Esos inventos que son realidad

La primera edición de ‘Cien años de soledad’ apareció en Buenos Aires, en mayo de 1967, por Sudamericana.

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Gabriel García Márquez escribió este clásico de las letras universales en México, una casa de la calle La Loma, número 19, barrio San Ángel. Gabriel García Márquez escribió este clásico de las letras universales en México, una casa de la calle La Loma, número 19, barrio San Ángel. Expandir Imagen
Gabriel García Márquez escribió este clásico de las letras universales en México, una casa de la calle La Loma, número 19, barrio San Ángel. Archivo

El periodista y escritor Héctor Aguilar Camín (México) comparte dos anécdotas de las que fue testigo al lado de su colega y amigo Gabriel García Márquez en torno a ese clásico instantáneo que fue y es Cien años de soledad.

Un día, en casa del narrador colombiano en México D.F., donde residió desde la década de 1960, este le preguntó a su esposa Mercedes Barcha, con algo de preocupación y mucho de asombro después de releer Cien años de soledad: “¿Cuando yo la escribí tomaba mucho o fumaba mucho? Es un libro muy raro”.

En otra ocasión, Mercedes Barcha, con quien Gabo tuvo a sus hijos Rodrigo y Gonzalo, le compartió a Aguilar Camín que cuando ella conoció de adulta el pueblo de Aracataca, donde nació el futuro premio Nobel en marzo de 1927, y luego de recorrer cada tramo de esta comunidad del departamento del Magdalena, le confesó sorprendida: “Yo pensé que Gabo había inventando todo, y no, todo estaba allí, en Aracataca”.

Es cuando le llega a Aguilar Camín una tercera anécdota, ya de índole personal. Su propia mamá le leía, sorprendida, a su padre ciego Cien años de soledad, y este le comentó en una ocasión: “¿tú crees que ese hombre está inventado? No, es que así son los colombianos”.

UN DELEITE

Piedad Bonnett (Colombia), poeta y ensayista, se adentra en los vericuetos de la familia de los Buendía cuando estaba saliendo de la adolescencia e iba a comenzar sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes, porque también quería ser escritora.

Bonnett, que viene de las montañas, se llevó Cien años de soledad para unas vacaciones que tuvo en la costa atlántica de Colombia, geografía donde ocurre la trama. Aquello fue ingresar “a un deslumbramiento, a un deleite, a la risa”.

Bonnett destaca que en 2017 se celebran los 50 años de la publicación de Cien años de soledad y “este año los colombianos firmamos un acuerdo de paz después de 50 años de guerra”, y esa curiosidad la lleva a recitar un fragmento de la novela, una reflexión de Aureliano Buendía, quien promovió 32 guerras: “no imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla”.

Bonnett destaca a dos Gabos novelistas. El de la vertiente en torno al realismo mágico con Cien años de soledad y El otoño del patriarca (1975), y el autor de una técnica más austera y precisa en El coronel no tiene quien le escriba (1961), Crónica de una muerte anunciada (1981) e Historia de un secuestro (1996).

El secreto del genio en García Márquez, dice Bonnett, se basa en que tenía mucha intuición y que no era un teórico de la literatura, como sí lo era, por ejemplo, Alejo Carpentier (Cuba).

“Gabo revolucionó la literatura en Colombia y en América Latina, porque él pensaba que la realidad y el naturalismo se habían agotado, y cabe recordar que él no inventó el realismo mágico porque ya lo habían hecho Carpentier y Rulfo”, anota Bonnet.

ABUELAS

Cuando el novelista Edgardo Rodríguez Juliá (Puerto Rico) era estudiante, un profesor suyo chileno le recomendó la lectura de Cien años de soledad.

Transitó por sus páginas hace 50 años “y no he vuelto a leerlo porque uno no debe regresar adonde fue feliz”.

Ese mundo, incierto e insólito, no le era ajeno porque él también tuvo una abuela cuentera, que al igual que la de Gabo, le contaba historias maravillosas. “Fue la seducción de una identificación inmediata”, añade.

Aunque admite que le gustan más El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada.

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