La última palabra

Soy americano, ¡y qué!

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No soy gringo ni estadounidense. Nací en este continente que lleva nombre de un señor que no me cae bien: Américo Vespucio, embaucador, enredador y con buenos amigos que le tributaron semejante honor de que su nombre fuese la base para bautizar a un continente. Aunque, según el uso, “americano” también es “estadounidense”. Aclaradas estas situaciones, ambas acepciones son correctas.

El gorrón, el gorrero. Quien come a costa ajena. Por épocas, se le ha llamado “paracaídas”. Llega a la fiesta sin ser invitado. Los antiguos instituyeron esta expresión a partir de la idea: meterse de gorra o entrarse de gorra. Ingresa al área de entretención; con cortesía, retira de la cabeza la gorra, y no necesita comunicarse con nadie. Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana, cita la expresión “hablarse de gorra”. Y registró “gorrón”, pariente cercano de pelmazo y entrometido. Primo antiguo del gorrero que tanto insomnio ocasiona en nuestro amado pago de alegrías, desgracias, emprendedores, coimeros, donantes, emplanilladores, emplanillados.

Sustantivo femenino. En relación al género gramatical, los cables de algunas personas están cruzados. Sobre todo cuando se trata de sustantivos femeninos, a los que, con tirabuzón, les introducen modificadores en masculino. El fenómeno anómalo es común con el sustantivo femenino “persona”. En un canal televisivo internacional, desgranan detalles sobre el Titanic. Afirman que muchos pasajeros, al caer a las heladas aguas del Atlántico, murieron congelados. Precisa: “Las personas no murieron ahogados”. El adjetivo “ahogados” corresponde a “personas”, y debe tener su género y número. Lo correcto: “Las personas no murieron ahogadas”.

Tufo policial. A nadie le importa el disparate “se dio con la captura” o desempolvar del formulario correspondiente el sexo del involucrado: “femenino”. Son legítimos “se capturó” o “capturaron”, o “mujer” o “señora”.

Síndrome “lo que”. Llegan a las cámaras y los micrófonos a contagiar al país de “lo que”: lo que fue, lo que es, lo que será. El síndrome puede hasta borrar entes físicos del mapa, y no se diga espirituales. Escuché: “Se llevaron los heridos en lo que fue la ambulancia”. Deshizo la ambulancia y la descuadernó. Lo correcto: “Se llevaron los heridos en la ambulancia”.

Rabiblanco. Vocablo local clasista y peyorativo. Difícil saber dónde empiezan y terminan las cualidades de alguien así etiquetado. Es flexible la frontera entre un rabiblanco y quien no lo es (o rabiprieto, por contraste). Es el adinerado. ¿Y dónde queda quien solo lo aparenta? “Rabiblanco” es palabra compuesta de “rabo” y “blanco”. Pudo haber sido formada por “cola” y “blanco”: coliblanco. “Cola” es sinónimo de “rabo”. Es la extremidad de la columna vertebral de algunos animales. Es trasero en varios países, y, en lenguaje coloquial, también es el pene. “Rabiblanco” tiene su verbo correspondiente: “rabiblanquearse”.

Con base. Esta locución conjuntiva se trueca por una incorrecta, preposicional, “en base”, calcada del inglés. (Esta interpretación se desarrolló con base a esos argumentos).

El autor es filólogo y periodista

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