FERIA DEL LIBRO

¿Quién gana la Copa América de la corrupción?

El periodista Diego Fonseca presenta hoy el libro en un conversatorio organizado por el colectivo Concolón.

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Portada del libro que se lanza esta noche en la Feria Internacional del Libro. Cortesía Alessandro Bo Portada del libro que se lanza esta noche en la Feria Internacional del Libro. Cortesía Alessandro Bo Expandir Imagen
Portada del libro que se lanza esta noche en la Feria Internacional del Libro. Cortesía Alessandro Bo

“Una constructora de caminos, presas y hospitales unió a los latinoamericanos como jamás pudo ningún jefazo socialista ni soñó el más utópico barbudo en las montañas (...)”.

La frase la plasmó el periodista Diego Fonseca en la introducción del libro Perdimos, ¿Quién gana la Copa América de la corrupción?, que presenta hoy a las 7:00 p.m. en la Feria Internacional del Libro en un conversatorio organizado por el colectivo Concolón.

Fonseca y el también periodista Martín Caparrós son los editores de esta obra que reúne historias de 19 periodistas de América Latina. Millones de las arcas públicas en los bolsillos de unos cuantos, sociedades opacas, sobornos, testaferros, impunidad. Fonseca, y Caparrós, perseguidores de buenas historias y nacidos en el país que ha ganado 14 veces la Copa América (Argentina), en 2016 coincidieron en México. Uno contactó al otro, se encontraron en un hotel y allí Caparrós le dice que andaba con la idea de un libro sobre corrupción, y bueno, aquí está. La idea es que nos encontráramos personalmente para que hablara del libro, pero uno de los vuelos que lo traía de Estados Unidos a Panamá se retrasó y eso trastocó su agenda. Así que Fonseca respondió las preguntas por correo electrónico.

¿Cómo escogieron las historias?

La corrupción no es estática, ni siquiera una foto en movimiento. No se detiene. Teníamos el problema de que, a diario, el fenómeno es alimentado en un país u otro o varios a la vez. De manera que debíamos elegir historias que fueran actuales, pero capaces de sobrevivir a ese proceso angurriento, devorador. Esto es, debíamos tener casos paradigmáticos de modus operandi que sintetizaran cómo se corrompía un país. Los hay. Tienes casos de captura del Estado, de asalto y reemplazo del Estado, de corrupción estructural, de mínima codicia, bandas organizadas para saquear, Odebrecht...

Diego Fonseca. Cortesía Alessandro Bo Expandir Imagen
Diego Fonseca. Cortesía Alessandro Bo

¿Quién gana la Copa?

No sé. Eso debiera decidirlo cada lector.

¿En qué lugar queda Odebrecht?

Odebrecht está en todas partes. No es un caso en sí. Lo llevo yo en la introducción como uno de los elementos de unificación del fenómeno hoy. Digo que la gran revolución bolivariana, aquella que debía unir a los países de la región, no la realizó la izquierda sino una corporación brasileña de infraestructuras. Casi no hay país de la región donde Odebrecht no haya aceitado a funcionarios con un modus operandi casi idéntico.

Usted habla de neobolivarianización de la región, ¿puede explicar este término?

El término está en relación a Odebrecht. Digo que es el Bolívar fringe del siglo XXI latinoamericano. Nos igualó aun en las diferencias, nos hermanó en la cochambre. Fue un articulador de que la cultura más común de estos días no sea el español sino prácticas comunes de corrupción entre funcionarios de distintos países. La igualación producida por Odebrecht es un clásico de la antigüedad: una constante histórica es que en el poder casi siempre hay alguien que se deja sobornar. Odebrecht hizo un scouting magnífico: encontró muchos y en muchas naciones.

¿Qué lecciones nos deja este escándalo?

Supongo que muchos de ellos son los mismos de siempre. Me limitaré a cuatro: controles más efectivos, justicia independiente, periodismo formado para investigar, participación ciudadana. No diré a auditores y fiscales cómo hacer su trabajo, pero es imprescindible tener buen periodismo. No somos fiscales ni auditores, pero sí una voz de la sociedad civil. Luego, la participación ciudadana: la prensa no cambia nada si la sociedad no está en la misma sintonía; un auditor no cambia nada si su trabajo no tiene respaldo institucional; un fiscal no cambia nada si la justicia no es realmente independiente de las presiones. La participación ciudadana puede ayudar a eso, cuanto menos, no votando a los corruptos y con una actitud vigilante.

¿La corrupción se cimenta en el modelo de país?

Debiéramos definir qué se entiende por modelo de país. Fuera de eso, no. La corrupción encuentra oportunidades en la cultura de la satisfacción inmediata y las tentaciones humanas. Si todo hombre o mujer tienen un precio, es difícil de detener eso. Pero para ello precisas vigilancia institucional. Ahora, si por modelo de país hablamos de uno donde la vigilancia institucional está desarticulada, con al menos esos cuatro factores que mencioné arriba en actividad, entonces sí, tienes cimientos allí.

En Panamá no hay ningún poderoso preso por ese escándalo, ¿qué lectura hace de esto?

Por lo que sé ahora, los hijos de Ricardo Martinelli están procesados. Déjame contarte una historia. Hace poco cayó el gobierno de Ricardo Rosselló, en Puerto Rico. Nuestra historia en Perdimos es sobre su padre. Al término del gobierno de Pedro Rosselló, la justicia procesó a 130 funcionarios, 40 de ellos del gobierno de Pedro Rosselló. Lo interesante es que entre esos funcionarios estaban los mejores amigos de Rosselló, sus hombres de más extrema confianza y, nada menos, su secretaria personal, que trabajaba a seis metros del presidente. Pero Pedro Rosselló salió libre de cualquier sospecha judicial. ¿Qué tenemos aquí? Al tipo más listo del mundo o al más tonto de todos, pues robaban frente a sus narices. ¿Se entiende? Ahora déjame decirte esto otro. Martinelli padre estuvo procesado por peculado. Bien. Parece de Perogrullo, pero si no hay individuos presos por casos de corrupción comprobada, y remarco el adjetivo, entonces hay una falla en el sistema de justicia. Si sólo hay uno, tal vez eso demuestra las fallas. O si uno es el comienzo de varios, entonces tienes una depuración o autodepuración del sistema (...). .

Panamá está en el libro con Ramón, un perfil de Ramón Fonseca Mora, ¿cuál es el principal aporte de este trabajo?

Diría que, tomando como referencia a Ramón Fonseca, la idea fue retratar un estado de cosas: una nación convertida en un banco. Panamá es reconocida fuera por muy pocas cosas. El Canal es una; su banca off shore es otra. Cuando tú tienes un Estado devenido en facilitador de la guarda de dineros de origen dudoso y cuya transparencia está discutida, tienes un problema. Y no es solo de imagen. Ese dinero puede financiar tu mercado interno, como ha pasado con Suiza y otros paraísos fiscales, pero tarde o temprano te pone una marca escarlata. El segundo factor contextual es la conversión del Estado en un facilitador de esa industria. No hay paraísos que no tengan una justificación en la normativa legal local. No se trata de no ser un facilitador del arribo de fondos internacionales, pero debes hacerlo con transparencia. Y esto no le cabe solo a Panamá: hay más de cien paraísos fiscales en el mundo, países o Estados. Inglaterra tiene los suyos, Estados Unidos tiene los suyos. Uruguay lo es. Finalmente, si tú tienes Mossacks Fonsecas es porque hay una industria y un marco normativo de soporte. La pelota está en el campo del Estado.

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