realizaban un viaje a Guna Yala.

Temas:

Mariela de la Ossa y Howard Walker. Mariela de la Ossa y Howard Walker. Expandir Imagen
Mariela de la Ossa y Howard Walker. Luis García

Howard Walker vive su vida para contarla. Este arquitecto británico retirado, que acaba de cumplir los 90 años de edad, dedica la mayor parte de su tiempo a elaborar pinturas sobre los lugares y las experiencias que marcaron su vida. Walker no se basa en ninguna influencia artística y afirma que su singular habilidad para pintar y dibujar fue influenciada por su padre y Dios.

Walker encontró en el arte un medio de expresión para reflejar lo que siempre ha sido su pasión: la restauración histórica. En la década de 1970 denunció activamente el alto desarrollo inmobiliario que iba en detrimento del patrimonio del centro histórico de Toronto, y que, por consiguiente, desplazaría a la población que habitaba en esa urbe.

En recompensa por sus esfuerzos a favor de la conservación patrimonial, la oficina de cultura de la ciudad de Toronto conserva más de 70 bosquejos que reflejan cómo lucía la ciudad cosmopolita canadiense en aquella época.

La restauración histórica hecha arte Expandir Imagen
La restauración histórica hecha arte José Vilar

El arquitecto decide en los años de 1990 irse con su segunda esposa a recorrer lugares como Bolivia, Perú y la región rusa de Siberia para brindar ayuda a los más necesitados en nombre de oenegés como la Organización del Servicio Ejecutivo Canadiense (OSEC, por sus siglas en inglés) y Hábitat para la Humanidad. Desde entonces, no se detuvo en su labor social.

Walker colabora actualmente con la Fundación Uaguitupu, propiedad de la familia de su actual esposa, Mariela de la Ossa. La principal misión de esa organización, nacida en 1995, es impulsar el desarrollo sostenible en la comarca Guna Yala, así como la atención médica a la comunidad indígena y la escolarización de los niños y adolescentes gunas hasta el noveno grado.

Desde hace siete años, él acompaña a un grupo de especialistas en odontología y oftalmología para visitar la isla guna de Achutupu, para brindarles servicios médicos y apelar a la conciencia de la población para que cuide su salud y se proteja de las enfermedades que pueden acarrear la falta de higiene y protección solar.

La restauración histórica hecha arte Expandir Imagen
La restauración histórica hecha arte José Vilar

AMOR DE PELÍCULA

Walker conoció a Mariela en 2005, mientras trabajaba como consultor para la OSEC, y al mismo tiempo que enviudó de su segunda esposa. Por casualidades del destino, Mariela tuvo que ser la traductora de ese viaje, que tenía como objetivo la planificación de un centro turístico en la comarca Guna Yala, que nunca se llegó a concretar.

Otra gran casualidad era que ambos leían el mismo libro mientras viajaban en avión de la comarca a la ciudad capital: Una vida con propósito, del escritor Rick Warren. Walker lo leía en inglés, mientras que Mariela lo disfrutaba en español. “Él era bastante organizado y cuadrado, podríamos decir”, recuerda Mariela. “Era bien devoto de orar en el desayuno, el almuerzo y la cena. Una cosa muy difícil de encontrar en los anglosajones”, agregó.

La restauración histórica hecha arte Expandir Imagen
La restauración histórica hecha arte José Vilar

Howard confiesa que se sintió impresionado al saber que Mariela adoptó a los hijos de su cuñada como si fueran suyos. “Pensé que era algo muy noble de su parte”, admitió.

Cuando Walker le ofreció a Mariela irse a Canadá con él, ella aceptó en plan de buenos amigos y conoció a su familia vestida con la mola, el atuendo tradicional guna, para promover la cultura de su comarca en el extranjero.

Después, se escribían mutuamente. “Yo luché mucho porque no entendía cómo podía casarme con un señor mayor. Mi mente no estaba para eso”, dijo Mariela, al resaltar que ella tiene 53 años, 37 de diferencia con la edad de su esposo.

Con ese conflicto en su mente, la madre de Mariela le cuenta que ella tuvo un sueño en el que Howard sería su pareja ideal. “Cuando mi madre me dijo eso, me puse a llorar sola porque decía: ‘Esto no puede ser’. Para mí era algo que no podía entender (…) Después sentí que era una buena persona y yo no me arrepiento”, relata.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Newsletter